
VERANO Y REVOLUCIÓN
LA GUERRA CIVIL EN GIPUZKOA
Pedro Barruso
INTRODUCCION
Cuando está a punto de cumplirse el
sesenta aniversario del comienzo de la Guerra Civil Española, uno de los
hechos históricos que más bibliografía ha generado, puede parecer
innecesario -o como poco repetitivo- plantear una investigación sobre el
conflicto que se pretende novedosa. Este ha sido analizado -por activa y
por pasiva- en numerosas obras, de diferente valoración historiográfica,
pero que siempre aportan algo al conocimiento del conflicto aunque se
condense en una breve nota a pie de página.
Si realizamos un rápido
recorrido por la historiografía sobre el conflicto bélico de 1936 a 1939,
podremos distinguir varias etapas claramente diferenciadas. La primera se
corresponde con las que podemos denominar obras "de guerra", es decir
aquellas publicadas antes de que diera fin el conflicto. Estas, como es
fácil suponer, pertenecen todas al llamado bando nacional, pero no por
ello carecen de importancia, al contrario son del máximo interés. Al ser
obras de protagonistas directos de hechos muy recientes, y pese a su carga
hagiográfica y ensalzadora de determinados personajes -o justificatorias
de actitudes en otras- merecen la máxima atención. Dentro de este primer
grupo -y en lo que a Gipuzkoa se refiere- debemos citar las obras de Morales (1937) y Sainz de los Terreros (1937). Entre las producidas por los republicanos dos destacan
principalmente: el Informe del Presidente Aguirre al Gobierno de
la República (1938) -pese a las escasas referencias que hace a
Gipuzkoa- y el escrito de Manuel de Irujo La Guerra Civil en
Euzkadi antes del Estatuto (1937), en la que se relata- por parte
de un testigo directo- los sucesos acaecidos en la capital
donostiarra.
Una segunda etapa en la historiografía sobre la Guerra
Civil se abre, lógicamente, tras el final de la misma. En ésta nos
encontramos con las primeras obras que podemos considerar de "carácter
científico". Pese a ser escritas por personas pertenecientes al bando
vencedor, y tener diversos objetivos, tres autores merecen ser destacados,
Joaquín Arrarás, El Tebib Arrumi y Manuel
Aznar.
Arrarás, y su equipo de colaboradores, en su
monumental obra Historia de la Cruzada Española (1940),
ofrecen relatos detalla-dos de los acontecimientos en cada territorio.
Pese a su tono agresivo contra los vencidos, informa de numerosos detalles
y filiaciones de personas que -sin jugar un papel principal- si tienen una
actuación destacada en los diversos territorios. Por su parte El
Tebib Arrumi (1940) realiza una serie de pequeñas obras sobre la
Guerra Civil de fuerte carácter propagandista pero no exentas de
valor.
Mención aparte merece el periodista Manuel
Aznar. En su Historia Militar de la Guerra de
España, publicada en 1940, se pueden encontrar interesantes
análisis sobre las operaciones militares de la contienda.
A lo largo de
la misma, siguen apareciendo obras de protagonistas, caso de las de Sierra Bustamante (1941), Loyarte (1944)
y Echenadía (1945), de una gran interés pese a su fuerte
carácter propagandista. En la larga etapa del franquismo se generan las
principales obras referidas a los antecedentes del conflicto.
En los años 50 se publica la obra del secretario de Mola, Félix
Maíz (1952), sobre la conspiración, a la que se unirán, en la
misma línea las de Antonio Lizarza (1969) y Jaime
del Burgo (1970).
La década de los 60 marca la irrupción de la
historiografía anglosajona en el estudio de la Guerra Civil Española. Pese
a que ya se habían publicado obras como la de Steer (1938) y Gerald Brenan (1962), serán Hugh
Thomas (1967) y Stanley G. Payne (1965) los
responsables principales de esta nueva línea. Estas obras, publicadas en
castellano por la mítica editorial "Ruedo Ibérico", han soportado mal el
paso del tiempo. La distancia y la lógica innaccesibilidad a las fuentes
han hecho que obras consideradas "fundamentales" para la historia de la
Guerra Civil hayan sido superadas, pese a que siguen siendo de obligada
lectura para toda persona que desee acercarse al tema, bien como lector o
como estudioso.
En la última etapa del franquismo comienzan a
publicarse las Monografías del Servicio Histórico
Militar, serie en la que el estudio de Martínez
Bande dedicado a La Guerra en el norte (1969)
supone una aproximación rigurosa y exhaustiva a la parte militar de la
Guerra civil en el País Vasco. Pese a seguir estando realizada desde una
cierta perspectiva del bando vencedor, los análisis y estudios de las
diversas operaciones son del máximo interés.
La muerte del General
Franco, en 1975, y el período de libertades que se inició a continuación
tuvo una gran repercu-sión en la historiografía bélica española. Las obras
de protagonistas vuelven a tener un desarrollo considerable. En esta
ocasión las principales corresponden a personas que hicieron la guerra en
el bando republicano. En lo que se refiere a Gipuzkoa las obras de Chiapuso (1977) y Amilibia (1978) son un
claro exponente de esta nueva línea.
En ellas, al igual que ocurría con
las obras de los protagonistas del bando nacional, la subjetividad tiene
reservada una importante parcela. Pese a ello el testimonio de los
protagonistas directos de los acontecimientos respaldan la valía de estas
obras. Entre 1975 y 1986 la Guerra Civil será una constante en la
historiografía vasca. Citar la extensa producción de esos años sería
alargar en exceso estas líneas, pero basten como ejemplo la Historia General de la Guerra Civil en Euskadi -publicada
entre los años 1979 y 1982- o la Historia de la guerra naval en
Euskadi (1984-1985) de Romaña. Pero el verdadero "boom"
historiográfico en lo que se refiere a la Guerra Civil se produce en 1986.
Ese año, con motivo del cincuentenario del comienzo del conflicto se
publica la obra colectiva La Guerra Civil en el País Vasco. 50
años después (1987) en la que se abordan aspectos muy
diferenciados del conflicto bélico. A partir de este momento la Guerra
será estudiada desde una perspectiva sectorial, abandonándose la idea de
dar una interpretación global del conjunto. Aspectos poco analizados hasta
el momento como la cuestión económica (González Portilla- Garmendia, 1988), la justicia (Granja,
1990), la incidencia a nivel local de la contienda (Boletín de
Estudios del Bidasoa, 1986) y otros aspectos comienzan a tener
una gran importancia.
La cuestión de la participación del nacionalismo vasco en la Guerra
Civil requiere un tratamiento diferenciado. La ambigua posición del PNV,
al menos en lo que se refiere a la primera fase de la Guerra en Gipuzkoa,
cuenta con el estudio publicado conjuntamente por Ignacio
Olábarri y Fernando de Merr (1983), anticipo de
la que se puede considerar obra definitiva sobre el tema -al menos hasta
el momento- publicada por De Merr en 1992.
Con este completo panorama
historiográfico parece que es difícil ser original -o al menos tratar-
aspectos no conocidos del conflicto de 1936-1939. Desde mi punto de
partida esto no es del todo exacto.
En las obras de carácter general
-dada su naturaleza- se solventa con excesiva rapidez el tema de la Guerra
Civil en Gipuzkoa. La brevedad del conflicto (escasos 55 días desde el
Alzamiento hasta la caída de San Sebastián) hace que el estudio de ésta se
concentre en las operaciones militares para olvidar otros aspectos. En los
estudios de carácter local -lógicamente- se analiza lo particular sin
reflejar el panorama general del conflicto en el territorio
guipuzcoano.
Es por ello que nuestro principal objetivo es trazar una
panorámica general de la Guerra Civil en Gipuzkoa pero incidiendo en un
aspecto fundamental, la especificidad del conflicto en el territorio
guipuzcoano.
Esta estriba, principalmente, en el proceso revolucionario
que se operó en este territorio entre julio y septiembre de 1936. La
sublevación del 18 de julio desarticula los poderes establecidos, quedando
el control de la situación en manos de "juntas de defensa" integradas
fundamentalmente por los partidos y organizaciones de izquierda.
La presencia de éstas en el poder -como representantes de un grupo
social (los trabajadores) diferente al que lo detentaba hasta el momento-
supone el primer paso de un proceso revolucionario. La misma creación de
las juntas, descendiendo incluso hasta el nivel de barrio en un claro
modelo de organización "bolchevique", es otro de los elementos que nos
llevan a plantear la hipótesis del origen de un ciclo revolucionario en
territorio guipuzcoano.
El cambio de bases económicas -otra de las
premisas necesarias para que se opere una revolución- también se esboza en
Gipuzkoa. Los planes de regularización económica de la provincia,
elaborados por la Comisaría de Finanzas, ponen las bases de lo que hubiera
sido un completa revolución. Su esbozo, y no puesta en práctica ante el
desarrollo del conflicto, se sitúa en la base del planteamiento de un
proceso revolucionario en Gipuzkoa.
Con estos puntos de partida es
necesario hacer una referencia a las fuentes documentales empleadas en el
presente estudio. Dos son los archivos fundamentales: el Servicio
Histórico Militar y el Archivo Histórico Nacional-Sección Guerra Civil de
Salamanca.
En el primero de ellos se localizan todos los diarios de
operaciones de las columnas que operan en Gipuzkoa durante la Guerra
Civil. Pese a lo escueto de los mismos permiten reconstruir día a día la
progresión de las tropas, con lo que se convierten en una fuente de
primera magnitud. Junto a los diarios la documentación incautada a los
republicanos. Ésta, no tan amplia como la anterior, sí permite tener la
visión de las operaciones desde el bando contrario con lo que se completa
la información procedente de los diarios.
La sección Político Social de
Bilbao, del Archivo Histórico Nacional de Salamanca, sigue siendo la
fuente por excelencia para el estudio de la II República y la Guerra Civil
en el territorio guipuzcoano. A la misma se le unen otros fondos
documentales -caso del Tribunal Popular de Euzkadi, y las series político
sociales de Madrid, Santander y Barcelona- de obligada consulta.
Fuera del País Vasco otros centros merecen igualmente una breve
referencia. En primer lugar el Archivo Histórico Nacional de Madrid, en
cuyos fondos se conserva la Causa General. Este
gigantesco sumario a la España Republicana, es una fuente de información
de gran valor para el estudio de la Guerra Civil. De menor importancia,
pero no por ello prescindibles son el Archivo Histórico de la Fundación
Pablo Iglesias y el Archivo Histórico del Comité Central del Partido
Comunista de España, ambos en Madrid.
En el País Vasco los fondos se
encuentran agrupados en dos niveles. En archivos que podemos considerar
"generales" y en los municipales. En el primer grupo debemos citar el
Archivo General de Gipuzkoa, el Centro del Patrimonio Documental de
Bergara y el Centro de Documentación de Historia Contemporánea. En este
último se puede consultar parte de la documentación referente al conflicto
depositada en archivos extranjeros.
En el apartado dedicado a los
archivos municipales su valoración es muy desigual. Mientras que algunos
(Andoain, Hernani, Mondragón, Rentería...) conservan una valiosa
documentación, otros resultan decepcionantes.
Sin embargo, como valoración global de los archivos municipales
guipuzcoanos, debemos decir que éstos son imprescindibles para el estudio del Primer Franquismo y la formación del nuevo
régimen.
En el apartado hemerográfico debemos citar como fuente
principal al diario Frente Popular. Este, único que se
publicará en San Sebastián entre el 27 de julio y el 12 de septiembre de
1936, se convierte en el principal soporte historiográfico. Como
complemento del anterior los diarios bilbaínos Euzkadi y El Liberal permiten completar determinados aspectos de la
contienda.
Tras la ocupación de San Sebastián dos diarios tomarán el
relevo. El tradicionalista La Voz de España y el
falangista Unidad serán las principales fuentes
hemerográficas para el fin del conflicto.
