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viernes 24 noviembre 2017
Gipuzkoa 1936

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UNA NOTICIA DEL DÍA


GIPUZKOA KIXKATZEN

Viernes, 31 de julio de 1936

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EL HOSPITAL DE SANGRE IMPROVISADO EN EL HOTEL DE LONDRES
UNA INSTALACION MODELO, UNA DIRECCION EXPERTISIMA Y UNA COLABORACION MEDICO AUXILIAR DIGNA DE TODA LOA

SE IMPROVISA EL HOSPITAL
Decíamos en las primeras líneas del sumario de esta información, que se trata de una información modelo. Así es, en efecto: modelo de improvisación, puesto que el edificio bien ajeno era, en su instalación de alojamiento de turistas, al cumplimiento de una misión tan humanitaria como la del auxilio de la ciencia y del consuelo a quienes recibieron el castigo del plomo en la contienda de nuestros leales contra el movimiento fascio-militar.

El día de la rendición del Hotel María Cristina, los heridos fueron llevados al Palacio de la Diputación. Allí acudieron a prestarles asistencia los doctores San Emeterio, Vidarte Otaño y Gabarain, a quienes auxilió eficazmente doña María Quintana.

La carencia de condiciones del palacio provincial para la asistencia y alojamiento de heridos –principalmente la falta de mobiliario imprescindible en estos casos- hizo que por orden del comandante que ya entonces se hizo cargo de todas las fuerzas leales y de cuya inteligencia y lealtad al régimn se ha hablado en estas columnas, se incautase el Frente Popular del Hotel de Londres para convertirlo en Hospital. Así se hizo, recibiéndose de la Gerencia del Hotel todo género de facilidades para el objeto deseado.

El doctor San Emeterio llamó al eminente fisiólogo don Emiliano Eizaguirre para que se encargara de la dirección del improvisado Hospital, y todos los médicos, con aplauso unánime, aceptaron la acertada designación. Más tarde, según se dió oportuna publicidad, el Comisariado de Guerra confirmó este nombramiento. Y el doctor Eizaguirre se encuentra desde entonces al frente de esta milicia médica y auxiliar que con tanto fervor y desvelo viene trabajando.


LAS INSTALACIONES
El espíritu organizador del doctor Eizaguirre hizo que inmediatamente –una labor de cuatro días- quedaran organizados todos los servicios anejos a un establecimiento de esta índole. Para la primera cura de los hridos que hera llevados al Hotel de Londres, se habilitó, en varios colchones sobre la límpida alfombra, el comedor situado a la derecha del “hall”, y en una pieza contigua, que da sobre la terraza de la calle Zubieta, el material quirúrgico de urgencia, con todo lo necesaria. Deste esta sala, los heridos si es necesaria una intervención, pasan a las de operaciones instaladas en el ala derecha del primer piso, dos salas con todo el material esterilizado para intervenir en cualquier momento dado. En ambas salas se han realizado operaciones sorprendentes.

Los heridos son inscriptos en el libro del registro: filiación, heridas que sufren y procedencia. De este registro se hacen dos partes, uno que queda archivado y otro que se entrega al director, a quien se da inmediata cuenta de las alteraciones y reacciones que sufren los heridos.

Apenas llegar el doctor Eizaguirre a este Hospital, se habilitaron catorce camas, instalando un aparato de rayos X de su propiedad en uno de los cuartos del piso primero. Tratándose de un Hospital de cirugía era necesaria la instalación de este aparato, del que se encargó desde aqul momento el hijo del doctor Eizaguirre. Todo el personal médico que cuenta en sus consultas con aparatos análogos, se ofreció, en caso necesario, a trasladar a los heridos a us casas, para esta necesidad, pero hasta ahora no ha hecho falta, por ser suficiente la instalación.

Los heridos, como decimos, pasan primeramente al botiquín de urgencia, donde una vez hecho el diagnóstico siguen a la sala de rayos X, hospitalizándoseles en los numerosos cuartos de los pisos primero y segundo, si es que las heridas sufridas requieren su hospitalización.

