2014ko urriak 24, ostirala
Gipuzkoa 1936

VERANO Y REVOLUCIÓN
LA GUERRA CIVIL EN GIPUZKOA
Pedro Barruso

Hurrengoa

INTRODUCCION
Cuando está a punto de cumplirse el sesenta aniversario del comienzo de la Guerra Civil Española, uno de los hechos históricos que más bibliografía ha generado, puede parecer innecesario -o como poco repetitivo- plantear una investigación sobre el conflicto que se pretende novedosa. Este ha sido analizado -por activa y por pasiva- en numerosas obras, de diferente valoración historiográfica, pero que siempre aportan algo al conocimiento del conflicto aunque se condense en una breve nota a pie de página.
Si realizamos un rápido recorrido por la historiografía sobre el conflicto bélico de 1936 a 1939, podremos distinguir varias etapas claramente diferenciadas. La primera se corresponde con las que podemos denominar obras "de guerra", es decir aquellas publicadas antes de que diera fin el conflicto. Estas, como es fácil suponer, pertenecen todas al llamado bando nacional, pero no por ello carecen de importancia, al contrario son del máximo interés. Al ser obras de protagonistas directos de hechos muy recientes, y pese a su carga hagiográfica y ensalzadora de determinados personajes -o justificatorias de actitudes en otras- merecen la máxima atención. Dentro de este primer grupo -y en lo que a Gipuzkoa se refiere- debemos citar las obras de Morales (1937) y Sainz de los Terreros (1937). Entre las producidas por los republicanos dos destacan principalmente: el Informe del Presidente Aguirre al Gobierno de la República (1938) -pese a las escasas referencias que hace a Gipuzkoa- y el escrito de Manuel de Irujo La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto (1937), en la que se relata- por parte de un testigo directo- los sucesos acaecidos en la capital donostiarra.
Una segunda etapa en la historiografía sobre la Guerra Civil se abre, lógicamente, tras el final de la misma. En ésta nos encontramos con las primeras obras que podemos considerar de "carácter científico". Pese a ser escritas por personas pertenecientes al bando vencedor, y tener diversos objetivos, tres autores merecen ser destacados, Joaquín Arrarás, El Tebib Arrumi y Manuel Aznar.
Arrarás, y su equipo de colaboradores, en su monumental obra Historia de la Cruzada Española (1940), ofrecen relatos detalla-dos de los acontecimientos en cada territorio. Pese a su tono agresivo contra los vencidos, informa de numerosos detalles y filiaciones de personas que -sin jugar un papel principal- si tienen una actuación destacada en los diversos territorios. Por su parte El Tebib Arrumi (1940) realiza una serie de pequeñas obras sobre la Guerra Civil de fuerte carácter propagandista pero no exentas de valor.
Mención aparte merece el periodista Manuel Aznar. En su Historia Militar de la Guerra de España, publicada en 1940, se pueden encontrar interesantes análisis sobre las operaciones militares de la contienda.
A lo largo de la misma, siguen apareciendo obras de protagonistas, caso de las de Sierra Bustamante (1941), Loyarte (1944) y Echenadía (1945), de una gran interés pese a su fuerte carácter propagandista. En la larga etapa del franquismo se generan las principales obras referidas a los antecedentes del conflicto.
En los años 50 se publica la obra del secretario de Mola, Félix Maíz (1952), sobre la conspiración, a la que se unirán, en la misma línea las de Antonio Lizarza (1969) y Jaime del Burgo (1970).
La década de los 60 marca la irrupción de la historiografía anglosajona en el estudio de la Guerra Civil Española. Pese a que ya se habían publicado obras como la de Steer (1938) y Gerald Brenan (1962), serán Hugh Thomas (1967) y Stanley G. Payne (1965) los responsables principales de esta nueva línea. Estas obras, publicadas en castellano por la mítica editorial "Ruedo Ibérico", han soportado mal el paso del tiempo. La distancia y la lógica innaccesibilidad a las fuentes han hecho que obras consideradas "fundamentales" para la historia de la Guerra Civil hayan sido superadas, pese a que siguen siendo de obligada lectura para toda persona que desee acercarse al tema, bien como lector o como estudioso.
En la última etapa del franquismo comienzan a publicarse las Monografías del Servicio Histórico Militar, serie en la que el estudio de Martínez Bande dedicado a La Guerra en el norte (1969) supone una aproximación rigurosa y exhaustiva a la parte militar de la Guerra civil en el País Vasco. Pese a seguir estando realizada desde una cierta perspectiva del bando vencedor, los análisis y estudios de las diversas operaciones son del máximo interés.
La muerte del General Franco, en 1975, y el período de libertades que se inició a continuación tuvo una gran repercu-sión en la historiografía bélica española. Las obras de protagonistas vuelven a tener un desarrollo considerable. En esta ocasión las principales corresponden a personas que hicieron la guerra en el bando republicano. En lo que se refiere a Gipuzkoa las obras de Chiapuso (1977) y Amilibia (1978) son un claro exponente de esta nueva línea.
En ellas, al igual que ocurría con las obras de los protagonistas del bando nacional, la subjetividad tiene reservada una importante parcela. Pese a ello el testimonio de los protagonistas directos de los acontecimientos respaldan la valía de estas obras. Entre 1975 y 1986 la Guerra Civil será una constante en la historiografía vasca. Citar la extensa producción de esos años sería alargar en exceso estas líneas, pero basten como ejemplo la Historia General de la Guerra Civil en Euskadi -publicada entre los años 1979 y 1982- o la Historia de la guerra naval en Euskadi (1984-1985) de Romaña. Pero el verdadero "boom" historiográfico en lo que se refiere a la Guerra Civil se produce en 1986. Ese año, con motivo del cincuentenario del comienzo del conflicto se publica la obra colectiva La Guerra Civil en el País Vasco. 50 años después (1987) en la que se abordan aspectos muy diferenciados del conflicto bélico. A partir de este momento la Guerra será estudiada desde una perspectiva sectorial, abandonándose la idea de dar una interpretación global del conjunto. Aspectos poco analizados hasta el momento como la cuestión económica (González Portilla- Garmendia, 1988), la justicia (Granja, 1990), la incidencia a nivel local de la contienda (Boletín de Estudios del Bidasoa, 1986) y otros aspectos comienzan a tener una gran importancia.
La cuestión de la participación del nacionalismo vasco en la Guerra Civil requiere un tratamiento diferenciado. La ambigua posición del PNV, al menos en lo que se refiere a la primera fase de la Guerra en Gipuzkoa, cuenta con el estudio publicado conjuntamente por Ignacio Olábarri y Fernando de Merr (1983), anticipo de la que se puede considerar obra definitiva sobre el tema -al menos hasta el momento- publicada por De Merr en 1992.
Con este completo panorama historiográfico parece que es difícil ser original -o al menos tratar- aspectos no conocidos del conflicto de 1936-1939. Desde mi punto de partida esto no es del todo exacto.
En las obras de carácter general -dada su naturaleza- se solventa con excesiva rapidez el tema de la Guerra Civil en Gipuzkoa. La brevedad del conflicto (escasos 55 días desde el Alzamiento hasta la caída de San Sebastián) hace que el estudio de ésta se concentre en las operaciones militares para olvidar otros aspectos. En los estudios de carácter local -lógicamente- se analiza lo particular sin reflejar el panorama general del conflicto en el territorio guipuzcoano.
Es por ello que nuestro principal objetivo es trazar una panorámica general de la Guerra Civil en Gipuzkoa pero incidiendo en un aspecto fundamental, la especificidad del conflicto en el territorio guipuzcoano.
Esta estriba, principalmente, en el proceso revolucionario que se operó en este territorio entre julio y septiembre de 1936. La sublevación del 18 de julio desarticula los poderes establecidos, quedando el control de la situación en manos de "juntas de defensa" integradas fundamentalmente por los partidos y organizaciones de izquierda.
La presencia de éstas en el poder -como representantes de un grupo social (los trabajadores) diferente al que lo detentaba hasta el momento- supone el primer paso de un proceso revolucionario. La misma creación de las juntas, descendiendo incluso hasta el nivel de barrio en un claro modelo de organización "bolchevique", es otro de los elementos que nos llevan a plantear la hipótesis del origen de un ciclo revolucionario en territorio guipuzcoano.