Tras estas líneas se puede
tener la idea de la existencia de una copiosa documentación sobre la
Guerra Civil en Gipuzkoa. Este extremo no es del todo exacto. Si bien es
cierto que hay un buen número de documentos también debemos decir que
faltan algunos de los más importantes. De las actas de la Junta de Defensa
tan solo se conservan unas pocas, mientras que en los archivos municipales
falta -o se encuentra sin catalogar- gran parte de la documentación del
período.
Con estos planteamientos de partida el presente estudio se
organiza en tres grandes apartados: de las elecciones de febrero de 1936
al Alzamiento, el proceso de la revolución y las operaciones
militares.
En la primera parte la atención se centra en el proceso
conspirativo en Gipuzkoa, tratando de analizar la implicación del
comandante militar, coronel León Carrasco Amilibia, y las difíciles
circunstancias en las que se desenvolvió el Alzamiento en el territorio
guipuzcoano, hasta su fracaso definitivo tras la rendición de los
cuarteles el 28 de julio de 1936.
En la segunda, centrada en la actuación de las juntas de defensa, se
trata de estudiar su organización, su funcionamiento y el papel jugado por
las mismas en el transcurso de la Guerra Civil. Finalmente, la tercera
parte, se dedica a las operaciones militares realizando un recorrido
sincrónico por los diferentes frentes abiertos en Gipuzkoa, tratando de
buscar una coherencia y un plan preestablecido en el avance de las tropas
sublevadas.
Para finalizar estas líneas introductorias es necesario
hacer dos precisiones, una de carácter cronológico y otra de
terminología.
En lo que se refiere a la primera, el presente estudio se
extiende desde el 18 de julio a los primeros días de octubre de 1936. La
razón no es el capricho de quien estas líneas redacta, sino de mayor peso,
como pasamos a exponer.
El día 1 de octubre de 1936, es elegido en
Burgos el general Franco como generalísimo de los ejércitos y asumía la
Jefatura del Estado. El día 7 del mismo mes es aprobado por las Cortes
españolas el Estatuto de Autonomía del País Vasco. A partir de este
momento son dos concepciones del estado las que se enfrentan. La España
republicana, encarnada por la Euskadi autónoma -con el Gobierno Vasco al
frente- y la España nacional dirigida por Franco.
Esto hace que la
sublevación se convierta en una conflicto más amplio, lo que da un cariz
diferente a la Guerra Civil.
La Junta de Defensa desaparece y las tropas sublevadas se convierten en
el ejército del bando nacional.
Al razonamiento anterior se une otro de
carácter militar. La ofensiva de las tropas de Mola se detiene en las
inmediaciones del límite con Vizcaya. La mayor preparación y potencia de
fuego de los republicanos detendrán la fulgurante campaña de Gipuzkoa. Por
otra parte el comienzo de la ofensiva sobre Madrid, tras ser levantado el
cerco del Alcázar de Toledo -a fines de septiembre- desplaza los esfuerzos
de guerra hacia la zona centro.
La última precisión es terminológica.
El lector observará que se ha tratado de evitar la terminología al uso de
"rojos" y "nacionales". Ambos términos son inexactos. Los republicanos,
desde luego, no son todos "rojos" por lo que al referirnos a ellos
preferimos utilizar la denominación más genérica de "republicanos". En lo
que se refiere al bando contrario, en el período que nos ocupa se trata
-técnicamente- de tropas sublevadas, y esto no responde a un capricho del
autor, veamos por qué.
Al producirse el Alzamiento, el 18 de julio de
1936, Las tropas se sublevan al grito de ¡Viva la República! y las
intenciones no son las de producir una transformación del estado tan
profunda como se produjo. Si bien es cierto que desde un primer momento se
generalizó el empleo de la bandera bicolor, esto como se puede ver en el
apéndice documental, es una concesión de Mola a los
tradicionalistas.
Entre julio y septiembre las tropas de Mola se han
sublevado contra el gobierno de la nación. Sólo a partir del 1 de octubre
de 1936 serán el ejército de la España nacional, dando pleno sentido al
término de "nacionales". Por tanto en las páginas que vienen a
continuación el termino "nacionalistas" tiene la acepción de referirse a
los nacionalistas vascos, no a las tropas nacionales.
No quisiera terminar estas líneas introductorias sin hacer referencia a
las deudas de gratitud contraídas a lo largo de la realización de este
trabajo. En primer lugar al Departamento de Cultura de la Diputación Foral
de Gipuzkoa, que financió la recta final de esta investigación, que tiene
su origen en el lejano año de 1988. Al personal del Servicio Histórico
Militar y del Archivo Histórico Nacional de Salamanca, por sus facilidades
para la consulta de la documentación y a todos aquellos que de una manera
u otra han colaborado en que esta investigación llegue a buen fin.
San
Sebastián, a 1 de octubre de 1994
PRIMERA PARTE: DE LAS ELECCIONES A
LA GUERRA DE LAS ELECCIONES AL ALZAMIENTO (FEBRERO-JULIO DE 1936)
El
camino que conduce a la Guerra Civil española no se inicia tras las
elecciones del 12 de febrero de 1936, aunque como se verá más adelante,
los principales planes conspiratorios se pondrán en marcha como
consecuencia de los comicios. El largo camino hacia el desastre español de
1936-1939 se va fraguando a lo largo de los cinco años de República,
durante los cuales el abismo existente entre las fuerzas de la derecha y
de la izquierda se va haciendo cada vez más amplio. Las causas que
llevaron a la Guerra Civil son múltiples y variadas, y no es éste el
momento de analizarlas , pero si es necesario detenerse en la situación y
en los acontecimientos de los meses previos al inicio del conflicto. Desde
las elecciones al comienzo de la contienda se darán una multitud de hechos
violentos por toda la geografía española que contribuyen a enconar aun más
la situación. Es por ello, que dado el ambiente existente en el Estado se
justifica plenamente la exposición de una panorámica general de la
situación en Gipuzkoa entre febrero y julio. Cual es el ambiente previo a
la guerra, en una sociedad eminentemente conservadora como la guipuzcoana
, en la que el nacionalismo -situado en una posición política de centro-
es la fuerza predominante y la dinámica sociopolítica de los meses previos
al conflicto deben ser nuestros principales puntos de atención.
1.-LOS RESULTADOS ELECTORALES
La jornada electoral del 16 de
febrero de 1936 tiene como resultado principal que la coalición de las
fuerzas de izquierda, el Frente Popular, obtiene la mayoría absoluta en el
parlamento español, logrando restaurar la mayoría izquierdista de 1931-33.
En el País Vasco los resultados de la primera vuelta tan solo resuelven la
lucha electoral en la circunscripción de Bilbao. En esta, de tradicional
mayoría izquierdista, resultan elegidos Ruiz Funes (IR), Indalecio Prieto
y Julián Zugazagoitia (PSOE) y Leandro Carro (PC de Euzkadi), junto a los
nacionalistas Robles Aranguiz y José Horn.
Tal como afirma Granja, de
no haber existido la segunda vuelta -y teniendo en cuenta los candidatos
más votados- el PNV hubiera sufrido un importante descalabro electoral, al
lograr siete diputados menos que en 1933, con lo que se hubiera alterado
sensiblemente el mapa electoral vasco. Siguiendo este razonamiento en
Gipuzkoa hubieran resultado elegidos un candidato del PNV (Irujo), tres de
la Coalición Contrarrevolucionaria (Lojendio, Oreja y Paguaga) y uno del
Frente Popular (Ansó), lo que hubiera ofrecido una imagen electoral del
Territorio radicalmente distinta a la de 1933.
Según los cálculos de
Rodríguez Ranz las diferencias de votos son mínimas. De esta manera, entre
la candidatura mas votada -la nacionalista- y la menos votada -la del
Frente Popular- tan sólo hay 10.000 votos de diferencia. A su vez los
nacionalistas aventajan a la coalición de derechas en poco más de 5.000
votos, y ésta a la del Frente Popular en 4.000. Si a esto se une el
fracaso del PNV, en su intento de lograr repetir en Gipuzkoa el "semicopo"
de 1933 (lograr los escaños asignados a la mayoría y alguno de los
reservados a la minoría), la segunda vuelta electoral que tendrá lugar el
domingo 1 de marzo cobra una importancia inusitada en el
Territorio.
Ante esta nueva convocatoria electoral es necesario poner
de manifiesto algunas consideraciones referentes al mapa electoral
guipuzcoano. En primer lugar señalar la confrontación "triangular" que se
da en Gipuzkoa -y en todo el País Vasco- a diferencia de la bipolarización
que se produce en el resto de la sociedad española, dividida entre
"frentepopulistas" y "contrarrevolucionarios". La presencia del PNV
-moderado y católico- supone un importante factor de corrección de la
escena política a la vez que actúa como agente activo de la relativa paz
social de Gipuzkoa.
Por otra parte es necesario destacar el avance de
la derecha más conservadora en Gipuzkoa. De los 89 municipios del
Territorio, la Coalición Contrarrevolucionaria es la más votada en 28
poblaciones . Pese a la escasa importancia demográfica de éstas -tan sólo
Tolosa supera los 10.000 habitantes y Azkoitia, Oñate y Fuenterrabía los
5.000 con un porcentaje de población del 17%- se puede observar como una
amplia zona del Territorio está controlado por la derecha. A su vez, se
aprecia un traslado de votos -en torno del 8%- de la candidatura
nacionalista a la derecha.
El Frente Popular, a su vez, se impone tan
sólo en seis localidades, las de mayor importancia demográfica (suponen el
44% del total) pero no logra un avance ni geográfico ni político con
respecto a 1933 y mucho menos consigue recuperar los niveles de 1931. Por
tanto en el sistema político de Gipuzkoa el elemento más débil del mismo,
la izquierda, será en quien recaiga de manera directa hacer frente a la
sublevación. Dada su implantación en la zona urbana -y en especial en la
comarca de San Sebastián- en la que se desarrollará la primera fase de la
Guerra Civil, su reducida influencia en el resto del Territorio se verá
compensada de manera que pueda alterar el desarrollo de los
acontecimientos.
Pero centremos nuestra atención en la segunda vuelta de las elecciones.
Un elemento distorsionador se producirá escasos días antes de la
convocatoria a las urnas, al anunciar la Coalición Contrarrevolucionaria
la retirada de su candidatura. Las razones son varias.
En primer lugar
se debe tener en cuenta la victoria por mayoría absoluta del Frente
Popular a nivel estatal, lo que hacía inútil el esfuerzo de los candidatos
derechistas, y la desmoralización que ello conllevaba. Tras esta razón
-que podemos considerar externa- se producen varias de carácter
interno.
La primera, por su importancia, es el reconocimiento que se
produce, por parte de la jerarquía eclesiástica de la licitud del voto al
PNV, al que consideran un partido católico. Esto supone un duro revés para
los contrarrevolucionarios, que basaban parte de su campaña en presentarse
como los únicos candidatos católicos frente al laicismo de la izquierda.
Esto lleva a que, dada la situación política, los candidatos de la
derecha, traten de lograr un mal menor, por lo que optan por la retirada,
con la intención de contribuir, al menos con la inacción, a la victoria de
los nacionalistas.
Pero en el anuncio de la retirada de los conservadores, acordada el día
26 de febrero en una reunión de las directivas de la Comunión
Tradicionalista y de la Unión Regionalista de Guipúzcoa (URG), se observa
una división de opiniones.
Mientras la CT y URG, mediante un manifiesto
hecho público en la prensa da libertad de voto a sus simpatizantes, pero
indicando "que ni una sola papeleta debe ser depositada en las urnas como
dejación de vuestras convicciones y de vuestros sentimientos", lo cual se
puede entender como una clara invitación a la abstención. El otro socio de
la coalición, Derecha Vasca Autónoma (DVA) manifiesta una orientación
diferente. DVA, en la nota hecha pùblica por su directiva, recomienda a
sus afiliados y simpatizantes que "presten el domingo próximo el concurso
de sus votos a la única candidatura católica", en una clara recomendación
del voto en favor del PNV. Este, a su vez, ante el fracaso del intento de
semicopo en febrero, retirará a Monzón de la lista de candidatos optando
unicamente a los cuatro escaños que se adjudican a la mayoría.