Se han montado un laboratorio, a cargo del doctor don Ezequiel Porta; un depósito de material quirúrgico, del que está encargado el señor Garuz; un depósito de medicamentos, inyectables, sueros, etcétera y un almacén de ropas de vestir y calzado, de cuya organización se ha encargado la esposa del odontólogo señor Olaviaga, a quien en nuestra visita al Hospital sorprendimos en la tarea de disponer en armario todo el menage, por medidas y tallas.

A los heridos, además de pasarlos por lo srayos X, se les hace un análisis, para someterlos, según las afecciones que pudieran padecer, al régimen que su estado requiera, lo que se hace con todo cuidado y escrúpulo, para evitar posibles complicaciones en el estado de los heridos confiados a estas manos expertas.


OTROS SERVICIOS
Además de estas instalaciones, hay que consignar la labor de las enfermeras, para el lavado e higiene de los ingresados que reciben asistencia; el laboratorio para las radiografías, del que se encargan jóvenes médicos enamorados de su carrera, y la peluquería, instalada en el bajo del Hotel, dedicada exclusivamente al servicio del Hospital al frente de cuyos servicios está don Antonio Paredes, a quien ayudan otros compañeros del sindicato, ofrecidos con todo desinterés.


EL PERSONAL MEDICO
Al servicio de este Hospital se encuentran los siguientes médicos especialistas:

Oculista, don Miguel Vidaru.
Garganta, doctor Larre.
Ortopedia, don Manuel Vasallo y doctor Bastos, de Madrid, a quien ayuda eficazmente su esposa.
Odontólogo, doctor Olaviaga.
Vidarte (hijo), Ayestarán (hijo) y Bombín.
Servicio permanente de médicos, don Emiliano Eizaguirre (director), don Francisco Vidarte (subdirector) y señores Gasca, Ansa, Eraul (hermanos), Vidaurreta, Morros, Sardá, Arangüena y otaño.
Médicos permanentes, don Felipe Zabalo, don José Díaz Casero, de Madrid, doctor Pinto y otros.


PRACTICANTES Y ENFERMERAS
Practicantes de servicio permanente, don Antonio Zubimendi, don Fernando Martínez, don Fermín Elorz, don Emilio Núñez, don José María Garuz y don Luis Benegas.

Enfermeras de sericio permanente, señora de Olaviaga y señoritas Cárcamo, Celaya, Ayetsarán, Acha (Consuelo y Jesusa), Merino, Sánchez, Díaz, Epelde, Arrieta y Bago.


AMBULANCIAS
Al frente de las ambulancias se encuentran los médicos señores Gabarain (don Manuel) San Emeterio y Castillo (don Miguel), y los practicantes señores Cacho y Guruceta (don Emilio), aparte de que tanto para éste como para otros servicios hay colaboradores que han ofrecido todo su entusiasmo y ayuda, siempre de agradecer y de oportuna utilización.


SERVICIOS REALIZADOS
Hasta el día 29 por la tarde –momento de nuestra visita al Hospital- se habían practicado 195 asistencias, encontrándose hospitalizados 71 heridos. Hasta el mismo día se habían efectuado 78 radiografías, más de 100 radioscopias y 74 análisis.

De operaciones ya decimos que se han hecho algunas maravillosas.

En nuestra visita vimos al doctor Bastos hacer un enyesado de mano y brazo izquierdo a un herido, auxiliado por otros médicos y enfermeras, así como por su esposa, que en su consultorio de Madrid le presta siempre eficaz colaboración.


LA VIDA DEL PERSONAL MEDICO Y AUXILIAR PERMANENTE
Esta comunidad de médicos y auxiliares tiene señaladas estas horas de servicio:

Primer turno, de nueve de la mañana a cinco de la tarde.
Segundo turno, de cinco de la tarde a una de la madrugada.
Tercer turno, de una de la madrugada a nueve de la mañana.

El servicio de noche lo prestan, generalmente, dos médicos y uno o dos practicantes, contándose siempre, pues permanecen en el Hospital, con todos los médicos y auxiliares.