El cambio de bases económicas -otra de las premisas necesarias para que se opere una revolución- también se esboza en Gipuzkoa. Los planes de regularización económica de la provincia, elaborados por la Comisaría de Finanzas, ponen las bases de lo que hubiera sido un completa revolución. Su esbozo, y no puesta en práctica ante el desarrollo del conflicto, se sitúa en la base del planteamiento de un proceso revolucionario en Gipuzkoa.
Con estos puntos de partida es necesario hacer una referencia a las fuentes documentales empleadas en el presente estudio. Dos son los archivos fundamentales: el Servicio Histórico Militar y el Archivo Histórico Nacional-Sección Guerra Civil de Salamanca.
En el primero de ellos se localizan todos los diarios de operaciones de las columnas que operan en Gipuzkoa durante la Guerra Civil. Pese a lo escueto de los mismos permiten reconstruir día a día la progresión de las tropas, con lo que se convierten en una fuente de primera magnitud. Junto a los diarios la documentación incautada a los republicanos. Ésta, no tan amplia como la anterior, sí permite tener la visión de las operaciones desde el bando contrario con lo que se completa la información procedente de los diarios.
La sección Político Social de Bilbao, del Archivo Histórico Nacional de Salamanca, sigue siendo la fuente por excelencia para el estudio de la II República y la Guerra Civil en el territorio guipuzcoano. A la misma se le unen otros fondos documentales -caso del Tribunal Popular de Euzkadi, y las series político sociales de Madrid, Santander y Barcelona- de obligada consulta.
Fuera del País Vasco otros centros merecen igualmente una breve referencia. En primer lugar el Archivo Histórico Nacional de Madrid, en cuyos fondos se conserva la Causa General. Este gigantesco sumario a la España Republicana, es una fuente de información de gran valor para el estudio de la Guerra Civil. De menor importancia, pero no por ello prescindibles son el Archivo Histórico de la Fundación Pablo Iglesias y el Archivo Histórico del Comité Central del Partido Comunista de España, ambos en Madrid.
En el País Vasco los fondos se encuentran agrupados en dos niveles. En archivos que podemos considerar "generales" y en los municipales. En el primer grupo debemos citar el Archivo General de Gipuzkoa, el Centro del Patrimonio Documental de Bergara y el Centro de Documentación de Historia Contemporánea. En este último se puede consultar parte de la documentación referente al conflicto depositada en archivos extranjeros.
En el apartado dedicado a los archivos municipales su valoración es muy desigual. Mientras que algunos (Andoain, Hernani, Mondragón, Rentería...) conservan una valiosa documentación, otros resultan decepcionantes.
Sin embargo, como valoración global de los archivos municipales guipuzcoanos, debemos decir que éstos son imprescindibles para el estudio del Primer Franquismo y la formación del nuevo régimen.
En el apartado hemerográfico debemos citar como fuente principal al diario Frente Popular. Este, único que se publicará en San Sebastián entre el 27 de julio y el 12 de septiembre de 1936, se convierte en el principal soporte historiográfico. Como complemento del anterior los diarios bilbaínos Euzkadi y El Liberal permiten completar determinados aspectos de la contienda.
Tras la ocupación de San Sebastián dos diarios tomarán el relevo. El tradicionalista La Voz de España y el falangista Unidad serán las principales fuentes hemerográficas para el fin del conflicto.
Tras estas líneas se puede tener la idea de la existencia de una copiosa documentación sobre la Guerra Civil en Gipuzkoa. Este extremo no es del todo exacto. Si bien es cierto que hay un buen número de documentos también debemos decir que faltan algunos de los más importantes. De las actas de la Junta de Defensa tan solo se conservan unas pocas, mientras que en los archivos municipales falta -o se encuentra sin catalogar- gran parte de la documentación del período.
Con estos planteamientos de partida el presente estudio se organiza en tres grandes apartados: de las elecciones de febrero de 1936 al Alzamiento, el proceso de la revolución y las operaciones militares.
En la primera parte la atención se centra en el proceso conspirativo en Gipuzkoa, tratando de analizar la implicación del comandante militar, coronel León Carrasco Amilibia, y las difíciles circunstancias en las que se desenvolvió el Alzamiento en el territorio guipuzcoano, hasta su fracaso definitivo tras la rendición de los cuarteles el 28 de julio de 1936.
En la segunda, centrada en la actuación de las juntas de defensa, se trata de estudiar su organización, su funcionamiento y el papel jugado por las mismas en el transcurso de la Guerra Civil. Finalmente, la tercera parte, se dedica a las operaciones militares realizando un recorrido sincrónico por los diferentes frentes abiertos en Gipuzkoa, tratando de buscar una coherencia y un plan preestablecido en el avance de las tropas sublevadas.
Para finalizar estas líneas introductorias es necesario hacer dos precisiones, una de carácter cronológico y otra de terminología.
En lo que se refiere a la primera, el presente estudio se extiende desde el 18 de julio a los primeros días de octubre de 1936. La razón no es el capricho de quien estas líneas redacta, sino de mayor peso, como pasamos a exponer.
El día 1 de octubre de 1936, es elegido en Burgos el general Franco como generalísimo de los ejércitos y asumía la Jefatura del Estado. El día 7 del mismo mes es aprobado por las Cortes españolas el Estatuto de Autonomía del País Vasco. A partir de este momento son dos concepciones del estado las que se enfrentan. La España republicana, encarnada por la Euskadi autónoma -con el Gobierno Vasco al frente- y la España nacional dirigida por Franco.
Esto hace que la sublevación se convierta en una conflicto más amplio, lo que da un cariz diferente a la Guerra Civil.
La Junta de Defensa desaparece y las tropas sublevadas se convierten en el ejército del bando nacional.
Al razonamiento anterior se une otro de carácter militar. La ofensiva de las tropas de Mola se detiene en las inmediaciones del límite con Vizcaya. La mayor preparación y potencia de fuego de los republicanos detendrán la fulgurante campaña de Gipuzkoa. Por otra parte el comienzo de la ofensiva sobre Madrid, tras ser levantado el cerco del Alcázar de Toledo -a fines de septiembre- desplaza los esfuerzos de guerra hacia la zona centro.
La última precisión es terminológica. El lector observará que se ha tratado de evitar la terminología al uso de "rojos" y "nacionales". Ambos términos son inexactos. Los republicanos, desde luego, no son todos "rojos" por lo que al referirnos a ellos preferimos utilizar la denominación más genérica de "republicanos". En lo que se refiere al bando contrario, en el período que nos ocupa se trata -técnicamente- de tropas sublevadas, y esto no responde a un capricho del autor, veamos por qué.
Al producirse el Alzamiento, el 18 de julio de 1936, Las tropas se sublevan al grito de ¡Viva la República! y las intenciones no son las de producir una transformación del estado tan profunda como se produjo. Si bien es cierto que desde un primer momento se generalizó el empleo de la bandera bicolor, esto como se puede ver en el apéndice documental, es una concesión de Mola a los tradicionalistas.
Entre julio y septiembre las tropas de Mola se han sublevado contra el gobierno de la nación. Sólo a partir del 1 de octubre de 1936 serán el ejército de la España nacional, dando pleno sentido al término de "nacionales". Por tanto en las páginas que vienen a continuación el termino "nacionalistas" tiene la acepción de referirse a los nacionalistas vascos, no a las tropas nacionales.
No quisiera terminar estas líneas introductorias sin hacer referencia a las deudas de gratitud contraídas a lo largo de la realización de este trabajo. En primer lugar al Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Gipuzkoa, que financió la recta final de esta investigación, que tiene su origen en el lejano año de 1988. Al personal del Servicio Histórico Militar y del Archivo Histórico Nacional de Salamanca, por sus facilidades para la consulta de la documentación y a todos aquellos que de una manera u otra han colaborado en que esta investigación llegue a buen fin.
San Sebastián, a 1 de octubre de 1994