Por
tanto, como se puede observar el posicionamiento de las fuerzas
conservadoras guipuzcoanas es diferente. Mientras la CT y RE abandonan
definitivamente la lucha electoral y se posicionan abiertamente contra la
República, la CEDA, mantiene sus convicciones democráticas y trata, al
menos, de propiciar la victoria de la candidatura más próxima a sus
planteamientos políticos.
La jornada electoral de marzo, a diferencia
de la de febrero está plagada de incidentes. En San Sebastián y otras
localidades se registran incidentes -disparos, rotura de urnas,
coacciones...- a consecuencia de los cuales se produce un muerto en
Oyarzun y fuerza a repetir las elecciones en varias secciones de San
Sebastián y una de Mondragón el día 3 de marzo.
Tras los resultados del
día 1 el candidato republicano Apraiz retira su candidatura para propiciar
la elección del republicano Ansó y del socialista Amilibia.
El día 3 se repiten -e incluso se incrementan- los incidentes
provocados principalmente por grupos de socialistas y comunistas.
Finalmente, el día 8 de marzo, la junta electoral hace pública la elección
como diputados de los cuatro candidatos del PNV (Irujo, Lasarte, Irazusta
y Picavea) y de dos de la del Frente Popular (Ansó y Amilibia).
De esta
forma la triangulación política de Gipuzkoa se reducía a un esquema
bipolar ante la inminente sublevación. La derecha se posiciona ya
abiertamente a la República. Por su parte, el segmento del sistema
político guipuzcoano que se enfrentará al alzamiento se reduce a los
nacionalistas y al Frente Popular, que como se verá en el capítulo
siguiente mantendrán posiciones diferentes.
2.-LAS FUERZAS
POLITICAS EN GIPUZKOA
Antes de seguir adelante con el estudio de
las circunstancias previas al inicio de la Guerra Civil, es necesario
trazar un breve panorama de las fuerzas políticas y sindicales existentes
en Gipuzkoa en 1936.
Aunque no existe un estudio dedicado al sistema de
partidos en el Territorio Histórico, una serie de trabajos nos permitirán
trazar un panorama, que sin pretensiones de ser exhaustivo, nos ofrece una
visión general de los mismos. Para ello, dejaremos a un lado la
tradicional división entre partidos de derecha o de izquierda para
establecer una división en partidos nacionalistas, obreros y republicanos.
A éstos se unirán las fuerzas que se sumarán al alzamiento
(tradicionalistas y Falange) y una breve referencia a las organizaciones
obreras.
De esta forma se podrá establecer una relación entre su peso
real en la política guipuzcoana y su actuación durante el proceso
revolucionario que se vivirá en Gipuzkoa entre los meses de julio y
septiembre, dando una visión completa de la situación.
2.1 LOS PARTIDOS NACIONALISTAS
El nacionalismo vasco está
representado en Gipuzkoa por dos organizaciones; el Partido Nacionalista
Vasco (PNV) y Acción Nacionalista Vasca (ANV). Pese a compartir una misma
base ideológica ambos se encuentran en posiciones políticas diferentes.
Mientras el PNV se coloca en una pragmática situación de centro político,
ANV se integra en el Frente Popular como se verá a
continuación.
2.1.1 Partido Nacionalista Vasco
La principal
fuerza política de Gipuzkoa en 1936 es, sin ningún género de dudas, el
PNV. Tanto su implantación, que alcanza a 67 de los 89 municipios
guipuzcoanos, como su potencial humano puesto de manifiesto en las
convocatorias electorales, le confiere un papel determinante ante la
sublevación de julio de 1936.
Los planteamientos políticos del PNV,
centrados en la obtención del autogobierno, han llevado al partido a
adoptar una posición política de centro. Tras la ruptura de su alianza con
la derecha tradicionalista, el PNV ha seguido un proceso de deslizamiento
hacia posiciones de "centro" político. En 1936 el nacionalismo se
diferencia de las opciones conservadoras en los planteamientos
autonomístas. A su vez marca las distancias con la izquierda debido a su
programa social y a la radicalización de sus planteamientos.
A pesar de
ello, y siempre en virtud del pragmatismo político, desde los primeros
meses de 1936 se da un acercamiento -queda la duda si es una actitud
personal o del ala más progresista del nacionalismo vasco- entre José
Antonio Aguirre y el lider socialista Indalecio Prieto. Todo esto hace que
la actitud que adopte el PNV ante los sucesos que se producirán a partir
del día 18 de julio resulte de la máxima importancia.
2.1.2 Acción Nacionalista Vasca
A diferencia del PNV, el
nacionalismo de izquierda -representado por ANV- se suma a las filas del
Frente Popular.
Creada como escisión del PNV a finales de 1930 con una
concepción laica y no confesional del nacionalismo su implantación
geográfica no será muy amplia en Gipuzkoa. Tan solo en veinte localidades,
todas ellas de la comarca de San Sebastián y entre las más industriales
del Territorio, ANV contará con implantación orgánica.
Ante los sucesos
que se avecinan ANV se situará, desde un primer momento, junto a las
fuerzas del Frente Popular integrándose en las nuevos órganos de poder que
se crean. Pese a ello, debido a su escasa influencia en la vida política
guipuzcoana, su papel será bastante reducido.
2.2 LA DERECHA
Tras el nacionalismo la siguiente opción política en importancia en
Gipuzkoa, son las fuerzas de la derecha. A principios de 1936 ésta
-representada por la Comunión Tradicionalista, Unión Regionalista de
Guipúzcoa (URG), Derecha Vasca Autónoma (DVA) y Falange Española de las
JONS, aunque la importancia de la primera con respecto a las restantes es
enorme- a la vez que aumenta su influencia en la población del
Territorio, como ha quedado puesto de manifiesto en la convocatoria
electoral de febrero.
2.2.1 Comunión Tradicionalista
La principal organización de la
derecha en Gipuzkoa, tanto por efectivos como por implantación, es sin
lugar a dudas la Comunión Tradicionalista. Esta organización, que como el
PNV, trasciende de lo estrictamente político tiene dos etapas claramente
diferenciadas durante la II República. El bienio 1931-33 es de expansión
geográfica y de reorganización del partido, llegando a implantarse -de
forma orgánica- en 34 localidades.
A partir de 1934 la CT, de acuerdo a
la nueva línea política -de clara confrontación con el régimen- y desde la
llegada de Fal Conde a la secretaría general de la Comunión, da comienzo
una nueva etapa caracterizada por la potenciación del requeté,
organización paramilitar de la CT, cuya dirección en Gipuzkoa corría a
cargo de Agustín Tellería. Este, detenido poco antes de que diera comienzo
la Guerra Civil, será sustituido por el jefe local de San Sebastián
Eduardo Bustundui. La máxima autoridad de la Comunión era el Marqués de
las Hormazas.
El requeté se organizaba en pequeños núcleos locales, y
estrechamente relacionado con la delegación de juventudes -una de las tres
que junto con la de Propaganda y Requeté existía en Gipuzkoa y
responsabilidad directa de Juan de Olazábal- extendía la implicación de
los tradicionalistas en la preparación del Alzamiento de julio como se
verá en el capítulo siguiente.
2.2.2 Las opciones de derecha
El
espectro de las organizaciones de la derecha lo completan el equivalente
territorial a las opciones conservadoras de implantación estatal. De esta
forma la URG -alineada junto con la monárquica Renovación Española-, DVA
-equivalente a Acción Popular- y FE y de las JONS, cubren el abanico de
fuerzas conservadoras colocadas entre el nacionalismo y la Comunión
Tradicionalista.
Estas organizaciones, todas aparecidas tardíamente en
el panorama político guipuzcoano, se caracterizan por su escasa
implantación, centrada principalmente en la comarca de San Sebastián, y
por el elitismo político de sus integrantes.
En la primera junta directiva de URG, constituida en marzo de 1933, se
incluyen -entre otros- el concejal donostiarra y jefe de la minoría
monárquica en el Ayuntamiento, Pedro Soraluce y que a partir de 1934
contará con "El Diario Vasco" como órgano de expresión. En 1936 la URG se
alinea con las posiciones de la CT, de frontal oposición a la República,
aunque su influencia es sensiblemente inferior a la de los
tradicionalistas. Por su parte, DVA -cercana a las posiciones de Acción
Popular y de la CEDA- no se constituye hasta octubre de 1934,
inmediatamente después de la Revolución de Octubre. Su implantación será
escasa y reducida a la comarca de San Sebastián. Su postura en julio de
1936 será menos beligerante que la de la CT y la URG. Completa el panorama
de las fuerzas de la derecha Falange Española y de las JONS. Creada en
Gipuzkoa a finales de 1934, la presencia organizada de FE se puede situar
oficialmente el 5 de enero de 1935. En esa fecha, con un acto en el que
intervienen José Antonio Primo de Rivera, el Jefe Provincial Luis Prado y
el Jefe Local, Joaquín Quintana, FE y de las JONS inaugura su sede en la
capital guipuzcoana.
En la
primera junta directiva de URG, constituida en marzo de 1933, se incluyen
-entre otros- el concejal donostiarra y jefe de la minoría monárquica en
el Ayuntamiento, Pedro Soraluce y que a partir de 1934 contará con "El
Diario Vasco" como órgano de expresión.
En 1936 la URG se alinea con
las posiciones de la CT, de frontal oposición a la República, aunque su
influencia es sensiblemente inferior a la de los
tradicionalistas.
Por su parte, DVA -cercana a
las posiciones de Acción Popular y de la CEDA- no se constituye hasta
octubre de 1934, inmediatamente después de la Revolución de Octubre. Su
implantación será escasa y reducida a la comarca de San Sebastián. Su
postura en julio de 1936 será menos beligerante que la de la CT y la
URG.
Completa
el panorama de las fuerzas de la derecha Falange Española y de las JONS.
Creada en Gipuzkoa a finales de 1934, la presencia organizada de FE se
puede situar oficialmente el 5 de enero de 1935. En esa fecha, con un acto
en el que intervienen José Antonio Primo de Rivera, el Jefe Provincial
Luis Prado y el Jefe Local, Joaquín Quintana, FE y de las JONS inaugura su
sede en la capital guipuzcoana.
En 1936, poco antes de
que diera comienzo el conflicto, Arrarás fija la afiliación a FE y de las
JONS en 120 miembros, siendo el Jefe Provincial Manuel Aizpurúa y el Jefe
Local Miguel Rivilla.
2.3 LOS PARTIDOS REPUBLICANOS
En
el mes de julio de 1936 el panorama político republicano se ha
simplificado notablemente en Gipuzkoa. De la multitud de grupos de esta
filiación existentes a principios de la II República -en 1936- tan sólo
tres de ellos permanecen; Izquierda Republicana (IR), Unión Republicana
(UR) y Ezquerra Vasca Federal (EVF).
Izquierda Republicana, resultado
de la fusión de Acción Republicana -liderada por Manuel Azaña-, el Partido
Radical Socialista Independiente de Marcelino Domingo y los republicanos
gallegos de la ORGA, se constituirá en Gipuzkoa el 25 de marzo de 1934.
Pronto se convierte en la opción republicana con mayor peso al implantarse
orgánicamente en 24 localidades. Su impor-tancia queda puesta de
manifiesto en las elecciones de febrero, cuando en la candidatura del
Frente Popular, los dos representan-tes republicanos (Ansó y Apraiz)
pertenecen a IR.
Por su parte UR -resultado de la fusión entre el
Partido Radical Demócrata de Martínez Barrio y los radicales socialistas
de Botella Asensi y Gordón Ordás- hacen su presencia orgánica en el
Territorio en junio de 1935. Su influencia será muy reducida y se
circunscribirá únicamente a San Sebastián.
El panorama de las fuerzas republicanas lo completa Ezquerra Vasca
Federal, de ideología federalista y cuyo máximo exponente será el alcalde
de San Sebastián, Fernando Sasiain.
Pese a integrarse, junto con el
resto de las opciones republicanas en el Frente Popular, su influencia en
la sociedad guipuzcoana es muy escasa. Prueba de ésto es la derrota del
Sasiain en las ante votaciones para las elecciones municipales de 1936, en
las que es superado por los candidatos conservador y del Frente Popular,
del que se habrá separado escasas fechas antes.