Los radiólogos se turnan, de ocho de la mañana a cuatro de la tarde, y desde esta hora a las doce de la noche, si sus servicios no son requeridos a otras horas, como es natural, y para cuya misiòn están siempre dispuestos.

En cada piso donde hay instaladas camas para los heridos, presta servicio siempre una jefa de enfermeras, turnándose cada ocho horas. En la parte baja del Hotel se encuentra el comedor colectivo para todo el personal de asistencia, servido por el encargado del bar, su esposa y una niña del matrimonio, que el doctor Eizaguirre ha condecorado con el sagrado brazalete de la Cruz Roja, que la pequeña ostenta con natural orgullo. La primera comida se hace a la una de la tarde, y la segunda a las nueve de la noche, haciéndose los turnos corespondientes. La comida es frugal: un plato de potaje y otro de carne y una copa de vino. Para el desayuno, café. Los mejores alimentos, las frutas medmeladas, etc., se reservan para los hospitalizados, en cuyas expresiones, -cruzadas por el dolor- y en sus palabras, están los mejroes elogios para cuantos trabajan por restablecer su salud que martirizó el plomo por la metralla llovidos en la contienda.


LAS VISITAS A LOS HERIDOS
La lista de los heridos hospitalizados se expone en el exterior del Hotel para conocimiento de los interesados. Los heridos pueden ser visitados por sus familiares todas las tardes, de tres a cinco. Sin embargo, la comunicación telefónica con ellos puede hacerse a todas las horas prudentes, ya que en las habitaciones que ocupan hay aparatos al alcance de los hospitalizados.


AISLAMIENTO CON EL EXTERIOR
En el Hospital no se habla, en absoluto, de las cosas de la calle. Ni se lee un periódico ni se tronsmiten noticias del movimiento. La misión de los médicos es otra muy ajena a cuanto va sucediendo. Todo el herido que entra en el Hospital es un hermano por quien todos se desviven en bien de su salud. El mismo “silencio”, recomendado al público visitante en grandes cartelones expuestos en el ”hall” es el que se impone esta legión de médicos, practicantes y enfermeras, que no quieren saber de otra cosa que de su humanitaria misión.


LOS HUESPEDES DEL HOTEL
En el Hotel hay unos treinta viajeros. Los que se encontraban cuando se improvisó el Hospital. Ocupan las habitaciones del último piso. Todos comen al igual que el personal médico y auxiliar de guardia.

A partir del día 25, la Gerencia ingresa el prolucto de estos hospedajes al Frente Popular, incautado del inmueble.

* * *

He aquí a grandes rasgos y sin literatura impropia del caso, una impresión del Hospital de Sangre instalado en el Hotel


LA ORGANIZACIÓN DE SERVICIOS
Junta de Defensa del Frente Popular

Para la mejor organización de todos los servicios de la ciudad, se han constituído las comisarías siguiente, a las cuales deberán dirigirse cuantas personas necesiten de los servicios respectivos:

COMISARIA DE GUERA (Palacio de la Diputación. Teléfono, 4.194)
Presidente: D. Jesús Larrañaga
Vocales: D. Eustasio de Amilibia
D. Pedro Palomir
D. Bernabé Orbegozo
D. José de Rezola
D. Ascensio de Lasa.
D. Julián Medrano Martínez

COMISARIA DE ABASTOS (Casa Consitorial. Salón de Sesiones. Teléf. 14261)
Presidente: D. Sergio Echeverría.
Vocales: D. Francisco Sáizar.
D. Asensio Arriolabengoa.
D. Patricio Ruiz.
D. José María Arrieta.
D. Juan B. Ubillo.
D. José Ferrándiz.

COMISION DE TRANSPORTES (Gran Casino. Teléfono, 11.541)
Presidente: D. José Aguado.
Vocales: D. Miguel Romero.
D. José Leoz.
D. Juan Zarragoitia.
D. Eliseo Pnocrbo.
D. Rufino Pastor.
D. Alejandro Elizalde
D. Abilio Iza.