PRIMERA PARTE: DE LAS ELECCIONES A LA GUERRA DE LAS ELECCIONES AL ALZAMIENTO (FEBRERO-JULIO DE 1936)


El camino que conduce a la Guerra Civil española no se inicia tras las elecciones del 12 de febrero de 1936, aunque como se verá más adelante, los principales planes conspiratorios se pondrán en marcha como consecuencia de los comicios. El largo camino hacia el desastre español de 1936-1939 se va fraguando a lo largo de los cinco años de República, durante los cuales el abismo existente entre las fuerzas de la derecha y de la izquierda se va haciendo cada vez más amplio. Las causas que llevaron a la Guerra Civil son múltiples y variadas, y no es éste el momento de analizarlas , pero si es necesario detenerse en la situación y en los acontecimientos de los meses previos al inicio del conflicto. Desde las elecciones al comienzo de la contienda se darán una multitud de hechos violentos por toda la geografía española que contribuyen a enconar aun más la situación. Es por ello, que dado el ambiente existente en el Estado se justifica plenamente la exposición de una panorámica general de la situación en Gipuzkoa entre febrero y julio. Cual es el ambiente previo a la guerra, en una sociedad eminentemente conservadora como la guipuzcoana , en la que el nacionalismo -situado en una posición política de centro- es la fuerza predominante y la dinámica sociopolítica de los meses previos al conflicto deben ser nuestros principales puntos de atención.

