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Gipuzkoa 1936

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EGUNAREN ALBISTEA


Del Frente Popular de Oñate

Astelehena, 1936ko abuztuaren 17a

Páginas:

FRENTE POPULAR
ANO I
DIARIO DE LA REPUBLICA
NUMERO 22

Redacción, Oficinas y Talleres: Garibay, 34
Teléfonos: 14.621 y 14.634
San Sebastián, lunes, 17 de Agosto de 1936

UNA FECHA
EN EL SEXTO ANIVERSARIO DEL PACTO DE SAN SEBASTIAN

En tal día como hoy se reunieron en los locales de Unión Republicana (en la actualidad, Izquierda Republicana) los más destacados representantes de los partidos republicanos españoles, conviniendo el famoso Pacto, por el que se iniciaba el desenvolvimiento de una acción revolucionaria, para implantar en España la República.

De lo tratado en la reunión, aparte la nota oficiosa, que en el mismo día se hizo pública y que fué facilitada por Indalecio Prieto, se han publicado en la Prensa variadas informaciones, que no consideramos necesario recordar al lector.

Sí habremos de recordarle, en cambio, cómo se cumplieron los compromisos contraídos y cómo actuaron más tarde los que entonces, por circunstancias especiales, destacaban como más caracterizados prohombres en los que se pudiera encarnar la esperanza del triunfo.

Fijémonos en dos nombres odiosos para el pueblo español: Lerroux y Alcalá Zamora. Con la sola enunciación de estos nombres queda implícita la condenación de sus actos. Son los principales traidores a la República, los que la han traicionado. Primero, no permitiendo que se cumpliera, en toda su amplitud, el Pacto de San Sebastián. Después, abriendo la fortaleza al enemigo reaccionario. Más tarde, sumándose a éste para organizar la terrible sublevación que asola a España.

Uno de ellos, más conocido en sus trapacerías de viejo zorro, Lerroux, fué prontamente señalado como peligroso a la opinión republicana. Lo hizo Indalecio Prieto precisamente el día 29 de junio de 1931, o sea el siguiente de celebrarse las elecciones Constituyentes. Que no se había equivocado en nada el leader socialista lo han demostrado los hechos que en el transcurso y desenvolvimiento de la vida republicana se han venido sucediendo.

Pero al más terrible y emboscado enemigo no se le conoció hasta más tarde. Se le conoció cuando ya no era posible remediar el mal que había hecho, ni se podía suponer el que aún haría y está haciendo. Era y es el enemigo público número uno y se llama Niceto Alcalá Zamora.

Polarizada en este nombre y alrededor de este hombre la atención del país, fué, triste es decirlo, árbitro de los destinos de España. En la Presidencia del Gobierno provisional, primero; en la Cámara Constituyente, después; más tarde en la Presidencia de la República; y ahora, colaborando a la insurrección desde el extranjero.

Por Alcalá Zamora, que obtuvo la colaboración de unos y el espeto rexcesivo de otros, se truncó la revolución española en sus comienzos. La diversidad de los grupos republicanos, su escasa organización, sus diferencias y la ciega confianza que en este pueblo ingenuo tuvieron a bien otorgarle unos y otros, nos han traído al trágico estado actual.

Lerroux, viejo logrero, con mesa bien servida, automóvil rutilante y empaque de gran señor, era vigilado y tolerado por la vieja teoría del mal menor. Despreciado por las mesnadas monárquicas, se le halagaba con participaciones en Consejos de Administración y rendimientos de negocios y negocitos. Pero se le conocía y no se le dejaba avanzar. Ya era ello una tremenda equivocación. Pero ésta adquirió rango de catástrofe al elevar, por contraposición y en frente de él, la figura de Alcalá Zamora.