2.4 LOS
PARTIDOS OBREROS
El panorama de las opciones políticas se completa
con los dos partidos obreros que existen en Gipuzkoa; el Partido
Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista de Euzkadi (PC de
Euzkadi)
2.4.1 Partido Socialista Obrero Español
El principal
partido obrero de Gipuzkoa es el PSOE, que en julio de 1936, según los
datos que facilita Ricardo Miralles, contaría con una cifra no superior a
los 650 afiliados repartidos en 13 agrupaciones locales. La presencia socialista se concentra -principalmente- en las
localidades industriales de la cuenca del Deba (Mondragón, Placencia,
Eibar, Elgoibar y Deva) y en las de la comarca de San Sebastián (junto a
la capital Rentería, Pasajes, Hernani e Irún). Junto a las anteriores se
sitúan algunas localidades con tradición obrera (Tolosa, Beasain...). A
pesar de ello la presencia organizada del socialismo guipuzcoano, y su
fuerza -como veremos a continuación- residirá en el sindicato socialista,
la Unión General de Trabajadores.
Otro de los aspectos destacados,
cuando se habla del PSOE en 1936, es el conflicto planteado en el seno del
socialismo español, entre la línea centrista de Prieto y la de izquierda
de Largo Caballero.
El socialismo guipuzcoano se decanta abiertamente
por la moderación y el centrismo de Prieto -el 56% de los afiliados-
aunque un 44% de los mismos se posicionan por las tesis de Largo
Caballero. A pesar de ello la moderación será la característica dominante
del PSOE guipuzcoano en los primeros meses del conflicto, en los que será
uno de los principales pilares de la resistencia republicana.
2.4.2
Partido Comunista de Euzkadi
Creado en junio de 1935, dependiente del
PCE, y de acuerdo con las directrices de la III Internacional en lo que se
refiere a las nacionalidades, pronto alcanzará un protagonismo superior al
que realmente le correspondía en razón de sus efectivos. En 1935 el PC de Euzkadi contaría con 569 militantes, de los cuales 469
corresponden a Vizcaya, 86 a Gipuzkoa y 14 a Álava. Los afiliados
guipuzcoanos se distribuyen entre los radios (secciones) de San Sebastián
-la más numerosa con 46 afiliados- a la que siguen en orden de importancia
Irún (15), Rentería (8), Eibar (6), Pasajes (5) y Hernani y Fuenterrabía
con tres afiliados cada una.
A lo largo de 1936 el PCE de Euzkadi irá
aumentando de manera continuada, principalmente en la comarca de San
Sebastián, de manera que cuando estalle el conflicto -y debido a la
situación revolucionaria que se crea- el Partido Comunista ejercerá un
papel que sobrepasa a su verdadera influencia en la sociedad
guipuzcoana.
2.5 LAS FUERZAS SINDICALES
El último punto
de este apartado se debe dedicar a las organizaciones obreras, las cuales
jugaron un papel determinante en los primeros días del alzamiento. De las
opciones sindicales guipuzcoanas, Solidaridad de Trabajadores Vascos, la
Unión General de Trabajadores y la Confederación Nacional del Trabajo
jugarán un destacado papel en el conflicto bélico y en la formación de un
nuevo poder como se verá más adelante.
El sindicato nacionalista STV es
la principal organización obrera de Gipuzkoa. Con una afiliación cercana a
los 16.000 cotizantes en julio de 1936. Solidaridad se encuentra
implantada en 52 municipios guipuzcoanos, fundamentalmente en las
localidades del área urbana con lo que se convierte -junto con el PNV- en
la organización con una mayor presencia municipal.
A su vez, la UGT, se
sitúa en torno a los 10.000 afiliados, experimentando un importante avance
en la comarca de San Sebastián debido a su fusión con los sindicatos
comunistas. Pese a ser su implantación geográfica más reducida que la de
STV, la presencia de la UGT en 29 municipios (fundamentalmente el área de
San Sebastián y el Deba) le confieren un peso considerable dentro del
movimiento obrero provincial. En lo que respecta a la CNT su afiliación en 1936 se cifra en torno a
los 1200 miembros, correspondiendo al sindicato Avance Marino de Pasajes
el mayor peso con 857 obreros.
Pese a su escasa implantación geográfica
(Irún, San Sebastián, Rentería, Pasajes, Tolosa, Deba, Beasain, Vergara y
Mondragón), su papel en los sucesos de julio de 1936 será
determinante.
3.- LA CONFLICTIVIDAD SOCIOPOLITICA
En la
historiografía tradicional se hace una continua mención a la
conflictividad laboral y política que se produjo en España en los últimos
meses de paz de la II República. Esta situación, incluso llevada al
parlamento por Gil Robles, se ha citado tradicionalmente como una de las
principales causas del estallido de la Guerra Civil en España. Pero,
teniendo en cuenta el comportamiento político de los guipuzcoanos, el
sistema de partidos imperante en el Territorio Histórico y la implantación
de las diversas fuerzas políticas -al igual que en otros casos- la
generalización puede no ser válida en el caso de Gipuzkoa. Esto nos lleva
a la necesidad de analizar las dos vertientes de la conflictividad que se
produce entre los meses de febrero y julio; la política y la laboral.
3.1 LA CONFLICTIVIDAD POLÍTICA
Si entendemos como tal las
acciones violentas protagonizadas tanto por elementos de izquierda como de
la derecha, se puede decir que ésta es escasa en Gipuzkoa. Pese a la
existencia de milicias de diversas fuerzas políticas (MAOC, socialistas,
requetés y falangistas) éstas ejercen su influencia, principalmente, en la
comarca de San Sebastián, siendo muy reducida su presencia en el resto del
Territorio, excepto en el caso de los requetés. Tal como se desprende de
una serie de informes de provenientes tanto del cuerpo de Miqueletes como
de la Guardia Civil, se pone de manifiesto la inexistencia de "actos de
sabotaje, boicots ni otros análogos", aunque no es exacto cuando afirma
que no "existieron organizaciones paramilitares de carácter marxista" - en
Gipuzkoa.
Pese a que documentos de la Agrupación Socialista de Tolosa
informan de la existencia de un Comité Revolucionario de carácter
provincial, organizado supuestamente por la UGT, nada nos permite
corroborar su existencia, aunque como se verá más adelante -su actuación
local -como es el caso de Tolosa- resultará decisiva en el comienzo del
conflicto.
Los principales incidentes de carácter político tendrán como
escenario principal la capital guipuzcoana. En ella, dejando a un lado los
conatos de agresión entre los vendedores del diario falangista "Arriba" e
integrantes del Frente Popular, el acontecimiento más destacado de este
periodo es, sin lugar a dudas, la muerte del joven falangista Manuel
Banús.
La muerte de militante FE y de las JONS está directamente
relacionada -aunque a escala guipuzcoana- con los dos asesinatos que
fueron prólogo de la Guerra Civil; el del teniente de Asalto Castillo y el
del líder de Renovación Española Calvo Sotelo.
El teniente Castillo,
instructor de las milicias socialistas y de la UMRA, estaba en el punto de
mira de los sectores más violentos de Falange Española, que le acusaban de
ser el autor de la muerte del falangista Sainz de Heredia durante los
incidentes que siguieron al entierro de un alférez de la Guardia Civil,
muerto el día 2 de mayo en el transcurso de un desfile celebrado en el
paseo de la Castellana de la capital del estado. Como represalia, sus compañeros tratan de asesinar a Gil Robles, quien
se encontraba en Biarritz. Ante esta situación se trasladan al domicilio
del líder monárquico, José Calvo Sotelo. Al día siguiente su cadáver es
abandonado en el cementerio de la capital madrileña.
A consecuencia de
este asesinato, en San Sebastián y a iniciativa de Renovación Española, el
día 15 de julio se celebra un funeral por Calvo Sotelo al que acuden
Honorio Maura y el Conde de Romanones. A la salida del mismo, los
asistentes se colocan en dos filas y brazo en alto comienzan a cantar el
himno de Falange. Acto seguido se forma una manifestación, que trata de
dirigirse hacia la avenida por la calle Loyola, extremo que trata de ser
impedido por la guardia de asalto.
En la confusión que se crea se
produce un tiroteo, a consecuencia del cual resultan heridos dos
tradicionalistas y muerto el joven falangista Manuel Banús. El gobernador
civil, el republicano Artola, prohíbe las manifestaciones y reuniones
públicas de todo tipo. Simultáneamente ordena la clausura de los centros
donostiarras de Renovación Española y de la Comunión Tradicionalista de la
capital.
Al día siguiente, serán puestos en libertad las cuatro
personas detenidas durante los incidentes. Ese mismo día -según la prensa
donostiarra- es detenido Teodoro García, perteneciente a la CNT y
"reconocido por algunos testigos de haber disparado" .
3.2 LA CONFLICTIVIDAD SOCIOLABORAL
Un segundo aspecto destacado
del ambiente previo al inicio de la Guerra Civil es, sin duda alguna, el
incremento de la conflictividad sociolaboral.
Una de las primeras
consecuencias de la victoria de las izquierdas en las elecciones del
febrero es la vuelta a la actividad de las organizaciones obreras, que se
caracterizará en esta última etapa por una intensa actividad
reivindicativa. La mala situación económica de los trabajadores -debido a
la crisis económica- y la polarización de la sociedad da lugar a una
inusitada oleada huelguística, desconocida hasta el momento en Gipuzkoa,
que se traduce, entre los meses de febrero a julio, en proporcionalmente
superior a la de los cuatro años de República.
Entre febrero y julio de
1936 se producirán en Gipuzkoa un total de 27 conflictos laborales, lo que
sitúa al territorio en niveles similares a Vizcaya y superiores a los de
Navarra. La dinámica huelguística guipuzcoana tiene dos aspectos a
destacar. El primero de ellos los principales conflictos; en segundo lugar
la geografía de los mismos y la actitud del sindicato nacionalista STV. En
lo que se refiere al primero de los puntos un conflicto destaca por
derecho propio; el de la construcción. La huelga de la construcción, que se generalizará a casi todo el
estado, comienza a gestarse -en San Sebastián- el 25 de abril. Ese día los
sindicatos del ramo pertenecientes a la UGT y a la CNT plantean la
reivindicación de la semana laboral de 40 horas, amenazando con ir a la
huelga de no llegar a un acuerdo.
El conflicto, de forma efectiva, da
comienzo el día 4 de mayo. Los sindicatos de albañiles, decoradores,
piedra y mármol, electricistas y peones paralizan el sector de la
construcción en San Sebastián. La larga duración del conflicto provocará
algunos actos de violencia, resultando asaltadas varias tiendas de
comestibles.
La situación se complica más al sumarse a la huelga los
trabajadores de la madera y los pescadores de Pasajes, alcanzando el
conflicto a unos 5.000 trabajadores . Pese a los esfuerzos del gobernador
civil, que intenta mediar en la huelga, la intransigencia de la patronal y
de los sindicatos hacen que el conflicto se alargue y cuando de comienzo
la Guerra Civil, todavía no se haya logrado una solución.
Otro aspecto
destacado es el papel desempeñado por el sindicato nacionalista STV en la
conflictividad del final de la República. Un giro, no excesivamente
contrastado, del sindicato nacionalista, le lleva a posicionarse junto a
los huelgistas de la construcción, a cuyo comité de huelga se incorpora el
día 28 de abril, junto con UGT y CNT. Esto da lugar a una alianza, hasta
el momento inédita, en el panorama sindical guipuzcoano. Esta colaboración
con el sindicalismo de clase se volverá a repetir con motivo de la huelga
de los pescadores de Pasajes. El posicionamiento de STV junto al resto de organizaciones obreras -que
puede interpretarse como un intento de no quedar al margen de las
relaciones laborales por parte de los nacionalistas- da lugar a duros
ataques contra los solidarios. La patronal, con motivo de la agresión a un
patrón durante la huelga de la construcción, lanza un duro ataque a STV a
la que acusa de propiciar "un ambiente propicio para la realización de
actos, que no solo constituyen la negación de aquella [de la doctrina
cristiana], sino de los más elementales principios de toda
civilización".