1.-LOS RESULTADOS ELECTORALES
La jornada electoral del 16 de febrero de 1936 tiene como resultado principal que la coalición de las fuerzas de izquierda, el Frente Popular, obtiene la mayoría absoluta en el parlamento español, logrando restaurar la mayoría izquierdista de 1931-33. En el País Vasco los resultados de la primera vuelta tan solo resuelven la lucha electoral en la circunscripción de Bilbao. En esta, de tradicional mayoría izquierdista, resultan elegidos Ruiz Funes (IR), Indalecio Prieto y Julián Zugazagoitia (PSOE) y Leandro Carro (PC de Euzkadi), junto a los nacionalistas Robles Aranguiz y José Horn.
Tal como afirma Granja, de no haber existido la segunda vuelta -y teniendo en cuenta los candidatos más votados- el PNV hubiera sufrido un importante descalabro electoral, al lograr siete diputados menos que en 1933, con lo que se hubiera alterado sensiblemente el mapa electoral vasco. Siguiendo este razonamiento en Gipuzkoa hubieran resultado elegidos un candidato del PNV (Irujo), tres de la Coalición Contrarrevolucionaria (Lojendio, Oreja y Paguaga) y uno del Frente Popular (Ansó), lo que hubiera ofrecido una imagen electoral del Territorio radicalmente distinta a la de 1933.
Según los cálculos de Rodríguez Ranz las diferencias de votos son mínimas. De esta manera, entre la candidatura mas votada -la nacionalista- y la menos votada -la del Frente Popular- tan sólo hay 10.000 votos de diferencia. A su vez los nacionalistas aventajan a la coalición de derechas en poco más de 5.000 votos, y ésta a la del Frente Popular en 4.000. Si a esto se une el fracaso del PNV, en su intento de lograr repetir en Gipuzkoa el "semicopo" de 1933 (lograr los escaños asignados a la mayoría y alguno de los reservados a la minoría), la segunda vuelta electoral que tendrá lugar el domingo 1 de marzo cobra una importancia inusitada en el Territorio.
Ante esta nueva convocatoria electoral es necesario poner de manifiesto algunas consideraciones referentes al mapa electoral guipuzcoano. En primer lugar señalar la confrontación "triangular" que se da en Gipuzkoa -y en todo el País Vasco- a diferencia de la bipolarización que se produce en el resto de la sociedad española, dividida entre "frentepopulistas" y "contrarrevolucionarios". La presencia del PNV -moderado y católico- supone un importante factor de corrección de la escena política a la vez que actúa como agente activo de la relativa paz social de Gipuzkoa.
Por otra parte es necesario destacar el avance de la derecha más conservadora en Gipuzkoa. De los 89 municipios del Territorio, la Coalición Contrarrevolucionaria es la más votada en 28 poblaciones . Pese a la escasa importancia demográfica de éstas -tan sólo Tolosa supera los 10.000 habitantes y Azkoitia, Oñate y Fuenterrabía los 5.000 con un porcentaje de población del 17%- se puede observar como una amplia zona del Territorio está controlado por la derecha. A su vez, se aprecia un traslado de votos -en torno del 8%- de la candidatura nacionalista a la derecha.
El Frente Popular, a su vez, se impone tan sólo en seis localidades, las de mayor importancia demográfica (suponen el 44% del total) pero no logra un avance ni geográfico ni político con respecto a 1933 y mucho menos consigue recuperar los niveles de 1931. Por tanto en el sistema político de Gipuzkoa el elemento más débil del mismo, la izquierda, será en quien recaiga de manera directa hacer frente a la sublevación. Dada su implantación en la zona urbana -y en especial en la comarca de San Sebastián- en la que se desarrollará la primera fase de la Guerra Civil, su reducida influencia en el resto del Territorio se verá compensada de manera que pueda alterar el desarrollo de los acontecimientos.
Pero centremos nuestra atención en la segunda vuelta de las elecciones. Un elemento distorsionador se producirá escasos días antes de la convocatoria a las urnas, al anunciar la Coalición Contrarrevolucionaria la retirada de su candidatura. Las razones son varias.
En primer lugar se debe tener en cuenta la victoria por mayoría absoluta del Frente Popular a nivel estatal, lo que hacía inútil el esfuerzo de los candidatos derechistas, y la desmoralización que ello conllevaba. Tras esta razón -que podemos considerar externa- se producen varias de carácter interno.
La primera, por su importancia, es el reconocimiento que se produce, por parte de la jerarquía eclesiástica de la licitud del voto al PNV, al que consideran un partido católico. Esto supone un duro revés para los contrarrevolucionarios, que basaban parte de su campaña en presentarse como los únicos candidatos católicos frente al laicismo de la izquierda. Esto lleva a que, dada la situación política, los candidatos de la derecha, traten de lograr un mal menor, por lo que optan por la retirada, con la intención de contribuir, al menos con la inacción, a la victoria de los nacionalistas.
Pero en el anuncio de la retirada de los conservadores, acordada el día 26 de febrero en una reunión de las directivas de la Comunión Tradicionalista y de la Unión Regionalista de Guipúzcoa (URG), se observa una división de opiniones.
Mientras la CT y URG, mediante un manifiesto hecho público en la prensa da libertad de voto a sus simpatizantes, pero indicando "que ni una sola papeleta debe ser depositada en las urnas como dejación de vuestras convicciones y de vuestros sentimientos", lo cual se puede entender como una clara invitación a la abstención. El otro socio de la coalición, Derecha Vasca Autónoma (DVA) manifiesta una orientación diferente. DVA, en la nota hecha pùblica por su directiva, recomienda a sus afiliados y simpatizantes que "presten el domingo próximo el concurso de sus votos a la única candidatura católica", en una clara recomendación del voto en favor del PNV. Este, a su vez, ante el fracaso del intento de semicopo en febrero, retirará a Monzón de la lista de candidatos optando unicamente a los cuatro escaños que se adjudican a la mayoría.
Por tanto, como se puede observar el posicionamiento de las fuerzas conservadoras guipuzcoanas es diferente. Mientras la CT y RE abandonan definitivamente la lucha electoral y se posicionan abiertamente contra la República, la CEDA, mantiene sus convicciones democráticas y trata, al menos, de propiciar la victoria de la candidatura más próxima a sus planteamientos políticos.
La jornada electoral de marzo, a diferencia de la de febrero está plagada de incidentes. En San Sebastián y otras localidades se registran incidentes -disparos, rotura de urnas, coacciones...- a consecuencia de los cuales se produce un muerto en Oyarzun y fuerza a repetir las elecciones en varias secciones de San Sebastián y una de Mondragón el día 3 de marzo.
Tras los resultados del día 1 el candidato republicano Apraiz retira su candidatura para propiciar la elección del republicano Ansó y del socialista Amilibia.
El día 3 se repiten -e incluso se incrementan- los incidentes provocados principalmente por grupos de socialistas y comunistas. Finalmente, el día 8 de marzo, la junta electoral hace pública la elección como diputados de los cuatro candidatos del PNV (Irujo, Lasarte, Irazusta y Picavea) y de dos de la del Frente Popular (Ansó y Amilibia).
De esta forma la triangulación política de Gipuzkoa se reducía a un esquema bipolar ante la inminente sublevación. La derecha se posiciona ya abiertamente a la República. Por su parte, el segmento del sistema político guipuzcoano que se enfrentará al alzamiento se reduce a los nacionalistas y al Frente Popular, que como se verá en el capítulo siguiente mantendrán posiciones diferentes.

2.-LAS FUERZAS POLITICAS EN GIPUZKOA


Antes de seguir adelante con el estudio de las circunstancias previas al inicio de la Guerra Civil, es necesario trazar un breve panorama de las fuerzas políticas y sindicales existentes en Gipuzkoa en 1936.
Aunque no existe un estudio dedicado al sistema de partidos en el Territorio Histórico, una serie de trabajos nos permitirán trazar un panorama, que sin pretensiones de ser exhaustivo, nos ofrece una visión general de los mismos. Para ello, dejaremos a un lado la tradicional división entre partidos de derecha o de izquierda para establecer una división en partidos nacionalistas, obreros y republicanos. A éstos se unirán las fuerzas que se sumarán al alzamiento (tradicionalistas y Falange) y una breve referencia a las organizaciones obreras.
De esta forma se podrá establecer una relación entre su peso real en la política guipuzcoana y su actuación durante el proceso revolucionario que se vivirá en Gipuzkoa entre los meses de julio y septiembre, dando una visión completa de la situación.

2.1 LOS PARTIDOS NACIONALISTAS

El nacionalismo vasco está representado en Gipuzkoa por dos organizaciones; el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Acción Nacionalista Vasca (ANV). Pese a compartir una misma base ideológica ambos se encuentran en posiciones políticas diferentes. Mientras el PNV se coloca en una pragmática situación de centro político, ANV se integra en el Frente Popular como se verá a continuación.

2.1.1 Partido Nacionalista Vasco
La principal fuerza política de Gipuzkoa en 1936 es, sin ningún género de dudas, el PNV. Tanto su implantación, que alcanza a 67 de los 89 municipios guipuzcoanos, como su potencial humano puesto de manifiesto en las convocatorias electorales, le confiere un papel determinante ante la sublevación de julio de 1936.
Los planteamientos políticos del PNV, centrados en la obtención del autogobierno, han llevado al partido a adoptar una posición política de centro. Tras la ruptura de su alianza con la derecha tradicionalista, el PNV ha seguido un proceso de deslizamiento hacia posiciones de "centro" político. En 1936 el nacionalismo se diferencia de las opciones conservadoras en los planteamientos autonomístas. A su vez marca las distancias con la izquierda debido a su programa social y a la radicalización de sus planteamientos.
A pesar de ello, y siempre en virtud del pragmatismo político, desde los primeros meses de 1936 se da un acercamiento -queda la duda si es una actitud personal o del ala más progresista del nacionalismo vasco- entre José Antonio Aguirre y el lider socialista Indalecio Prieto. Todo esto hace que la actitud que adopte el PNV ante los sucesos que se producirán a partir del día 18 de julio resulte de la máxima importancia.