Este supo representar la comedia del ascetismo, del hombre bueno, del espiritu sincero y leal. Con su oratoria de florilegio retórico, sembró de palabras el camino y tuvo en los políticos y en España toda, salvo contadas excepciones, un auditorio embobalicado, que escuchaba las palabras y descuidaba la realización de hechos. Y así nos ha lucido el pelo a todos.

Alcalá Zamora, representación típica del moro murciano, aunque su ascendiente moruno sea cordobés, que era el moro señor y señero, llevó siempre embozada la traición en los pliegues de su palabra y en los recovecos de su conducta.

Primeramente, y ya es un hecho notorio, estando recluído en la cárcel de Madrid y siendo, por su calidad de presidente del Gobierno provisional que asumía la dirección del movimiento revolucionario, su principal responsable, dijo que nada tenía que ver con los revolucionarios de San Sebastián (había por medio peticiones de pena de muerte) y dejó a aquellos hombres entregados a su suerte, mientras él se paseaba d’as después, libre de todo compromiso.

Advenida la República, fué el valladar infranqueable para que los mandos en la Administración se removieran y fueran ocupados por personas fieles a la República y a la legalidad republicana.

Más tarde, en el Parlamento, libró batallas tremendas en defensa de la llamada cuestión religiosa y se declaró revisionista de la Constitución.

Mientras esto hacía públicamente, en reservado decía, a quien le quería oír, pestes de Lerroux y lo señalaba como el enemigo serio de la República. Hábil política que pudo engañar y hacer creer en su ascetismo, en su moralidad y en su republicanismo y fué elegido presidente de la República.

El viejo germanófilo, pues los republicanos ignoraban o nos e supieror enterar de que Alcalá Zamora había sido germanófilo y abogado de la Embajada alemana; el confesional jesuizante, teórico y práctico, supo, desde tan alto puesto, engañar nuevamente. Y cuando algunos comenzaban a iniciar sospechas, se les decía, ingenuamente:
-No tengáis cuidado. Lo hemos encerrado en una jaula de oro en la que nada podrá hacer.

¡Y vaya si hizo! Porque no estaba en una jaula de oro, sino en el más alto fortín de la República, desde donde emplazaba las baterías hacia un objetivo de concreta finalidad.

Convertido en ombligo de España, aguardó, ayudándolos, a los acontecimientos. Fué uno de los principales, sino el principal, iniciador de la instrucción a las Cortes Constituyentes. Y cuando creyó el momento oportuno las disolvió, entregando el poder y el decreto de disolución a ese Lerroux de quien tanto abominara antes. E impuso sus condiciones. A sus peones Rico Avello, en Gobernación; Publio Suárez Uriarte, en la subsecretaría de la Presidencia; a otros en otros cargos. Y se fué al aplastamiento de todo lo que significara política de izquierda.

Triunfante a la derecha, repitió la maniobra de su época de presidente del Consejo. Ahora le tocaba hablar mal de Gil Robles, en público y en privado, al mismo tiempo que procedía de acuerdo con él y procuraba destruir o anular a lo poco sano que restara del partido radical, teniendo de esa manera atado y a sus órdenes al viejo ex caudillo a cambio de tirarle unas migajas de dinero en negocios sucios y madio limpios.

Mientras tanto, se sucedían sus visitas a diversos pueblos, sus discursos ante las guarniciones, su exaltación de las virtudes del ejército español. Y en la Cámara privada de Palacio entraba más veces el Nuncio Tedeschini que el presidente del Consejo.

Presidió todo el desastre de la política española. En cada crisis imponía sus ministros, bien fueran el almirante Salas, otro traidor de ahora, el jiboso Chapaprieta, Zabala, Benayas, Cirilo del Río, etc.

Así y todo siguió jugando brillantemente la traición. Denostando a Gil Robles le abrió paso en octubre, pese a estar prevenido de lo que esto podía suponer, y desencadenó con ello la tragedia de Octubre.