El último aspecto a destacar es la geografía de los
conflictos. Con excepción de las huelgas de los obreros del mueble de
Oñate, de los carroceros de Villafranca de Oria y de los metalúrgicos de
Eibar, el resto de las huelgas se concen-tran en la comarca de San
Sebastián, siendo la capital y Pasajes las localidades más conflictivas .
Este aspecto resulta significativo ya que de estas localidades, donde
existe una mayor implantación obrera y de las organizaciones sindicales,
son las que jugarán un papel muy destacado en las jornadas iniciales de la
sublevación, durante las cuales las organizaciones de trabajadores
correrán con la responsabilidad de la defensa de la
República.
LA CONSPIRACION
A lo
largo de toda la República las conspiraciones contra el régimen han sido
constantes, proviniendo tanto de la izquierda como de la derecha. Entre
las primeras baste citar los intentos revolucionarios de la CNT o de los
comunistas en el primer bienio republicano o la revolución socialista de
octubre de 1934 . De los provenientes de la derecha, quizá el más
destacado sea el llevado a cabo por Sanjurjo en agosto de 1932, que como
es sabido se saldó con un fracaso y la reclusión del general hasta 1934,
que será amnistiado tras la llegada de la derecha al poder.
Pero en
este momento la que debe centrar la atención es la conspiración que
desembocó en el alzamiento militar del 18 de julio y que dió paso a la
Guerra Civil. No se trata ahora de reconstruir de manera detallada la
conspiración en España -dada la amplia bibliografía existente sobre el
tema- sino de tratar de analizar las relaciones y el papel que tanto los
militares como las fuerzas conservadoras guipuzcoanas jugaron en la
preparación y desarrollo de la conspiración. Por esta razón hemos dividido el estudio de los movimientos
conspiratorios en dos apartados; la conspiración militar -encarnada por
los oficiales de la guarnición de San Sebastián- y lo que se puede
denominar "trama civil", en la que los tradicionalistas guipuzcoanos
juegan un papel destacado. La razón de esta diferenciación, como se verá
más adelante, es clara. Los militares desarrollarán desde principios de
febrero una serie de reuniones para preparar la insurrección en caso que
se den unas determinadas circunstancias. Los carlistas, por su parte,
abiertamente enfrentados a la República desde junio de 1931, crean en
marzo la Junta Militar Suprema Carlista, que a mediados del mes de marzo
de 1936 ya ha elaborado su plan de insurrección militar. Sólo en la recta
final de la conspiración, en el mes de junio de 1936, ambos preparativos
confluirán -no sin pocas dificultades- en un solo proyecto lo que
justifica plenamente sus análisis por separado.
1.- LA
CONSPIRACION MILITAR
Los planes, que desde la parte militar,
condujeron al final de la II República en España tienen un doble origen.
Atendiendo a su cronología -y no necesariamente a la importancia de los
que concurren- se puede fechar el comienzo de la conspiración en el día 8
de febrero de 1936. Ese día, en el restaurante "Cuevas" de la capital
Navarra se reúnen siete oficiales de la guarnición de Pamplona. Al frente
de ellos el capitán Lastra y como asistentes los capitanes Vicario y
Moscoso junto con los tenientes Cortázar, Dapena, Mayoral y el alférez
Muñoz. Estos oficiales, pertenecientes a la Unión Militar Española (UME),
muestran su intención de preparar una acción contra la República, sin
tener en cuenta el resultado de las ya próximas elecciones legislativas
del 16 de febrero. Lastra, como jefe de este núcleo de conspiradores,
expone su intención de entrar en contacto con las guarniciones de Burgos,
Logroño y San Sebastián para -junto a la de Pamplona y Estella- formar el
grupo conspirador.
La segunda reunión, celebrada el 8 de marzo en
Madrid, reviste una mayor importancia, no tanto por los acuerdos que en
ella se adoptan sino por los asistentes y las circunstancias en las que se
reúnen. En el domicilio del político cedista -y amigo personal de Franco-
José Delgado, en el número 19 de la madrileña calle General Arrando, se
reúnen los generales Franco, Mola, Orgaz, Saliquet, Fanjul, Varela,
Villegas, Kindelán y Rodríguez del Barrio. Se encuentra ausente Goded que
ya se ha incorporado a su nuevo destino en Baleares.
Las circunstancias
han cambiado notablemente desde la reunión de los capitanes en Pamplona, a
principios de Febrero. El Frente Popular se ha impuesto en las elecciones.
El nuevo ministro de Guerra, general Masquelet , aprueba el traslado de
los militares más "tibios" con la República. De esta forma Franco es
nombrado Comandante Militar de Canarias; Mola es destinado de Marruecos a
la Comandancia Militar de Pamplona; Fanjul es retirado del servicio activo
y Goded es destinado a Baleares.
Todos estos militares coinciden en
Madrid de camino a sus nuevos destinos y acuerdan la organización de un
"movimiento que evitara la ruina y la desmembración de la patria". De
igual modo, a instancias de Franco, se señala que éste "solo se
desencadenaría en el caso de que las circunstancias lo hiciesen
absolutamente necesario y exclusivamente por España, sin ninguna etiqueta
determinada". Igualmente se acuerda la consolidación de la junta y la
dirección de la misma por el general Sanjurjo, exiliado en
Portugal.
Mientras esto sucedía en Madrid, el núcleo conspirador de
Pamplona sigue adelante. Lastra sigue su actividad y el día 12 regresa de
San Sebastián, informando que cinco oficiales del regimiento de ingenieros
se han comprometido. Pese a que Maíz no cita los nombres de estos oficiales entre ellos se
encontraban los tenientes Leoz y García Benítez, no integrándose ningún
oficial de alta graduación, lo que daba escasa consistencia al movimiento
en la capital donostiarra.
El 14 de marzo Mola llega a Pamplona y se
hace cargo de su nuevo puesto. Pese a que sigue sus contactos, a lo largo
de un mes su actividad preparatoria de un golpe militar parece detenerse.
El día 15 de abril -la jornada siguiente a la celebración del quinto
aniversario de la República- Mola comunica su "Instrucción Reservada nº
1". Esta es de una gran importancia ya que cambia por completo la
orientación de la sublevación.
En la reunión de generales, celebrada el
mes de marzo en Madrid, se acuerda llevar a cabo un golpe militar. Mola en
su primera instrucción señala que
"la conquista del poder ha
de efectuarse aprovechando el primer momento favorable y a ella han de
contri-buir las Fuerzas Armadas conjuntamente con las aportaciones que en
hombres y elementos de todas clases faciliten los grupos políticos,
sociedades e individuos aislados que no pertenezcan a partidos sectas o
sindicatos que reciban inspiraciones del extranjero, socialistas, masones,
anarquistas comunistas, etc..."
Esta directiva de Mola supone un salto cualitativo en los planes
conspiratorios. Se pasa de una conjura militar a plantear un golpe de
estado con la colaboración de los partidos y organizaciones afines, entre
las que se encuentran -por contar con una organización paramilitar- los
tradicionalistas y Falange Española. Esto obligará a Mola a entablar
contactos con estas fuerzas políticas, aspecto que se tratará en el punto
siguiente.
Pero, ciñendo la atención al componente militar de la
conspiración, el siguiente hito destacado es la reunión del 19 de abril en
Pamplona. En dicha fecha -en el domicilio del capitán Moscoso- se reúnen
representantes de las cinco guarniciones inicialmente comprometidas. El
representante donostiarra es el teniente Leoz, que se ha convertido en el
portavoz de San Sebastián en el grupo de los capitanes . Ese mismo día
Mola comunica a este núcleo su intención de ponerse al frente de la
conspiración contra la República, aunando de esta forma todos los
proyectos existentes, al frente de los cuales ya se sitúa como
"Director".
Retomando la actividad en la guarnición de San Sebastián,
ésta era escasa y tan solo el teniente Leoz mantenía contacto continuo con
Mola en Pamplona. Es en este punto donde debe ser analizada de manera lo
más detallada posible el papel jugado por los dos militares más destacados
de la guarnición de San Sebastián; el coronel y Comandante Militar de San
Sebastián León Carrasco Amilibia y el teniente coronel jefe del regimiento
de Ingenieros José Vallespín.
El coronel de Artillería León Carrasco,
es un militar que ha ascendido por escalafón sin tomar parte activa en
ninguna campaña. Bien relacionado en la sociedad donostiarra era tío
segundo del diputado socialista Miguel Amilibia, que se hizo cargo de la
defensa de los principales encausados por los sucesos de Octubre de 1934. Como jefe militar de Gipuzkoa le corresponde dirigir la represión de la
Revolución de 1934, reduciendo -con el apoyo de las tropas provenientes de
Bilbao- los núcleos rebeldes de Mondragón y Eibar. Para Félix Luengo, la
actitud de Carrasco es "de gran dureza, y la represión de los sucesos
ejemplar" que se traduce en el encarcelamiento de unos 700 trabajadores.
Entre los meses de octubre de 1934 a abril de 1935 -período en que está en
vigencia el estado de guerra- es Carrasco quien ostenta el mando en
Gipuzkoa y preside -junto con Vallespín- los consejos de guerra celebrados
en la capital donostiarra contra los encausados de octubre.
La
detención en marzo de 1936 del general López Ochoa, acusado de atrocidades
con los rebeldes asturianos, debe causar una gran impresión en Carrasco,
como lo prueba una carta dirigida a Queipo de Llano, fechada el 29 de
abril de 1936, y en la que se expresa como sigue:
"Mi querido
general y amigo: Como nos hallamos en momentos de represalias en juego
todas las antipatías muy humanas pero injustificadas que nos hemos ganado
con la detención de la Revolución de Octubre del 34, somos víctimas de
ataques y trabajos de toda índole para dañarnos más o menos empapelando al
que se puede y con traslados para los menos seudo culpables.
Es momento
muy difícil pero necesario hacer presente a la situación de hecho que se
crea a Jefes Oficiales, Suboficiales y Clases, combatiendo y consiguiendo
atenuar los daños personales pero que producen el daño colectivo del
recelo, flojedad en el desempleo de misiones de orden, malestar y
quebranto, en fin de disciplina y en general del prestigio de los
mandos."
Pero, ¿cuáles son esas enemistades de las que habla Carrasco? Estas
pueden provenir de dos direcciones. Una indudablemente de la izquierda,
que lo considerará responsable directo de la represión. La otra puede
venir de sus mismos compañeros, que le acusan de "tibieza" y de
connivencia con los nacionalistas. Vallespín irá más lejos y acusará a
Carrasco "de nacionalista y mandar un regimiento cuyo 90% era del mismo
color o izquierdista" extremo que es desmentido por la propia
historiografía franquista.
Estas acusaciones, siguiendo a Félix Luengo,
pueden basarse en el discurso pronunciado por Carrasco el 24 de octubre de
1934. Ese día, al término de un desfile que tiene lugar en San Sebastián,
el coronel termina su alocución a las tropas con dos ¡vivas!; "Uno por la
República, aunque no sea del agrado de todos, pero por respeto a las ideas
contrarias debe ser así, y otro por España". Esta actitud solo pueden
aumentar el recelo de unos y otros.
Siguiendo con el hilo de la
conspiración, Vallespín re-cibe -en una fecha no determinada, pero que se
puede datar en torno a febrero-marzo de 1936- la visita del comandante de
Estado Mayor Bartolomé Barba con la intención de sondearle sobre el
movimiento en preparación. Ambos estiman que Carrasco
"no reunía
condiciones para misión de tal naturaleza por ser altamente sospechoso a
las autoridades del movimiento, encargó de la dirección de tan delicado
asunto al que suscribe, que quedó comprometido bajo su firma en un
documento apropiado".