2.1.2 Acción Nacionalista Vasca
A diferencia del PNV, el nacionalismo de izquierda -representado por ANV- se suma a las filas del Frente Popular.
Creada como escisión del PNV a finales de 1930 con una concepción laica y no confesional del nacionalismo su implantación geográfica no será muy amplia en Gipuzkoa. Tan solo en veinte localidades, todas ellas de la comarca de San Sebastián y entre las más industriales del Territorio, ANV contará con implantación orgánica.
Ante los sucesos que se avecinan ANV se situará, desde un primer momento, junto a las fuerzas del Frente Popular integrándose en las nuevos órganos de poder que se crean. Pese a ello, debido a su escasa influencia en la vida política guipuzcoana, su papel será bastante reducido.

2.2 LA DERECHA

Tras el nacionalismo la siguiente opción política en importancia en Gipuzkoa, son las fuerzas de la derecha. A principios de 1936 ésta -representada por la Comunión Tradicionalista, Unión Regionalista de Guipúzcoa (URG), Derecha Vasca Autónoma (DVA) y Falange Española de las JONS, aunque la importancia de la primera con respecto a las restantes es enorme- a la vez que aumenta su influencia en la población del Territorio, como ha quedado puesto de manifiesto en la convocatoria electoral de febrero.

2.2.1 Comunión Tradicionalista
La principal organización de la derecha en Gipuzkoa, tanto por efectivos como por implantación, es sin lugar a dudas la Comunión Tradicionalista. Esta organización, que como el PNV, trasciende de lo estrictamente político tiene dos etapas claramente diferenciadas durante la II República. El bienio 1931-33 es de expansión geográfica y de reorganización del partido, llegando a implantarse -de forma orgánica- en 34 localidades.
A partir de 1934 la CT, de acuerdo a la nueva línea política -de clara confrontación con el régimen- y desde la llegada de Fal Conde a la secretaría general de la Comunión, da comienzo una nueva etapa caracterizada por la potenciación del requeté, organización paramilitar de la CT, cuya dirección en Gipuzkoa corría a cargo de Agustín Tellería. Este, detenido poco antes de que diera comienzo la Guerra Civil, será sustituido por el jefe local de San Sebastián Eduardo Bustundui. La máxima autoridad de la Comunión era el Marqués de las Hormazas.
El requeté se organizaba en pequeños núcleos locales, y estrechamente relacionado con la delegación de juventudes -una de las tres que junto con la de Propaganda y Requeté existía en Gipuzkoa y responsabilidad directa de Juan de Olazábal- extendía la implicación de los tradicionalistas en la preparación del Alzamiento de julio como se verá en el capítulo siguiente.

2.2.2 Las opciones de derecha
El espectro de las organizaciones de la derecha lo completan el equivalente territorial a las opciones conservadoras de implantación estatal. De esta forma la URG -alineada junto con la monárquica Renovación Española-, DVA -equivalente a Acción Popular- y FE y de las JONS, cubren el abanico de fuerzas conservadoras colocadas entre el nacionalismo y la Comunión Tradicionalista.
Estas organizaciones, todas aparecidas tardíamente en el panorama político guipuzcoano, se caracterizan por su escasa implantación, centrada principalmente en la comarca de San Sebastián, y por el elitismo político de sus integrantes.
En la primera junta directiva de URG, constituida en marzo de 1933, se incluyen -entre otros- el concejal donostiarra y jefe de la minoría monárquica en el Ayuntamiento, Pedro Soraluce y que a partir de 1934 contará con "El Diario Vasco" como órgano de expresión. En 1936 la URG se alinea con las posiciones de la CT, de frontal oposición a la República, aunque su influencia es sensiblemente inferior a la de los tradicionalistas. Por su parte, DVA -cercana a las posiciones de Acción Popular y de la CEDA- no se constituye hasta octubre de 1934, inmediatamente después de la Revolución de Octubre. Su implantación será escasa y reducida a la comarca de San Sebastián. Su postura en julio de 1936 será menos beligerante que la de la CT y la URG. Completa el panorama de las fuerzas de la derecha Falange Española y de las JONS. Creada en Gipuzkoa a finales de 1934, la presencia organizada de FE se puede situar oficialmente el 5 de enero de 1935. En esa fecha, con un acto en el que intervienen José Antonio Primo de Rivera, el Jefe Provincial Luis Prado y el Jefe Local, Joaquín Quintana, FE y de las JONS inaugura su sede en la capital guipuzcoana.
En la primera junta directiva de URG, constituida en marzo de 1933, se incluyen -entre otros- el concejal donostiarra y jefe de la minoría monárquica en el Ayuntamiento, Pedro Soraluce y que a partir de 1934 contará con "El Diario Vasco" como órgano de expresión.
En 1936 la URG se alinea con las posiciones de la CT, de frontal oposición a la República, aunque su influencia es sensiblemente inferior a la de los tradicionalistas.
Por su parte, DVA -cercana a las posiciones de Acción Popular y de la CEDA- no se constituye hasta octubre de 1934, inmediatamente después de la Revolución de Octubre. Su implantación será escasa y reducida a la comarca de San Sebastián. Su postura en julio de 1936 será menos beligerante que la de la CT y la URG.
Completa el panorama de las fuerzas de la derecha Falange Española y de las JONS. Creada en Gipuzkoa a finales de 1934, la presencia organizada de FE se puede situar oficialmente el 5 de enero de 1935. En esa fecha, con un acto en el que intervienen José Antonio Primo de Rivera, el Jefe Provincial Luis Prado y el Jefe Local, Joaquín Quintana, FE y de las JONS inaugura su sede en la capital guipuzcoana.
En 1936, poco antes de que diera comienzo el conflicto, Arrarás fija la afiliación a FE y de las JONS en 120 miembros, siendo el Jefe Provincial Manuel Aizpurúa y el Jefe Local Miguel Rivilla.