Despés, simuló que frenaba. Enviaba comisarios y compinches para sembrar en el campo político la desorientación. En la crisis de octubre se negó a que fuera ministro de la Guerra Cid, alegando que esto disgustaría a las izquierdas, y pocos meses después entregaba ese ministerio a Gil Robles. Pese a lo cual aún seguían los estrategas de café y los ingenuos republicanos defendiéndole.

Meuerto el Parlamento faccioso, deshechas las derechas, sin salida ni remedio, fué a la segunda disolución, colocando en el preámbulo del decreto un nuevo en indignante acto de poder personal. Hizo un nuevo movimiento estratégico, encargando de formar Gobierno a Maura para entregar para entregar el Poder a Portela Valladares, otro traidor más, que, de acuerdo con Gil Robles y jugando para despistar su afiliamiento a la masonería, trató de robar al pueblo la indiscutible victoria electoral que le correspondía. Y para ello tiró por la borda a De Pablo Blanco, el politiquillo cordobés a quien hizo ministro por esconder en el cajón de su despacho el documento en que los agentes de escolta de Azaña demostraban, palmariamente, que el jefe de Izquierda Republicana no había tenido participación en el alzamiento catalán de octubre.

Después todo es tan reciente que de sobra es conocido. Desengañados ya los republicanos, viendo el tremendo peligro que suponía ese hombre en el sitial que ocupaba, lo arrojaron de él.

Pero ya era tarde. Desde el escondrijo de su domicilio particular de la calle de Francisco Oliver, se ataron los últimos cabos de lo que se había comenzado a ordenar con Gil Robles en el ministerio de la Guerra, y se fué a la sublevación, poniendo antes tierra de por medio y escapando el traidor a Alemania, para poder seguir libremente desde el extranjero moviendo sus peones y dejando aquí como recuerdo de esa familia oprobiosa al trasto de Queipo de Llano, su consuegro, que ni por su prestigio personal ni por sus dotes militares puede haber sido aceptado por los generales sublevados más que como un representante en España del máximo traidor que intentaba asesinarla desde fuera.

Porque esta es la trágica verdad.

Por encima de Lerroux y de Gil Robles, de los políticos traidores y de los generales facciosos, hay un responsable principal: Niceto Alcalá Zamora, que empezó a traicionar a la República desde el mismo día en que asistió a la reunión del Pacto de San Sebastián. Que la siguió traicionando luego desde el más alto puesto de la confianza del pueblo, son sus actos y sus propagandas, abriendo de par en par la fortaleza al enemigo, que ha culminado sus criminales actos con la traición de ahora.

Eso es lo que nos viene a la memoria en este sexto aniversario del Pacto de San Sebastián.

Y la afirmación de un campesion andaluz, hombre de pueblo a quien con acento certero, y refiriéndose al “Botas”, oímos una vez decir:
-“¡Qué suerte tiene este tío! Es el único gitano al que todavía no ha detenido la Guardia civil.”


En defensa de la República
¡Cúmplase la Justicia inexorable!

No tendrá ejemplaridad la pena de muerte, pero es indudable que tampoco la tiene el perdón

Nadie más enemigo de la pena de muerte que la República. No la tiene en su Código penal. Subsiste en la jurisdicción militar, porque en las Cortes constituyentes hubo voces muy autorizadas que la reclamaban como necesaria para la disciplina, que es la salud del Ejército, y para la seguridad del Estado, amenazado siempre en España por los pronunciamientos militares.

Pronto se vió que tenían razón lso que así opinaban. No había transcurrido un año después de abolir la pena de muerte en la jurisdicción ordinaria, cuando se sublevó Sanjurjo en Sevilla. Los tribunales le condenaron a la últimapena y la República se apresuró a indultarle, condonándole por la de reclusión la sanción inexorable que había merecido. Luego, en 1934, se le comprendió en la amnistía que se dió para los sublevados del 10 de agosto de 1932, reitregándole en todos los honores de su jerarquía de teniente general...

¡No habrá quien pueda dudar de la magnanimidad de la República!