De esta forma Vallespín se comprometía en la preparación de la
insurrección dejando a un lado al comandante militar. Los rumores de que
algo se está fraguando llegan hasta Carrasco, que decide actuar. Por una
parte reúne a los oficiales, a los que les expone su posición "de que
debía rechazarse todo intento contra los poderes constituidos". Por otra
indica a Vallespín que tome medidas a fin de evitar los continuos
desplazamientos del capitán Miquel a Francia. Este oficial, enlace con
Muslera y la Junta carlista de Biarritz, es avisado por Vallespín y le
aconseja que tome precauciones.
De esta manera la preparación del golpe
de estado no avanza en la capital donostiarra. Por una parte los carlistas
siguen sus propios planes. Carrasco no se suma a la conspiración. Los
capitanes en contacto con Mola y el grupo Lastra no cuentan con Vallespín,
al que con motivo de la celebración de un consejo de guerra piden a éste,
en el momento de redactar la sentencia, que abandone la sala para poder
tratar aspectos de la conspiración.
Ante este estado de cosas se
provoca una doble situación. Mola tiene una pobre impresión de la
preparación del alzamiento en San Sebas-tián, pese a que continúa sus
reuniones con el teniente Leoz. Para el colaborador de Mola -Félix Maíz-
la conspiración en Gipuzkoa "crecía en posturas individuales de
acercamiento al proyecto pero no en conjunto". El "Director" no confía en
Vallespín que es apartado de la cabeza de la conspiración, al parecer por
los informes que obran en poder de Mola, que señalan la "poca actitud para
conspirar" del teniente coronel.
Vallespín se entrevista con Mola el
primer día de junio de 1936 en Pamplona. La intención del general no va
más allá que "oír una opinión sobre el estado de la guarnición de San
Sebastián", ocasión que utiliza el teniente coronel para incidir en "la
incapacidad del Coronel Carrasco para llevar a cabo cualquier movimiento
de la naturaleza del que se prepara por su carácter nacionalista",
ofreciéndose para sustituirle en el mando, extremo que es rechazado por
Mola, afirmando éste que "el movimiento es imposible y no había nada que
hacer".
La reunión provoca una pobre impresión en Mola, al no encontrar
en San Sebastián nadie que merezca la confianza del "Director" para
responder "con toda escrupulosidad del planteamiento y ejecución de las
instrucciones que reciba. Hoy por hoy [8 de junio de 1936], San Sebastián
no existe en la conspiración, aunque en San Sebastián haya conspiradores".
En este punto Mola toma la decisión de seguir adelante con los planes
para San Sebastián, ciudad que en la que pese a que se preveían "algunas
escaramuzas con las milicias marxistas, se pensó que con un ligero apoyo
quedaría pronto dominada la situación". El dominio de Gipuzkoa -y el
cierre de la frontera francesa- era un punto fundamental en el minucioso
plan diseñado por Mola. El "Director", con la confianza de lograr el
control de San Sebastián acuerda con los carlistas que sea el General
Muslera quien tome el control de la situación en la capital donostiarra y
se sitúe al mando de los oficiales comprometidos.
De esta forma, a
principios de junio, la conspiración dirigida por Mola es organizada en
San Sebastián por tres capitanes de infantería (Visiers, Muriedas y
Sancho), dos capitanes de ingenieros (Miquel -enlace con los
tradicionalistas- y Padilla) un capitán de Sanidad (Muguruza) y el
teniente Leoz, falangista y enlace con el general en Pamplona. Al frente
de los mismos se situaría el general Muslera y su ayudante, el teniente
coronel de Estado Mayor Baselga. Carrasco permanece al margen y Vallespín
no cuenta en los planes de Mola.
Con este estado de cosas los planes
siguen adelante. Mola se entrevistará con Kindelán el 11 de junio en el
número 4 de la calle Matía del barrio donostiarra de El Antiguo,
recibiendo información de la preparación del movimiento entre las fuerzas
de aviación. Ese mismo día los capitanes Lastra, Vizcaíno y Vázquez se
entrevistan con oficiales de la guarnición de San Sebastián. Carrasco,
pese a conocer la presencia de Mola en la ciudad no se reúne con él.
A
finales de junio se produce una complicación inesperada. El general
Lacerda es sustituido al frente de la 6ª División Orgánica -con sede en
Burgos y de la que dependen las guarnicio-nes de San Sebastián y Pamplona-
por el general Batet. Este, fiel a la República, visita el día 4 Pamplona,
lo que obliga a extremar las precauciones de los conspiradores.
Las
fiestas de la capital navarra marcan la recta final de la conspiración. El
día 9 llega el general Fanjul a Pamplona quien en compañía de Mola y
Carrasco presencia los encierros. Esto lleva a afirmar a Hugh Thomas que
éste sería el encargado de "dirigir el alzamiento en San Sebastián". Esto,
como a quedado puesto de manifiesto, no era cierto y nada permite
corroborar la presencia de Carrasco en Pamplona en la fecha citada.
Carrasco, sin ningún género de dudas, conocía que se estaba gestando un
movimiento contra la República, pero nada hace pensar que conociera su
envergadura y nivel de preparación. Dada la relativa paz política de
Gipuzkoa es posible que pensara en una rápida solución -en caso de que
algo se llevara a efecto- al igual que lo ocurrido en 1923 y 1932, que
evitara tener que tomar una postura clara. Esta actitud, que como se verá
más adelante resultó definitiva para la suerte del alzamiento en San
Sebastián, le hace mantener una postura de ambigüedad, que algunos
consideran un posicionamiento izquierdista. Lo que el comandante militar
desconocía era que los militares comprometidos no contaban con él en sus
planes.
La conspiración pasa un momento difícil el día 10 de julio
cuando Batet se entrevista en el Monasterio de Irache con Mola. este le
asegura al jefe de la 6ª División orgánica; "no estoy comprometido en
ninguna aventura". Los rumores de un posible golpe militar son cada vez
mas inquietantes pero nadie era capaz de suponer las implicaciones del
mismo.
En San Sebastián la situación es complicada y Mola ya tiene
previsto el envío de tropas desde Navarra. Los tenientes García Benítez y
Leoz comunican que "saldremos como sea pero saldremos".
En la recta
final de la conspiración se incrementa el número de encuentros. El 12 de
julio Vallespín se entrevista de nuevo con Mola en Pamplona. El teniente
coronel presiona a Mola diciéndole que "si no pasaba el que suscribe
[Vallespín] a ocupar el puesto de Comandante Militar la preparación del
Movimiento en San Sebastián quedaba cortada en absoluto" .
Tras el asesinato de Calvo Sotelo, el día 13 de julio en Madrid, y ante
la insistencia de Vallespín, Carrasco se traslada a Pamplona el día 16
entrevistándose con Mola. Ese mismo día el comandante militar de Pamplona
tiene una segunda entrevista con Batet en Irache. El "Director", ante la
sospecha de que podía haber sido descubierto, acude con una escolta armada
de requetés al mando del capitán Halcón.
Esto provoca la alarma del
alcalde de Estella, el nacionalista Fortunato Aguirre, quien con la
colaboración del capitán de la Guardia Civil de la localidad, detiene a la
escolta tras la salida de Mola. Aguirre será fusilado al comienzo de la
Guerra Civil.
Al día siguiente, 17 de julio, Carrasco, en el cuartel
Artillería comunica a sus oficiales "que estuviera todo el mundo tranquilo
pues no había nada de tal movimiento, que así se lo había asegurado el
general [Mola] en Pamplona".
Por tanto, la víspera de la sublevación y
el mismo día que ésta daba comienzo en África, Carrasco aseguraba que nada
se iba a producir, lo que daba perfecta muestra de que los conspiradores
habían dejado absolutamente al margen de sus planes. Vallespín, pese a sus
intentos, no contaba en los planes de Mola. En la capital guipuzcoana la
conspiración descansaba en los oficiales conjurados y en el general
Muslera, que ese mismo día pasaba de Francia a San Sebastián para ponerse
al frente del movimiento.
2.- LA CONSPIRACION CIVIL
Una
vez que se ha tratado de analizar el desarrollo de la conspiración militar
y la implicación de la guarnición de San Sebastián, el siguiente punto de
atención debe ser tratar de profundizar en la trama civil de la
preparación del alzamiento en Gipuzkoa.
La primera instrucción reservada de Mola contemplaba la necesidad de
contar con la colaboración de los partidos contra-rios a la República para
hacer triunfar el golpe. Estos eran, por naturaleza propia, los
tradicionalistas -que contaban con una milicia paramilitar organizada, los
requetés- y las milicias de Falange Española. Hacia éstos, y
fundamentalmente hacia los primeros, se dirigirán los esfuerzos de
Mola.
El primer contacto de Mola con los tradicionalistas se produce el
3 de junio de 1936. En dicha fecha se entrevistaban en el puerto de
Azpiroz el dirigente alavés Oriol y el general.
El 11 de junio Mola se
entrevista con Zamanillo -delegado nacional de requetés- quien le comunica
que hay más de 8.000 carlistas encuadrados en unidades de requetés. En la
misma reunión le hace entrega de una carta del dirigente tradicionalista
Fal Conde. En ella se exponían las condiciones de este partido para el
apoyo al plan militar y se concretaban de la siguiente manera:
"1º
Medidas de orden público a juicio del Ejército
2º Derogación de la
Constitución, de las Leyes laicas y de las atentatorias de la unidad
patria y al orden social
3º Disolución de todos los partidos
políticos, incluso de los que hayan cooperado
4º Disolución de todos
los sindicatos y asociaciones sectarias. Incautación de sus fondos y
bienes y expulsión de sus dirigentes
5º Proclamación de una Dictadura
de duración temporal, con anuncio de la reconstrucción social orgánica o
corporativa, hasta llegar a unas cortes de esa naturaleza
6º Anuncio
de reforma de todos los cuerpos del Estado
7º La suprema dirección
política corresponderá a un Directorio, compuesto por un militar y dos
consejeros civiles designados previamente por la Comunión Tradicionalista.
El primero será Presidente del Directorio y del Gabinete, y tomará
especialmente sobre si la Seguridad Nacional (Ejército, Marina, Orden
Público, Comunicaciones y Transportes). De los otros dos el uno se
encargará del Ministerio del Interior (Ayuntamientos, Diputaciones,
Preparación de Régimen Foral, Corporaciones y Enseñanza profesional); y el
otro tomará a su cargo el ministerio de Educación Nacional (Propaganda y
Prensa, Enseñanza General -elemental y segunda- y relaciones con la
Iglesia)
8º Desarrollará las direcciones políticas del Directorio y
llevará la administración general del Estado un gabinete de ministros
técnicos, previamente elegidos de entre las personas mas capacitadas,
desprovistas de prejuicios partidista. Se da por supuesto que el
Movimiento será con la bandera bicolor".
Estas ambiciosas pretensiones debieron sorprender a Mola, quien se
entrevista con el dirigente carlista en Irache En ella Mola,
asumiendo la creación de un Directorio y la derogación de la Constitución
de 1931, manifiesta que la nueva institución de gobierno se comprometerá a
no suprimir el régimen republicano. El desacuerdo entre ambos fuerza a una
tercera reunión, que se celebra el 2 de julio, en casa del jefe de los
requetés del valle de Echauri, Esteban Ezcurra.
En esta reunión, a la
que asiste Zamanillo, no se logra ningún acuerdo al mantener los
tradicionalistas sus pretensiones de liquidar el régimen liberal y exigir
que "la futura política responda a los dictados de la religión y acometa
la reconstrucción política del estado sobre las bases sociales y orgánicas
para acabar con el parlamentarismo y el sufragio liberal".
Las
negociaciones entre Fal Conde y Mola se prolongan hasta el día 9 de julio.
Ese día el general se dirige al mandatario tradicionalista en duros
términos, dando por terminada la negociación. Pese a que Mola necesita de
los requetés para hacer triunfar el movimiento que planea, las exigencias
carlistas son excesivas.
Mientras se daba este cruce de cartas se
producían dos hechos que a la larga serían determinantes. En primer lugar
el viaje a Portugal de Antonio Lizarza, jefe regional del Requeté y hombre
fiel a Fal Conde. Su misión era interceder ante Sanjurjo -figura aceptada
por los carlistas- para que mediara entre Mola y Fal Conde. El general
admite que los tradicionalistas usen la bandera bicolor y asegura que en
un futuro se trataría de la implantación de un régimen político acorde con
los principios tradicionalistas.