COMISION DE COMUNICACIONES, INFORMACIONES Y PROPAGANDA (Teléfonos. Teléfono, 3.200).
Presidente: D. Miguel González.
Vocales: D. Juan Callen.
D. Ricardo Urondo.
D. Tomás Michelena.
D. Ricardo Leizaola.
D. José Zubillaga.


COMISION DE ORDEN PUBLICO (Gobierno Civil. Teléfonos, 11.002; 10.250 y 10.001).
Presidente: D. Telesforo de Monzón.
Vocales: D. Martín Campos.
D. Modesto Lacuesta.
D. Fermín de Mendizábal.
D. Aniceto Gallurralde.
D. Sabino Laborda.
D. Francisco Celaya.


COMISION DE FINANZAS (Caja de Ahorros provincial)
Presidente: D. José Imaz.
Vocales: D. Guillermo Torrijos.
D. Manuel Asarta.
D. José Iglesias.
D. José Zubimendi.
D. José Zubizarreta.
D. Domingo Martínez Muñoz.


AL SERVICIO DE LA REPUBLICA
UNO DE LOS HEROES

Los vimos entrar a media mañana. Venían valienes y avisores, custodiando a ambos lados la caravana de Eibar, apuntando previsores a los cerrados balcones de las calles tristes de la alegre Perla del Cantábrico, donde la rebeldía de unos oboscados ha robado a la “bella Easo” el bienestar del próximo invierno, perjudicando tantoe el turismo de este mal verano. Entre aquellos hombretones vascos, honra y prez de esta sufrida y simpática raza euskera, se destacaba como moderno Hércules, forzudo y seriote, un muchacho moreno y aguerrido, que con energía y serenidad, miraba a las casas con retador gesto. ¡Valía por diez contrarios! Las mujeres guipuzcoanas lo miraban admirativamente y podían comprobar, por el desabrocahdo cuello de su blanca y limpia camisa, que era hombre “de pelo en pecho”; su boina colocada con gracia, sus remangadas mangas –hasta el codo subidas- mostraban sus formidables brazos, capaces de ahogar a un oso y de ganar un campeonato de “aizkolaris”, sostenían sin esfuerzo la pistola ametralladora con culatín, una de esas que tanta admiración depertabn entre los inteligentes en armas...; pasaron largas horas de tiroteo; los coches de las ambulancias sanitarias desfilaban, una y otra vez, hacia el Cuarto de Socorro, transportando heridos y cundió el rumor –pronto confirmado por la Radio- de la rendición del María Cristina, el hotel donde se habían parapetado los sublevados y rebeldes y ante el arrollador empuje del pueblo y que de las fuerzas leales de la República hubieron de entregarse, como se entregaron antes los del Casino, y hubo horas muy tranquilas. Pueblo que renueva la epopeya de la guerra de la Independencia, has demostrado que la raza no degenera. Lo demuestera el heroísmo de ese proletariado que no come lo necesario y se depaupera con la ficticia crisis de trabajo, aquí donde todo está por hacer.


* * *

Era él. Ya anochecía cuando llegó al portal donde estábamos, comentando las noticias, los que “forasteros” hubiéramos empuñado las armas, si la cobardía de las familias no nos aconsejaran el odioso: “Tú no te metas en nada”.

Madres que, egoístas, creéis defender las preciadas vidas de vuestros amados hijos, daos cuenta que todos unidos venceremos más fácilmente a la odiosa reacción, que luego desencadena –como ahora la guerra civil- cruentas guerras mundiales.)

Nuestro héroe, con tres compañeros, venían de la refriega satisfechos y cansados; las caritativas vecinas les trajeron caldo, leche, café caliente y aquella noche fresca y estrellada de julio, la conocida hospitalidad vasca supo ofrecer a sus hermanos la hogareña habitación donde reposar unas horas. Los autos pasan y se oye “U H P” constantemente... El día amaneció nublado y se hablaba de ir a “Loyola”, a rendir los cuarteles sublevados; los valientes eibarreses apa.............
sin el cansancio del día anerior, e iban dispuestos a luchar en Loyola –o en Pamplona- y capaces eran de traerse prisonero a un general rebelde y con el puño en alto, pasearlo por la Concha para que vieran los marinos extranjeros cómo el pueblo sabía imponerse a las “cuarteladas”, de ahora en adelante imposibles ya en España, y cuánto valor derrochaban los milicianos.