Han transcurrido dos años más y se ha producido la sublevación infame que estamos combatiendo. Al frente de ella, el mismo Sanjurjo, indultado primero y amnistiado después, y con él una buena parte del generalato español y casi toda la oficialidad que había jurado y prometido, bajo palabra de honor, lealtad y fidelidad en la defensa del régimen.

Vuelven a funcionar los tribunales competentes. De nuevo se firman sentencias de muerte; pero ahora se cumplen con la misma presteza que antes se condonaron por las inferiores inmediatas.

Es que ahora se derrama a torrentes en los frentes de batalla la sangre española; es que caen e pelotón, fusilados sin formación de causa, no cientos sino miles de ciudadanos que no cometieron más delito que el de esar afiliados a unpartido del Frente Popular; es que los desmanes de la retaguardia de la sublevación se suceden como en tiempos de las guerras carlistas; es que el cura Santa Cruz y el cura Merino están mandando los requetés que integran los llamados tercios de Navarra; es que la fiera ha olfateado la sangre y no se sacia con nada; es que la piedad republicana fué agotada por la crueldad de los enemigos de la paz, de la libertad y de la República; es que el Poder público, con la espada en alto para defender la soberanía nacional, tiene que ser inflexible, inexorable en las sancioens que dicten los tribunales.

En ningún periódico del mundo se publicaron tantos artículos como en éste reclamando respetos para la vida humana, condenando la pena de muerte, execrando el crimen, lo mismo si lo comete el individuo que la sociedad. ¿Pero a quién tenemos que reclamar hoy esos respetos para la vida humana sino a los que se sublevaron en armas, perpetrando una traición contra la República?

¿Cómo decirle a ésta “no matarás”, en trance de ser ella muerta?

Hay un derecho indiscutible, el más indiscutible de todos los derechos: el derecho de legítima defensa. En nombre de ese derecho se puede quitar la vida al prójmo que atenta contra la nuestra, si no tenemos otro medio de salvarla. Y ese derecho reconocido al individuo es extensible al Estado, a la sociedad organizada, para cumplir sus humanos fines.

¡Este es el caso de la República! Después de haber perdonado reiteradamente, generosamente, con la mayor amplitud que puede tener el perdón, son los mismos perdonados los que volvieron contra ella las armas que tenían para defenderla.

¿Qué remedio le queda sino defenderse, ahogando en sus entrañas la voz de piedad?

La pena de muerte no tendrá ejemplaridad. Así lo entendimos siempre. Pero por muy evidente que esto sea, la sublevación infame que estamos combatiendo demuestra que aún es más evidente la falta de ejemplaridad del perdón.

¡Cúmplase, pues, la justicia inexorable en defensa de la República!

(De “El Liberal”, de Madrid).


EN LA JORNADA DE AYER

UN AVIADOR LEAL OBLIGA A ENTRAR EN SANTANDER A UN BOU AL SERVICIO DE LOS REBELDES.


EN GIJON ES TOMADO AL ASALT O EL CUARTEL DE ZAPADORES Y HECHO PRISIONERO EL TENIENTE CORONEL

(Véase la información en tercera plana)


EL DIA DE AYER

EN LOS FRENTES DE COMBATE DE GUIPUZCOA

ZONA NORTE
Ninguna incidencia notable durante la jornada de ayer en los frentes de combate.

En los de Rentería, Oyarzun y Ventas de Astigarraga, se pudo decir que la tranquilidad fué absoluta, sí no hubiera habido algún que otro paqueo, de escasa importancia, iniciado por el enemigo, que se encuentra en la zona de Oyarzún y que fué puesto en silencio por la acción de nuestros fusileros, que mantienen intangible e inexpugnable el cerco a los facciosos en aquellos lugares.

Por lo que se refiere a la zona de Irún, se ha actuado durante el día de ayer con intensidad, pero principalmente en lo que se refiere a las organizaciones de retaguardia, preparando y acumulando elementos.