El mismo día 9 de julio Mola se entrevistaba en Pamplona con el Conde
de Rodezno. Este, jefe de la minoría de la Comunión en las Cortes,
aconseja a Mola que trate directamente con los carlistas navarros,
evitando de esta manera a Fal Conde. Lizarza, todavía el día 14, se niega
a actuar sin un compromiso político. El día 15 el pretendiente Carlista y
Fal Conde comunican a Mola su apoyo a la sublevación en los términos de
Mola. El último obstáculo había sido eliminado y el "Director" fija la
fecha del alzamiento para la madrugada del sábado 18 de julio.
El otro
partido comprometido con la sublevación, Falange Española, no presenta
excesivos problemas para sumarse al movimiento. Su jefe nacional -José
Antonio Primo de Rivera- dirige desde la cárcel una carta abierta a los
"Militares de España" en la que les anima a intervenir para lograr la
salvación de España. En este documento, el líder falangista tras trazar
una visión catastrofista de la situación española, afirma -dirigiéndose a
los militares- que "ha sonado la hora en que vuestras armas tienen que
entrar en juego para poner a salvo los valores fundamentales".
Falange
no se implicará de manera decidida en la preparación del movimiento, a
nivel provincial, hasta finales del mes de junio de 1936. En una circular,
fechada el día 24 del citado mes, José Antonio indica a los jefes
provinciales que
"todo jefe, cualquiera que sea su jerarquía, a
quien un elemento militar o civil invite a tomar parte en la conspiración,
levantamiento o cosa análoga, se limitará a responder: "Que no puede tomar
parte en nada, ni permitir que sus camaradas la tomen, sin orden expresa
del mando central y que, por consiguiente, si los órganos superiores de
dirección del movimiento a que se les invita tienen interés en contar con
la Falange, deben proponerlo directamente al jefe nacional y entenderse
precisamente con él o con la persona que él de modo expreso designe"
Las dificultades de la Falange en 1936, con la mayor parte de sus
dirigentes encarcelados, fuerza a José Antonio a "descentralizar" la
participación del partido en la organización del movimiento. Fruto de esto
es la circular -fechada en Alicante el 29 de junio de 1936- en la que se
concede libertad a los jefes provinciales para tratar con los
conspiradores de su zona, incorporándose de ésta manera Falange Española
ya de manera plena al movimiento.
Por su parte Renovación Española,
liderada por Calvo Sotelo, y los monárquicos no se oponen al plan de Mola.
A diferencia de los tradicionalistas esperan hasta después del triunfo
para presionar y lograr un giro político de acuerdo a sus planteamientos.
En lo que se refiere a la trama civil de la conspiración en Gipuzkoa,
ésta descansará -fundamentalmente- en los tradicionalistas y en los
requetés.
El principal partido derechista de Gipuzkoa, por implantación
y número de afiliados, es la Comunión Tradicionalista. Con presencia en la
mayoría de los municipios guipuzcoanos, bien a través de los Círculos
Tradicionalistas o de los sindicatos profesionales, controlados
mayoritariamente, cuentan con requetés organizados en la mayor parte de
las localidades.
Aunque carecemos de datos exactos sobre la
organización de la actividad conspiratoria de los requetés guipuzcoanos.
Una serie de informaciones fragmentadas nos pueden servir de orientación.
El jefe provincial de requetés, Agustín Tellería, es detenido en el mes
de mayo al encontrase en su casa boinas de requetés pero no armas. Este es
sustituido por Juan Irizar, que recibe armas para la zona de Vergara de
manos del presidente del Círculo Tradicionalista de Eibar, Jorge
Uría.
Posteriormente, ya iniciada la Guerra Civil, serán localizados
depósitos de armas en los locales de la parroquia de Antzuola y en los
locales del Sindicato Profesional de Bergara. Los requetés estaban
organizados en las diversas localidades en pequeños núcleos (17 en
Antzuola, 24 en Bergara, 16 en Eibar, 12 en Zarautz, 13 en Azkoitia, 4 en
Zumaya...) pero en general contaban con escaso armamento. Esperan órdenes
de la Junta Carlista y se puede afirmar que su única actividad
conspiratoria es procurar lograr armas y realizar ejercicios de tiro y
entrenamientos paramilitares.
Por su parte los falangistas son todavía
mas escasos en número pero con una actuación claramente decidida. Jesús
Iturrino, jefe provincial de Falange, se entrevista con Mola prestando el
apoyo de los falangistas guipuzcoanos al alzamiento. Estos, pese a la
ilegalización de su partido siguen realizando una activa campaña de
propaganda, como lo demuestra que se siga vendiendo el diario "Arriba" y
se localicen en la "Editorial Vasca" de Zarautz abundante propaganda de
Falange.
Como se puede ver la organización del alzamiento en Gipuzkoa
era endeble y mal organizada. Los jefes militares no infundían confianza a
Mola y éste debe confiar en el General Muslera. La actitud a adoptar por
Carrasco era un enigma y las fuerzas paramilitares de la derecha no tenían
la potencia que en Navarra. Pese a ello, y dado el panorama político de
Gipuzkoa, Mola pensaba que sería fácil dominar el Territorio.
Para ello confía, en gran parte, en la inhibición de los nacionalistas
lo que unido a las fuerzas que tiene pensado enviar desde Navarra debería
permitir que se asegurase -sin demasiados problemas- el cierre de la
frontera francesa. Esta situación, a la que se sumaría la acción de los
militares comprometidos, consideraba era suficiente para el triunfo del
movimiento en Gipuzkoa. El resultado como veremos a continuación será bien
diferente.
Con respecto a los nacionalistas, desde la derecha, se hace
un intento de sumarlos a la conspiración a lo largo del mes de abril de
1936.
El intento de acercamiento se produce tras las elecciones de
febrero de 1936, en las que la retirada de la derecha propicia el triunfo
de la candidatura nacionalista. Con motivo de las celebración de las ante
votaciones para los comicios municipales que se han de celebrar en abril
de ese mismo año, nacionalistas y conservadores llegan a un acuerdo que
propicia que sea Pedro Zaragüeta -un monárquico procedente de las filas de
Antonio Maura- el candidato conjunto en las elecciones
municipales.
Este primer acercamiento lleva a una reunión en la que
participan miembros de Falange, Renovación Española, Comunión
Tradicionalista y CEDA. A ella, celebrada en casa de Fausto Gaiztarro,
acude el diputado nacionalista por Gipuzkoa Telesforo Monzón. En el
transcurso de la misma, el dirigente del PNV, muestra su posición
favorable a sumarse a un movimiento para frenar una posible revolución
comunista.
El desbloqueo de la situación del Estatuto del País Vasco
en las Cortes, debido a las iniciativas del líder socialista Indalecio
Prieto, hace que el PNV ya no acuda a más reuniones, aunque la actitud de
éste -como veremos- será vacilante al principio del conflicto.
Los planes conspiratorios de Mola tienen prevista una rápida solución
al alzamiento en San Sebastián. Los militares, al frente de los cuales se
situaría el general Muslera, se harían con el control de la ciudad con el
apoyo de los tradicionalistas y falangistas.
En el resto del
Territorio, la inacción de los nacionalistas permitiría un rápido control
por parte de los requetés. Mola tan solo preveía resistencia en las
cuencas industriales -en especial- la del Deba, en la que las
organizaciones obreras tenían una mayor implantación y fuerza.
Los
cálculos de Mola, en parte por la actitud dubitativa de los conjurados, en
parte por la decidida actuación de la izquierda hará que los planes
fracasen, como se verá en el capítulo siguiente.
EL
ALZAMIENTO
Una vez que hemos tratado de adentrarnos
en los resortes de la conspiración en Guipúzcoa, nuestra atención se debe
centrar el análisis de los sucesos que se dan en la capital donostiarra en
los primeros días de la Guerra Civil. Para ello resulta imprescindible un
estudio -lo más minucioso posible- de los acontecimientos, de las
actitudes y actuaciones de las diversas organizaciones políticas y
sindicales, así como de los principales personajes que intervendrán en los
acontecimientos. La cuidadosa preparación de Mola fracasará en Guipúzcoa, como se verá a
continuación, por la indecisión de los que debían ponerse al frente del
movimiento. Esto obliga a que Vallespín, pese a no contar excesivamente en
los planes de Mola, se responsabilice de llevar la sublevación adelante,
pero los retrasos y los problemas harán que fracase la sorpresa
convirtiendo en un combate abierto el intento de hacer triunfar la
sublevación militar en San Sebastián.
Junto a lo anterior la decidida
actuación de las fuerzas de izquierda, principalmente los sindicatos (UGT
y CNT), imposibilitan que los conjurados civiles -carentes de armas- se
hagan con el control de la situación, provocando el fracaso del alzamiento
en Guipúzcoa.
Esto, como veremos, obliga a Mola a una dura campaña
militar -que no entraba en sus planes iniciales- y le fuerza a distraer
parte de sus tropas de otros objetivos. Las dificultades encontradas por
los sublevados, junto a los problemas en otros frentes, retrasan el plan
inicial de un rápido avance hacia Madrid. El continuo envío de refuerzos a
Guipúzcoa retrasará y debilitará el avance previsto por Mola, desde la
periferia hacia el centro, pudiendo ser uno de los factores que
convirtieron la sublevación en una guerra de tres largos
años.
1.-COMIENZAN LOS PROBLEMAS (17-18 DE JULIO)
El plan de
Mola fijaba para la madrugada del sábado 18 de julio el comienzo de la
sublevación. A la hora citada los jefes de las guarniciones comprometidas
declararían el estado de guerra y se harían con el control de las mismas.
Pero una serie de acontecimientos harán que ésta tenga que adelantarse.
La tarde del día 17 de julio un acontecimiento fortuito provoca el
comienzo de la sublevación en Melilla. Mientras se ultimaban los detalles
del Alzamiento previsto para la madrugada del día siguiente, se ordena
-tras una confidencia- el registro de una dependencia en la que se
guardaban armas y se encontraban algunos de los conspiradores. La
intervención de legionarios insurgentes para evitar el registro
desencadenó la sublevación en el Marruecos español. Eran las cinco de la
tarde.
Inmediatamente son cortadas las comunicaciones con Madrid, y las
noticias que se reciben en la capital son confusas y contradictorias. En
Canarias, Franco, recibe la noticia de la sublevación en las plazas
africanas y decreta el estado de guerra en su jurisdicción.
Las
primeras informaciones de la existencia de problemas no tardan en llegar a
Guipúzcoa. Para reconstruir la situación de estos primeros momentos se
cuenta con escasa documentación y es necesario recurrir a testimonios
personales. Tres son los más importantes que se han logrado localizar; el
testimonio de Manuel de Irujo, las memorias de Sainz de los Terreros, y el
informe del industrial alavés Julio de Aranzábal.
Según el relato de
Irujo -diputado por Guipúzcoa- el día 17 de julio se traslada a Guipúzcoa
para asistir a una reunión de industriales convocada por los papeleros de
la zona de Tolosa . Ese mismo día, a "la hora crepuscular", se recibe la
noticia de la sublevación del ejército en África por lo que en compañía
del también diputado nacionalista por Guipúzcoa, Lasarte, se dirige a San
Sebastián.
En su recorrido en automóvil, desde el caserío Ameraun
-situado en el término municipal de Andoain- hasta la capital, parece que
ambos diputados sufren un intento de atentado. Según se desprende de los
documentos del Tribunal Popular de Euskadi , es detenido en Zarautz un
requeté que es sorprendido armado y esperando el paso del vehículo de los
diputados.