2.3 LOS PARTIDOS REPUBLICANOS


En el mes de julio de 1936 el panorama político republicano se ha simplificado notablemente en Gipuzkoa. De la multitud de grupos de esta filiación existentes a principios de la II República -en 1936- tan sólo tres de ellos permanecen; Izquierda Republicana (IR), Unión Republicana (UR) y Ezquerra Vasca Federal (EVF).
Izquierda Republicana, resultado de la fusión de Acción Republicana -liderada por Manuel Azaña-, el Partido Radical Socialista Independiente de Marcelino Domingo y los republicanos gallegos de la ORGA, se constituirá en Gipuzkoa el 25 de marzo de 1934. Pronto se convierte en la opción republicana con mayor peso al implantarse orgánicamente en 24 localidades. Su impor-tancia queda puesta de manifiesto en las elecciones de febrero, cuando en la candidatura del Frente Popular, los dos representan-tes republicanos (Ansó y Apraiz) pertenecen a IR.
Por su parte UR -resultado de la fusión entre el Partido Radical Demócrata de Martínez Barrio y los radicales socialistas de Botella Asensi y Gordón Ordás- hacen su presencia orgánica en el Territorio en junio de 1935. Su influencia será muy reducida y se circunscribirá únicamente a San Sebastián.
El panorama de las fuerzas republicanas lo completa Ezquerra Vasca Federal, de ideología federalista y cuyo máximo exponente será el alcalde de San Sebastián, Fernando Sasiain.
Pese a integrarse, junto con el resto de las opciones republicanas en el Frente Popular, su influencia en la sociedad guipuzcoana es muy escasa. Prueba de ésto es la derrota del Sasiain en las ante votaciones para las elecciones municipales de 1936, en las que es superado por los candidatos conservador y del Frente Popular, del que se habrá separado escasas fechas antes.

2.4 LOS PARTIDOS OBREROS

El panorama de las opciones políticas se completa con los dos partidos obreros que existen en Gipuzkoa; el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista de Euzkadi (PC de Euzkadi)

2.4.1 Partido Socialista Obrero Español
El principal partido obrero de Gipuzkoa es el PSOE, que en julio de 1936, según los datos que facilita Ricardo Miralles, contaría con una cifra no superior a los 650 afiliados repartidos en 13 agrupaciones locales. La presencia socialista se concentra -principalmente- en las localidades industriales de la cuenca del Deba (Mondragón, Placencia, Eibar, Elgoibar y Deva) y en las de la comarca de San Sebastián (junto a la capital Rentería, Pasajes, Hernani e Irún). Junto a las anteriores se sitúan algunas localidades con tradición obrera (Tolosa, Beasain...). A pesar de ello la presencia organizada del socialismo guipuzcoano, y su fuerza -como veremos a continuación- residirá en el sindicato socialista, la Unión General de Trabajadores.
Otro de los aspectos destacados, cuando se habla del PSOE en 1936, es el conflicto planteado en el seno del socialismo español, entre la línea centrista de Prieto y la de izquierda de Largo Caballero.
El socialismo guipuzcoano se decanta abiertamente por la moderación y el centrismo de Prieto -el 56% de los afiliados- aunque un 44% de los mismos se posicionan por las tesis de Largo Caballero. A pesar de ello la moderación será la característica dominante del PSOE guipuzcoano en los primeros meses del conflicto, en los que será uno de los principales pilares de la resistencia republicana.

2.4.2 Partido Comunista de Euzkadi
Creado en junio de 1935, dependiente del PCE, y de acuerdo con las directrices de la III Internacional en lo que se refiere a las nacionalidades, pronto alcanzará un protagonismo superior al que realmente le correspondía en razón de sus efectivos. En 1935 el PC de Euzkadi contaría con 569 militantes, de los cuales 469 corresponden a Vizcaya, 86 a Gipuzkoa y 14 a Álava. Los afiliados guipuzcoanos se distribuyen entre los radios (secciones) de San Sebastián -la más numerosa con 46 afiliados- a la que siguen en orden de importancia Irún (15), Rentería (8), Eibar (6), Pasajes (5) y Hernani y Fuenterrabía con tres afiliados cada una.
A lo largo de 1936 el PCE de Euzkadi irá aumentando de manera continuada, principalmente en la comarca de San Sebastián, de manera que cuando estalle el conflicto -y debido a la situación revolucionaria que se crea- el Partido Comunista ejercerá un papel que sobrepasa a su verdadera influencia en la sociedad guipuzcoana.

2.5 LAS FUERZAS SINDICALES


El último punto de este apartado se debe dedicar a las organizaciones obreras, las cuales jugaron un papel determinante en los primeros días del alzamiento. De las opciones sindicales guipuzcoanas, Solidaridad de Trabajadores Vascos, la Unión General de Trabajadores y la Confederación Nacional del Trabajo jugarán un destacado papel en el conflicto bélico y en la formación de un nuevo poder como se verá más adelante.
El sindicato nacionalista STV es la principal organización obrera de Gipuzkoa. Con una afiliación cercana a los 16.000 cotizantes en julio de 1936. Solidaridad se encuentra implantada en 52 municipios guipuzcoanos, fundamentalmente en las localidades del área urbana con lo que se convierte -junto con el PNV- en la organización con una mayor presencia municipal.
A su vez, la UGT, se sitúa en torno a los 10.000 afiliados, experimentando un importante avance en la comarca de San Sebastián debido a su fusión con los sindicatos comunistas. Pese a ser su implantación geográfica más reducida que la de STV, la presencia de la UGT en 29 municipios (fundamentalmente el área de San Sebastián y el Deba) le confieren un peso considerable dentro del movimiento obrero provincial. En lo que respecta a la CNT su afiliación en 1936 se cifra en torno a los 1200 miembros, correspondiendo al sindicato Avance Marino de Pasajes el mayor peso con 857 obreros.
Pese a su escasa implantación geográfica (Irún, San Sebastián, Rentería, Pasajes, Tolosa, Deba, Beasain, Vergara y Mondragón), su papel en los sucesos de julio de 1936 será determinante.

3.- LA CONFLICTIVIDAD SOCIOPOLITICA


En la historiografía tradicional se hace una continua mención a la conflictividad laboral y política que se produjo en España en los últimos meses de paz de la II República. Esta situación, incluso llevada al parlamento por Gil Robles, se ha citado tradicionalmente como una de las principales causas del estallido de la Guerra Civil en España. Pero, teniendo en cuenta el comportamiento político de los guipuzcoanos, el sistema de partidos imperante en el Territorio Histórico y la implantación de las diversas fuerzas políticas -al igual que en otros casos- la generalización puede no ser válida en el caso de Gipuzkoa. Esto nos lleva a la necesidad de analizar las dos vertientes de la conflictividad que se produce entre los meses de febrero y julio; la política y la laboral.