En lo que afecta a combate propiamente dicho, fué un día de reposo. Hubo, sí, algunos paqueos, pero muy débiles y sin continuidad. La única característica del ataque estuvo de parte de nuestra artillería, que localizó algunos núcleos enemigos tan pronto como fueron señalados por nuestros vigías, causando en ellos la consiguiente desmoralización y bajas vistas.


ZONA SUR
Tampoco es de registrar variedad notable en este frente. El enemigo demostró la misma hostilidad que en los demás frentes. Es decir, débl paqueo y un intento de avance de unos camiones, que fueron alejados rápidamente por tiro de mortero y fusilería de nuestros leales.

Posiblemente, la niebla baja, que hubo por aquellos lugares, fué un gran inconveniente para desarrollar movimientos de mayor envergadura, tanto por parte de los rebeldes como por parte nuestra. También contribuyó esto a dificultar la acción de la artillería, siendo la única habida la que demostraron nuestras baterías.

La aviación leal realizó algunos vuelos de reconocimiento, para determinar la situación del enemigo, a pesar de la escasa visibilidad en todo el frente.

La niebla dificultó los bombardeos, que solamente se efectuaron por un avión rebelde en territorio francés, según informamos en otra sección de este diario.


Los generales Navarro y Coronel son detenidos por las milicias

MADRID.- Entre las últimas detenciones practicadas por la Policía y las Milicias figuran las de los generales don Felipe Navarro, ex barón de Casa Davalillos, y don Alfredo Coronel.

También se ha detenido a bastantes elementos faccioso afectos a Falange, consideados como peligrosos en los archivos policíacos.

Los dos primeros detenidos han pasado a la prisión militar y los otros a la Cárcel Modelo.


“Entre nosotros no puede haber ladrones”

BARCELONA.- “Solidaridad Obrera” relata el siguiente episodio registrado en el frente aragonés:

“Se ha producido un barullo y es preciso indagar la causa de ello. En efecto, unos compañeros de las Milicias traen a otros fuertemente sujetos por nervuda mano. Un militante de la F. A. I., con otros de la C. N. T., han detenido a cinco sujetos por haberse apoderado indebidamente de una prenda de escaso valor, es cierto, pero perteneciente al dueño de la casa que paternalmente había compartido su mísero pan con ellos. Durruti se quedó pálido de ira. Nadie hablaba. Se había congregado en la plaza todo el vecindario. “Desarmarlos” –ordenó con voz potente-, y en un segundo los cinco fueron despojados de las armas. Los detenidos aparecían pálidos y temblorosos ante la muerte, que íba a saltar sobre ellos. “Cobardes –les dijo el valiente cabecilla-. Si habéis sido valientes para robar, serlo para morir también.” Y como obedeciendo a un resorte, los cinco sentenciados levantaron el pecho y echaron para atrás la cabeza. Durruti avanzó resuelto y su voz atronó de nuevo y repercutió en todos los ámbitos del pueblo, y dijo: “Por esta vez, por una sola vez, os perdono la vida; pero tened presente que entre nosotros no puede haber ladrones.”


PECHOS DUROS PARA LA LUCHA
En esta hora en que se pueden venti lar las situaciones decisivas para el triunfo de nuestra causa; cuando en otras zonas españolas el heroísmo de las fuerzas leales y de los combatientes de la ciudadanía logran espléndidos objetivos, como la toma de los cuarteles de Gijón, el estrechamiento del cerco terrible a que está sometido Oviedo; el avance de las columnas que se lanzan sobre Zaragoza y Teruel; la situación angustiosa a que se halla sometida Valladolid.

Milicianos de Guipúzcoa:
¡Pechos duros para la lucha!

Arrojo, denuedo, resistencia de roca, heroísmo. Eso exige el combate en que estamos empeñados.

Milicianos de Guipúzcoa:
¡Pechos duros para la lucha!


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