Esto genera varios interrogantes. ¿Porqué para trasladarse de Andoain a
San Sebastián se desvía Irujo por Zarautz? ¿La acción del requeté es un
hecho aislado o formaba parte de un plan preconcebido de la derecha para
eliminar a posibles opositores al movimiento? ¿Conocía Irujo con
anterioridad la posibilidad de que se produjeran problemas y por eso se
desvía en su camino? Las respuestas a estas preguntas, en el momento
actual, no pueden pasar de meras hipótesis. El motivo que lleva a Irujo a
desviarse por Zarautz puede suponer una elemental medida de protección. El
tomar una carretera secundaria hacia San Sebastián serviría para evitar
posibles controles de las fuerzas de seguridad o de izquierdistas armados.
En lo que se refiere al intento de atentado de Zarautz este parece no
pasar de una mera casualidad. Aunque no se incluye en el sumario, en la
causa instruida por el Tribunal Popular de Euzkadi contra los requetés de
Zarautz, se menciona que éstos tenían una lista en la que figuraban las
personas "a neutralizar" cuando diera comienzo el movimiento. Este
documento que no ha podido ser localizado, podría ser la clave para
responder de manera convincente a varias de las hipótesis
formuladas.
La circunstancia de que un requeté armado intente disparar
contra el automóvil de los diputados es -con el actual nivel de
conocimiento de los hechos- algo meramente fortuito y en todo caso debe
ser contemplado desde el prisma de la animadversión de los
tradicionalistas hacia los nacionalistas.
La tercera de las cuestiones
debe permanecer, al igual que las anteriores, dentro del campo de la
hipótesis. Desde las conversaciones de abril entre la derecha y los
nacionalistas éstos sabían que se estaba gestando un movimiento, aunque
desconocieran su amplitud y objetivos. Es impensable que Irujo, pese a
estar bien informado, conociera los detalles del alzamiento. Por tanto,
debemos pensar que el camino llevado por Irujo respondía, principalmente,
a motivos de seguridad tratando de evitar la carretera Madrid-Irún, en la
cual se podían encontrar presumiblemente dificultades.
Los dos diputados nacionalistas llegan finalmente a San Sebastián,
dirigiéndose al Gobierno Civil. En él encuentran al gobernador civil, el
republicano Artola Goicoechea, quien les asegura que la situación está
controlada y que "se trata de un brote que habría de ser reducido
pronto".
Al día siguiente, 18 de julio, la calma reina aparentemente en
San Sebastián. La prensa se publica como habitualmente y no ofrece ninguna
información sobre lo que ocurre en África, pero el ambiente indica que la
situación no está normalizada. Prueba de ello son los testimonios de Sainz
de los Terreros y de Julio de Aranzábal.
El primero de ellos se
traslada desde Madrid a San Sebastián en automóvil el día 18. Tras superar
varios controles de carretera sufre una "nueva detención de la Guardia
Civil al entrar en Guipúzcoa. En San Sebastián nerviosismo y expectación.
Suspensión de las conferencias telefónicas, y la prensa adicta al Gobierno
publicando noticias falsas firmadas por Molés [Ministro de la Guerra]". En
Irún, a donde llega el indus-trial alavés Julio de Aranzábal, el día 18 la
normalidad es absoluta a primeras horas de la mañana.
En la capital la
situación comienza a complicarse. La mañana del 18 de julio, Irujo y
Lasarte, vuelven a dirigirse al Gobierno Civil, donde hacen entrega al
gobernador de una nota en la que se afirma que
"Sea cual sea el
objetivo perseguido por los sublevados y la asistencia con que cuentan,
nosotros, como demócratas, tomamos partido por la encarnación legítima de
la soberanía popular representada en la República. Nos importa menos el
apellido de quienes se han colocado en facción o el de aquellos que cubran
su puesto junto a nosotros en defensa de la democracia como Régimen y de
la República como sistema de Gobierno"
La entrega de esta nota presenta una serie de dificultades, que deben
ser consideradas con más detalle, y a las que dedicaremos un punto aparte
para no interrumpir el análisis de los acontecimientos.
Lo que se
puede afirmar es que la nota es radiada por orden del Gobernador Civil, lo
que provoca la inmediata reacción de las fuerzas de izquierda. Los
dirigentes socialistas, republicanos, comunistas y de los sindicatos UGT,
STV y CNT se dirigen al Gobierno Civil donde constituyen un "gabinete de
crisis" en el que se incluyen también los diputados Irujo, Lasarte y
Amilibia.
Mientras ésto ocurría los militares no han efectuado ningún
movimiento. Únicamente, tras escuchar la alocución radiada, el coronel
Carrasco telefonea al Gobierno Civil manifestando "su total adhesión al
poder constituido". De manera simultánea los encargados por Mola de llevar
adelante el Alzamiento -que ya se encontraban en San Sebastián- no cumplen
los planes acordados.
El general Muslera y el teniente coronel Baselga
llegan a San Sebastián el día 17 por la tarde. Ese mismo día lo hace,
según afirma Vallespín, el coronel Ortíz de Zárate, vestido de paisano y
en el coche del diputado y comandante de ingenieros Maximiliano Pardo.
Un informe, remitido a Mola por un tal A. Sagardía, pone de manifiesto
la existencia de un plan de alzamiento en San Sebastián que no se estaba
cumpliendo. En el citado informe se señala que
"el día 18 del
presente [mes de julio] salí de Pamplo-na llevando las órdenes del General
Mola para el Teniente Coronel Vallespín para que el domingo [día 19] a las
9 de la mañana declarase el estado de guerra".
Estas llegadas
clandestinas a la capital donostiarra nos permiten analizar, con toda
claridad, el plan de Mola para San Sebastián. Este, vista la indecisión de
Carrasco, ordena a Vallespín, en contacto directo con los oficiales
comprometidos y la tropa, que declare el estado de guerra, luego sería el
momento de Muslera de ponerse al frente de éstas para hacer triunfar el
alzamiento. Pero las indecisiones, como veremos más adelante, harán que
todo fracase.
Volviendo a la situación que se vive el día 18 en San
Sebastián, las tropas son acuarteladas por orden de Carrasco. Este, junto
con el teniente de Artillería Jesús de la Presilla, observa como, sobre
las siete de la tarde, las armerías son asaltadas por elementos del Frente
Popular en busca de armas.
A medianoche el gobernador civil llama por
teléfono a Carrasco al percatarse de que no se había personado en el
Gobierno Civil "según su costumbre en casos análogos". Por toda respuesta
éste manifiesta "que estaba muy cansado y que no pasaba nada".
En la madrugada del domingo 19 Carrasco llama de nuevo al Gobierno
Civil diciendo que están siendo atacados, lo que supone la primera acción
violenta en San Sebastián. Las organizaciones de izquierda se han hecho
con armas y esto provoca la alarma entre los militares y las fuerzas de
seguridad.
De madrugada Carrasco ha llamado al comandante de
carabineros Herminio Fernández Ríos para que acuda a la Comandancia
Militar. Cuando este llega a la misma encuentra a éste "paseando solo y
preocupado".
A las cuatro de la madrugada Carrasco llama al teniente
coronel de artillería Eloy de la Brena y a Vallespín, como responsables de
los cuarteles de Loyola, indicándoles que acudan igualmente a la
Comandancia Militar.
Vallespín se opone a esta medida. Ante la
insistencia de Carrasco cumple la orden, pero se hace acompañar de dos
vehículos blindados de escolta, mandados por el teniente Leoz, que como ya
se ha señalado era uno de los comprometidos con la sublevación. Como
medida de precaución Vallespín ordena que se prepare una columna del
regimiento de ingenieros formada por cien hombres con blindados y
artillería al mando del capitán Miquel, también comprometido. Esta debería
estar dispuesta para salir al primer aviso.
La comitiva que se dirige a la comandancia es tiroteada a su paso por
el Boulevard de la capital donostiarra, resultando un soldado muerto. Las
dos ametralladoras apostadas en la Comandancia Militar abren fuego por
orden de Vallespín, y en contra de la opinión de Carrasco, entablándose un
tiroteo.
Este último telefonea rápidamente al Gobierno Civil afirmando
que no se ha sublevado y que está siendo atacado, a la vez que pide que se
envíen fuerzas de la Guardia de Asalto para proteger la comandancia.
De manera simultánea, desde Radio San Sebastián, se emite un mensaje
en los siguientes términos:
"Resignado el mando de la autoridad
civil, y habiendo secundado las fuerzas de la guarnición el movimiento
militar encaminado a terminar con el actual estado de anarquía, y a
restablecer el orden en la patria, queda declarado el estado de guerra en
la capital y provincia, entrando en vigor todas las disposiciones del
Código de Justicia Militar, sometidos a mi autoridad todos los infractores
de los mismos y cuantos perturben el orden. De la sensatez y patriotismo
de todos los guipuzcoanos espero la colaboración necesaria. ¡Viva España!
¡Viva el Ejército! El Comandante Militar León Carrasco."
Este mensaje, que debe ser atribuido a la trama civil de la
conspiración, viene a aumentar la confusa situación que se está viviendo
en la ciudad. En todo caso milicianos de la UGT se desplazan a la radio
tomando el control de la misma.
Vallespín, según expone en su informe,
da a conocer a los oficiales reunidos en la Comandancia Militar su plan
para apoderarse de San Sebastián. Este encuentra la oposición de los
oficiales congregados y del capitán Muriedas, que acude a la Comandancia
con dos piezas de artillería para reforzar su defensa.
El rechazo de
las intenciones de Vallespín por parte de los mandos de las fuerzas de
seguridad es decisiva para hacer fracasar el levantamiento. Tanto el
teniente coronel de Carabineros Carrión, como el de la Guardia Civil
Saturnino Bengoa, manifiestan su intención de permanecer junto al
gobierno. Carrión manifiesta a Vallespín que
"todos los jefes de
cuerpo debíamos ir al Gobierno Civil acompañando al coronel para ponernos
a las órdenes del Gobernador Civil"
a lo que Vallespín responde
que "no iría ni atado". En este momento se puede afirmar que la
sublevación como tal a fracasado. Las fuerzas del orden han manifestado su
intención de permanecer leales al gobierno y el Comandante Militar se
decanta por la legalidad. Los planes de Mola fracasan al no poder
Vallespín controlar la situación y que Muslera se hiciera cargo de la
ciudad.
Ante esta situación no se produce la prevista declaración del estado de
guerra el domingo por la mañana. Esto hizo fracasar los planes de
concentración de los requetés y falangistas en la plaza del Buen Pastor,
prevista tras la declaración del estado de guerra, disolviéndose éstos al
no tener armas y ante "la presencia de grupos armados de socialistas que
impedían el tráfico por las calles".
Por tanto el día 19 por la mañana
el alzamiento ha fracasado. En la Comandancia Militar se presentan
guardias de asalto y agentes de vigilancia con la intención de acompañar a
Carrasco al Gobierno Civil.
Vallespín se dirige a los agentes, a los
que les indica que si "en media hora el coronel no ha regresado iría a por
él". El inspector de policía Rafael Labadía declara que el teniente
coronel les dice que "ustedes lo llevan, ustedes lo traen, pues de lo
contrario me encargo yo de ir a por él". A esto responde el teniente de
asalto Conde "que ellos venían a requerimiento del coronel, el cual podía
quedarse o no si así lo estimaba conveniente".
Carrasco llega
definitivamente al Gobierno Civil a las ocho de la mañana del domingo día
19 y Vallespín, como se verá más adelante, decide regresar a Loyola para
tratar de seguir adelante con la sublevación.
2.- LA ACTITUD DEL PNV
Llegados a este punto, y antes de seguir
con el desarrollo de los acontecimientos, es necesario detenerse para
considerar -de manera detallada- la actitud adoptada por los nacionalistas
en estos primeros días de conflicto.
Como ya hemos señalado, Irujo y
Lasarte se entrevistan con el gobernador civil la tarde del día 17, al que
entregan un mensaje, que según Garmendia comienza a ser radiado el día 18
a partir de las 15,30 horas.
Pero la verdadera importancia de esta
nota son sus consecuencias. El día 18 se convoca una reunión de urgencia
del EBB en San Sebastián. Como resultado de ésta, la dirección
nacionalista acuerda la redacción de una nota en la que Irujo quedaba, en
cierta medida, desautorizado. Según Elías Etxeberría, miembro