3.1 LA CONFLICTIVIDAD POLÍTICA

Si entendemos como tal las acciones violentas protagonizadas tanto por elementos de izquierda como de la derecha, se puede decir que ésta es escasa en Gipuzkoa. Pese a la existencia de milicias de diversas fuerzas políticas (MAOC, socialistas, requetés y falangistas) éstas ejercen su influencia, principalmente, en la comarca de San Sebastián, siendo muy reducida su presencia en el resto del Territorio, excepto en el caso de los requetés. Tal como se desprende de una serie de informes de provenientes tanto del cuerpo de Miqueletes como de la Guardia Civil, se pone de manifiesto la inexistencia de "actos de sabotaje, boicots ni otros análogos", aunque no es exacto cuando afirma que no "existieron organizaciones paramilitares de carácter marxista" - en Gipuzkoa.
Pese a que documentos de la Agrupación Socialista de Tolosa informan de la existencia de un Comité Revolucionario de carácter provincial, organizado supuestamente por la UGT, nada nos permite corroborar su existencia, aunque como se verá más adelante -su actuación local -como es el caso de Tolosa- resultará decisiva en el comienzo del conflicto.
Los principales incidentes de carácter político tendrán como escenario principal la capital guipuzcoana. En ella, dejando a un lado los conatos de agresión entre los vendedores del diario falangista "Arriba" e integrantes del Frente Popular, el acontecimiento más destacado de este periodo es, sin lugar a dudas, la muerte del joven falangista Manuel Banús.
La muerte de militante FE y de las JONS está directamente relacionada -aunque a escala guipuzcoana- con los dos asesinatos que fueron prólogo de la Guerra Civil; el del teniente de Asalto Castillo y el del líder de Renovación Española Calvo Sotelo.
El teniente Castillo, instructor de las milicias socialistas y de la UMRA, estaba en el punto de mira de los sectores más violentos de Falange Española, que le acusaban de ser el autor de la muerte del falangista Sainz de Heredia durante los incidentes que siguieron al entierro de un alférez de la Guardia Civil, muerto el día 2 de mayo en el transcurso de un desfile celebrado en el paseo de la Castellana de la capital del estado. Como represalia, sus compañeros tratan de asesinar a Gil Robles, quien se encontraba en Biarritz. Ante esta situación se trasladan al domicilio del líder monárquico, José Calvo Sotelo. Al día siguiente su cadáver es abandonado en el cementerio de la capital madrileña.
A consecuencia de este asesinato, en San Sebastián y a iniciativa de Renovación Española, el día 15 de julio se celebra un funeral por Calvo Sotelo al que acuden Honorio Maura y el Conde de Romanones. A la salida del mismo, los asistentes se colocan en dos filas y brazo en alto comienzan a cantar el himno de Falange. Acto seguido se forma una manifestación, que trata de dirigirse hacia la avenida por la calle Loyola, extremo que trata de ser impedido por la guardia de asalto.
En la confusión que se crea se produce un tiroteo, a consecuencia del cual resultan heridos dos tradicionalistas y muerto el joven falangista Manuel Banús. El gobernador civil, el republicano Artola, prohíbe las manifestaciones y reuniones públicas de todo tipo. Simultáneamente ordena la clausura de los centros donostiarras de Renovación Española y de la Comunión Tradicionalista de la capital.
Al día siguiente, serán puestos en libertad las cuatro personas detenidas durante los incidentes. Ese mismo día -según la prensa donostiarra- es detenido Teodoro García, perteneciente a la CNT y "reconocido por algunos testigos de haber disparado" .

3.2 LA CONFLICTIVIDAD SOCIOLABORAL

Un segundo aspecto destacado del ambiente previo al inicio de la Guerra Civil es, sin duda alguna, el incremento de la conflictividad sociolaboral.
Una de las primeras consecuencias de la victoria de las izquierdas en las elecciones del febrero es la vuelta a la actividad de las organizaciones obreras, que se caracterizará en esta última etapa por una intensa actividad reivindicativa. La mala situación económica de los trabajadores -debido a la crisis económica- y la polarización de la sociedad da lugar a una inusitada oleada huelguística, desconocida hasta el momento en Gipuzkoa, que se traduce, entre los meses de febrero a julio, en proporcionalmente superior a la de los cuatro años de República.
Entre febrero y julio de 1936 se producirán en Gipuzkoa un total de 27 conflictos laborales, lo que sitúa al territorio en niveles similares a Vizcaya y superiores a los de Navarra. La dinámica huelguística guipuzcoana tiene dos aspectos a destacar. El primero de ellos los principales conflictos; en segundo lugar la geografía de los mismos y la actitud del sindicato nacionalista STV. En lo que se refiere al primero de los puntos un conflicto destaca por derecho propio; el de la construcción. La huelga de la construcción, que se generalizará a casi todo el estado, comienza a gestarse -en San Sebastián- el 25 de abril. Ese día los sindicatos del ramo pertenecientes a la UGT y a la CNT plantean la reivindicación de la semana laboral de 40 horas, amenazando con ir a la huelga de no llegar a un acuerdo.
El conflicto, de forma efectiva, da comienzo el día 4 de mayo. Los sindicatos de albañiles, decoradores, piedra y mármol, electricistas y peones paralizan el sector de la construcción en San Sebastián. La larga duración del conflicto provocará algunos actos de violencia, resultando asaltadas varias tiendas de comestibles.
La situación se complica más al sumarse a la huelga los trabajadores de la madera y los pescadores de Pasajes, alcanzando el conflicto a unos 5.000 trabajadores . Pese a los esfuerzos del gobernador civil, que intenta mediar en la huelga, la intransigencia de la patronal y de los sindicatos hacen que el conflicto se alargue y cuando de comienzo la Guerra Civil, todavía no se haya logrado una solución.
Otro aspecto destacado es el papel desempeñado por el sindicato nacionalista STV en la conflictividad del final de la República. Un giro, no excesivamente contrastado, del sindicato nacionalista, le lleva a posicionarse junto a los huelgistas de la construcción, a cuyo comité de huelga se incorpora el día 28 de abril, junto con UGT y CNT. Esto da lugar a una alianza, hasta el momento inédita, en el panorama sindical guipuzcoano. Esta colaboración con el sindicalismo de clase se volverá a repetir con motivo de la huelga de los pescadores de Pasajes. El posicionamiento de STV junto al resto de organizaciones obreras -que puede interpretarse como un intento de no quedar al margen de las relaciones laborales por parte de los nacionalistas- da lugar a duros ataques contra los solidarios. La patronal, con motivo de la agresión a un patrón durante la huelga de la construcción, lanza un duro ataque a STV a la que acusa de propiciar "un ambiente propicio para la realización de actos, que no solo constituyen la negación de aquella [de la doctrina cristiana], sino de los más elementales principios de toda civilización".
El último aspecto a destacar es la geografía de los conflictos. Con excepción de las huelgas de los obreros del mueble de Oñate, de los carroceros de Villafranca de Oria y de los metalúrgicos de Eibar, el resto de las huelgas se concen-tran en la comarca de San Sebastián, siendo la capital y Pasajes las localidades más conflictivas . Este aspecto resulta significativo ya que de estas localidades, donde existe una mayor implantación obrera y de las organizaciones sindicales, son las que jugarán un papel muy destacado en las jornadas iniciales de la sublevación, durante las cuales las organizaciones de trabajadores correrán con la responsabilidad de la defensa de la República.