Habría pasado una hora escasa cuando vimos pasar “la ambulancia” por la calle de Easo. Nos lo dijo un compañero de él; lo habían malherido; un tiro desde algún balcón al pasar cerca del Puente de María Cristina, iba a tronchar aquella vida, tal vez; cuando los que con él habíamos conversado en nuestro portal fuimos rápidamente a inquirir noticias, todo era ya inútil. Al llegar a la Casa de Socorro iba ya cadáver... y lo vimos, horas después, en el depósito de cadáveres; parecía dormido, el balazo en el pecho –cerca del corazón- era mortal de necesidad...

Pregunté a sus compañeros aquella noche, con irreprimible curiosidad, y supe que aquel mocetón de Eibar llevaba semanas sin trabajar, había quedado viudo hacía res meses y la madre –una viejecita de setenta años, el tendría apenas cuarenta- cuidaba sus nietos y empleaba en ellos los ahorros y el producto de la venta de “su caserío”; otros hijos perdió en Africa y...

“¡Pobres huérfanos! ¿Qué será de ellos si la abuelita muere?”, dijeron los compañeros de tal héroe, uno de tantos que dieron su vida por la Libertad y por la Patria. Y yo, emocionado, respondí, seguro de acertar:

“¡España no los puede abandonar nunca!”

No sé su nombre...


Desaparición de un anillo

D. Miguel R. Zabaleta, propietario del caserío “Igola”, a quien nos referíamos ayer al dar cuenta de los destrozos producidos por los soldados en los caseríos del Alto de Eguía, nos participa que además de los objetos desaparecidos y que ya se mencionaron en nuestra información, ha notado la falta de un anillo de alianza con la inscripción “M. Z. E. 1935”.

Suplica a quien jueda darle noticias del paradero de este anillo, se lo comunique.


FRENTE POPULAR
Se reparte gratuitamente en los Centros políticos, a los afiliados respectivos.


E. A. J. 8 Unión Radio San Sebastián
AL SERVICIO DEL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA

“Aquí E. A. J. 8 Unión Radio San Sebastián, emisora al Servicio del Gobierno de la República”. En los oídos de los guipuzcoanos, vizcaínos, navarros, alaveses, etc., ha venido resonando estas palabras desde el comienzo de la criminal revuelta militarista.

Paralizados todos los servicios de transmisión, por lo menos en su aspecto informativo, ha sido la emisora donostiarra la que en todo momento, día y noche ha mantenido el espíritu alerta en los ciudadanos, confortando con sus comunicados, deshaciendo el efecto de los millares de bulos que malintencionadamente hacían ciruclar: como el del envenenamiento de las aguas y otros.

La voz misteriosa de los no menos misteriosos “speaker” que se oía a través de las ondas, despertaba a media noche a los pocos que podían conciliar el sueño en los momentos más trágicos de la lucha entre los defensores de la libertad y los de la ignominia fascista.

No fueron solamente palabras de aliento, llamamientos a los milicianos, convocatorias, advertencias de la Comisaría de Guerra, etc., lso que escuchaban los ciudadanos. Hubo momentos de incertidumbre terrible, aquellos en los que el obus de los traidores tronaba en las calles, cuando el fuego de la fusilería trataba de apagar el ronco estampido de los mosquetones agazapados tras los muros del Hotel María Cristina. Siempre surgía en medio de la baraunda horrorosa la voz del misterioso “speaker” de turno que anunciaba: “Aquí E. A. J. 8 Unión Radio San Sebastián, emisora al servicio del Gobierno de la República”, comunicando al pueblo, que la plaza seguía en poder de los milicianos de la Libertad.

Hubo un paréntesis. El más trágico quizás de la contienda. Aquel en que una voz desconocida hasta aquellos momentos anunció, que las fuerzas facciosas se habían apoderado de la ciudad. Fueron unos momentos de desaliento terrible. Pero que duraron escasamente media hora.

Tres uniformados, aprovechando la confusión producida por la lucha en las calles, asaltaron audazmente la emisora en momentos en que su valiente guardia había salido a la calle a ayudar a los que luchaban contra el avance fascista.

Afortunadamente, los hombres del pueblo, hiciero irrupción en la estación de la Avenida, pero los uniformados facciosos habían huído temerosos de morir bajo la acción de las balas justamente vengadoras.

Desde ese momento quedó asegurada por completo la seguradad en Unión Radio. Abnegados miembros del Frente Popular, establecieron un turno permanente de noche y día, y en estrecha cooperación con el personal técnico de la emisora, han venido manteniendo la comunicación por onda, mientras en el portal, jóvenes animosos, pertenecientes a diversos partidos que habían luchado en los diferentes frentes de la ciudad, mantenían guardia también permanente para impedir que una nueva intromisión facciosa pudiera interrumpir la comunicación establecida por la emisora, de acuerdo con el Frente Popular.

Hubo también un momento, en que a través de la radio llegó a todos los hogares el eco de una supuesta tragedia. Fué aquel en el que se escuchó un disparo y que motivó los comentarios y afirmaciones más diversas.

Se creyó y se propaló, que en el estudio de Unión Radio, había muerto un hombre. Nada de eso ocurrió. Una pistola en mano no aún experta, cayó al suelo disparándose. Eso fué todo.

Hubo otro momento de mayor tragedia, que no llegó al público radioescucha. Los cañones de Loyola, enfilados hacia San Sebastián, lanzaron sus primeros disparos, sobre la emisora situada en el alto del Monte Igueldo. Los facciosos sabedores de que la emisora podía desbaratar sus planes criminales, intentaron desde el primer momento destruir la estación. Antes, sublevados los elementos armados que custodiaban aquella emisroa de Igueldo, se apoderaron del técnico allí de servicio y cargando con las lámparas marcharon campo traviesa, dejando la estación inservible por varias horas. El técnico pudo abandonar a los alzados y presentarse nuevamente en la estación.

Normalizadas las emisiones, las balas de los cañones de Loyola, comenzaron a cruzar por encima y por los lados de la estación. Afortunadamente, las averías producidas fueron de poca consideración, pero pudo muy bien haberse registrado la destrucción total de la estación, imposibilitando la transmisión de informaciones al público.

El ambiente en la emisora, sería desconocido para quienes la conocen en su funcionamiento normal. La febrilidad con que los bravos muchachos que atienden al servicio, con la cooperación de funcionarios de la emisora y la alegría con que los bravos milicianos mantienen a distancia a cunatos quieren inmiscuirse en ese laboratorio de informaciones, han transformado a E. A. J. 8 en un centro de actividades inusitadas, en el que no falta en momento alguno la alegría propia de la juventud.

Héroes de las jornadas en la emisora hay muchos. No vamos a señalarlos, poruqe todos trabajan sin deseo alguno de que sus nombres suenen, ya que consideran no realizar más que una obligación que les dicta su espíritu de amor a la patria.

Pero sí tenemos qué hacer resaltar a los hombres del pueblo, a los humildes pertenecientes a todos los grupos del Frente Popular, que en todo momento han estado dispuestos a dar su vida por defender el reducto valioso de las ondas: mal comidos en los primeros momentos, sin dormir, dispuestos a realizar toda clase de servicios, sin exigir en cambio nada más sino aumento de obligaciones.

La emisora de Unión Radio San Sebastián, E. A. J. 8 al servicio del Gobierno la República, sigue y seguirá laborando para en la medida de sus fuerzas, coadyubar a la heróica labor que en todos los frentes realizan hombres de todas condiciones, con el rifle en la mano, dispuestos a dar su vida por España, por la República, por la Justicia y por un orden nuevo.


PROCEDIMIENTOS FASCISTAS
EL TRATO QUE DIERON LOS REBELDES A UN SOLDADO MINERO DE CARBAYIN

Lo tuvieron herido y abandonado durante una noche y no le curraron ni le dieron alimento en cuatro días

Entre los soldados del regimiento de Artillería sublevado en Loyola había un minero de Carbayin (Asturias) que se había incorporado a filas a primeros del pasado febrero.

Este soldado, llamado Juan Giralda, había tomado parte, en unión de su hermano Gerardo, de veintisiete años, en la revolución de octubre, en la provincia asturiana. Juan pudo salvar la vida en la dura lucha. Gerardo fué muerto en la lucha habida para el avance sobre Oviedo.

Estos antecedentes fueron causa de que al ser incorporado a filas Juan Giralda viniera fichado como peligroso elemento comunista, lo que dió motivo a que siempre se le vigilara estrechamente en el cuartel.

Producida la sublevación en España, Juan fué enviado el sábado a San Sebastián, en unión de otros soldados, para hacer acopio de provisiones.

Otro soldado, cuyo nombre no recuerda, y él hicieron resitencia pasiva a aquellas órdenes, y el oficial les preguntó:

-¿Por qué estáis pensativos?

Ante esta muestra de desconfianza. Juan decidió salir a la calle con al esperanza de poder fugarse en algún sitio del trayecto; pero no pudo conseguirlo por estar estrechamente vigilado, y después de hacer el acopio de provisiones, volvió al cuartel.

El miércoles, día de la sublevación en los cuarteles, Juan recibió la orden de salir al exterior para llenar de arena unos sacos que habían de ponerse como defensa para los tiradores en el interior del cuartel.

El minero asturiano, que se daba cuenta del tremendo tiroteo que en aquellos momentos había en el exterior, se negó a cumplir la orden, y entonces el oficial, uniendo la acción a la palabra le dijo que si no obedecía le pegaba un tiro allí mismo.

Ante argumentos tan convincentes, Juan tomó los sacos y salió del cuarte. Apenas había avanzado unos cuantos pasos, una bala le alcanzó de lleno, estrellándose contra el casco protecto que el soldado llevaba en la cabeza y al que, indudablemente, debe la vida.

Por consecuencia de la fuerza de percusión del proyectil, que debió ser tirado desde muy cerca, Juan sufrió una conmoción y cayó a tierra desvanecido. Desde el cuartel no se le prestó auxilio de ninguna clase y tuvo que seguir tirado en el suelo al recobrar el conocimiento, pues ésa era la única manera de poder escapar indemne a los tiros que se cruzaban entre sitiados y sitiadores. En esa terrible situación hubo de permanecer el resto del día y toda la noche, durante la cual cayó un enorme aguacero.

Al amanecer del siguiente día, dos soldados se destacaron del cuartel y, arrastras, llevaron a éste a Juan, que durante la noche se había ido acercando cuanto le era posible a la puerta del edificio.

Una vez en el interior del cuartel, Juan fué llevado a un camastro, donde se le dejó abandonado y donde le encontraron ayer, desfallecido, los paisanos que entraron en el edificio después de la rendición.

En el curso de todos esos días Juan Giralda ha permanecido en el camastro en que se le colocó sin que se haya acercado a él ni un médico ni nadie y sin que se le haya facilitado el menor alimento ni bebida.

Trasladado a San Sebastián fué llevado al Hotel Correo y más tarde al Dispensario de la Cruz Roja establecido en el Teatro de Bellas Artes, donde se halla hospitalizado en la cama número 1.

Según los facultativos que le asisten, sufre enfriamiento general, con fuertes dolores en diversas partes del cuerpo, y desde ayer a hoy su estado ha mejorado bastante y se cree quedará pronto restablecido. Pero su estado de decaimiento era tal en el día de ayer, que de haber seguido cuarenta y ocho horas más en la misma situación, hubiera sucumbido.

Juan Giralda, pese a las asistencias recibidas desde ayer, sufre todavía una enorme depresión y dice que durante los primeros días ha estado, se supone que por el golpe de la bala que le dió en el casco, .......


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