LA CONSPIRACION

A lo largo de toda la República las conspiraciones contra el régimen han sido constantes, proviniendo tanto de la izquierda como de la derecha. Entre las primeras baste citar los intentos revolucionarios de la CNT o de los comunistas en el primer bienio republicano o la revolución socialista de octubre de 1934 . De los provenientes de la derecha, quizá el más destacado sea el llevado a cabo por Sanjurjo en agosto de 1932, que como es sabido se saldó con un fracaso y la reclusión del general hasta 1934, que será amnistiado tras la llegada de la derecha al poder.
Pero en este momento la que debe centrar la atención es la conspiración que desembocó en el alzamiento militar del 18 de julio y que dió paso a la Guerra Civil. No se trata ahora de reconstruir de manera detallada la conspiración en España -dada la amplia bibliografía existente sobre el tema- sino de tratar de analizar las relaciones y el papel que tanto los militares como las fuerzas conservadoras guipuzcoanas jugaron en la preparación y desarrollo de la conspiración. Por esta razón hemos dividido el estudio de los movimientos conspiratorios en dos apartados; la conspiración militar -encarnada por los oficiales de la guarnición de San Sebastián- y lo que se puede denominar "trama civil", en la que los tradicionalistas guipuzcoanos juegan un papel destacado. La razón de esta diferenciación, como se verá más adelante, es clara. Los militares desarrollarán desde principios de febrero una serie de reuniones para preparar la insurrección en caso que se den unas determinadas circunstancias. Los carlistas, por su parte, abiertamente enfrentados a la República desde junio de 1931, crean en marzo la Junta Militar Suprema Carlista, que a mediados del mes de marzo de 1936 ya ha elaborado su plan de insurrección militar. Sólo en la recta final de la conspiración, en el mes de junio de 1936, ambos preparativos confluirán -no sin pocas dificultades- en un solo proyecto lo que justifica plenamente sus análisis por separado.

1.- LA CONSPIRACION MILITAR

Los planes, que desde la parte militar, condujeron al final de la II República en España tienen un doble origen. Atendiendo a su cronología -y no necesariamente a la importancia de los que concurren- se puede fechar el comienzo de la conspiración en el día 8 de febrero de 1936. Ese día, en el restaurante "Cuevas" de la capital Navarra se reúnen siete oficiales de la guarnición de Pamplona. Al frente de ellos el capitán Lastra y como asistentes los capitanes Vicario y Moscoso junto con los tenientes Cortázar, Dapena, Mayoral y el alférez Muñoz. Estos oficiales, pertenecientes a la Unión Militar Española (UME), muestran su intención de preparar una acción contra la República, sin tener en cuenta el resultado de las ya próximas elecciones legislativas del 16 de febrero. Lastra, como jefe de este núcleo de conspiradores, expone su intención de entrar en contacto con las guarniciones de Burgos, Logroño y San Sebastián para -junto a la de Pamplona y Estella- formar el grupo conspirador.
La segunda reunión, celebrada el 8 de marzo en Madrid, reviste una mayor importancia, no tanto por los acuerdos que en ella se adoptan sino por los asistentes y las circunstancias en las que se reúnen. En el domicilio del político cedista -y amigo personal de Franco- José Delgado, en el número 19 de la madrileña calle General Arrando, se reúnen los generales Franco, Mola, Orgaz, Saliquet, Fanjul, Varela, Villegas, Kindelán y Rodríguez del Barrio. Se encuentra ausente Goded que ya se ha incorporado a su nuevo destino en Baleares.
Las circunstancias han cambiado notablemente desde la reunión de los capitanes en Pamplona, a principios de Febrero. El Frente Popular se ha impuesto en las elecciones. El nuevo ministro de Guerra, general Masquelet , aprueba el traslado de los militares más "tibios" con la República. De esta forma Franco es nombrado Comandante Militar de Canarias; Mola es destinado de Marruecos a la Comandancia Militar de Pamplona; Fanjul es retirado del servicio activo y Goded es destinado a Baleares.
Todos estos militares coinciden en Madrid de camino a sus nuevos destinos y acuerdan la organización de un "movimiento que evitara la ruina y la desmembración de la patria". De igual modo, a instancias de Franco, se señala que éste "solo se desencadenaría en el caso de que las circunstancias lo hiciesen absolutamente necesario y exclusivamente por España, sin ninguna etiqueta determinada". Igualmente se acuerda la consolidación de la junta y la dirección de la misma por el general Sanjurjo, exiliado en Portugal.
Mientras esto sucedía en Madrid, el núcleo conspirador de Pamplona sigue adelante. Lastra sigue su actividad y el día 12 regresa de San Sebastián, informando que cinco oficiales del regimiento de ingenieros se han comprometido. Pese a que Maíz no cita los nombres de estos oficiales entre ellos se encontraban los tenientes Leoz y García Benítez, no integrándose ningún oficial de alta graduación, lo que daba escasa consistencia al movimiento en la capital donostiarra.
El 14 de marzo Mola llega a Pamplona y se hace cargo de su nuevo puesto. Pese a que sigue sus contactos, a lo largo de un mes su actividad preparatoria de un golpe militar parece detenerse. El día 15 de abril -la jornada siguiente a la celebración del quinto aniversario de la República- Mola comunica su "Instrucción Reservada nº 1". Esta es de una gran importancia ya que cambia por completo la orientación de la sublevación.
En la reunión de generales, celebrada el mes de marzo en Madrid, se acuerda llevar a cabo un golpe militar. Mola en su primera instrucción señala que
 "la conquista del poder ha de efectuarse aprovechando el primer momento favorable y a ella han de contri-buir las Fuerzas Armadas conjuntamente con las aportaciones que en hombres y elementos de todas clases faciliten los grupos políticos, sociedades e individuos aislados que no pertenezcan a partidos sectas o sindicatos que reciban inspiraciones del extranjero, socialistas, masones, anarquistas comunistas, etc..."
Esta directiva de Mola supone un salto cualitativo en los planes conspiratorios. Se pasa de una conjura militar a plantear un golpe de estado con la colaboración de los partidos y organizaciones afines, entre las que se encuentran -por contar con una organización paramilitar- los tradicionalistas y Falange Española. Esto obligará a Mola a entablar contactos con estas fuerzas políticas, aspecto que se tratará en el punto siguiente.
Pero, ciñendo la atención al componente militar de la conspiración, el siguiente hito destacado es la reunión del 19 de abril en Pamplona. En dicha fecha -en el domicilio del capitán Moscoso- se reúnen representantes de las cinco guarniciones inicialmente comprometidas. El representante donostiarra es el teniente Leoz, que se ha convertido en el portavoz de San Sebastián en el grupo de los capitanes . Ese mismo día Mola comunica a este núcleo su intención de ponerse al frente de la conspiración contra la República, aunando de esta forma todos los proyectos existentes, al frente de los cuales ya se sitúa como "Director".
Retomando la actividad en la guarnición de San Sebastián, ésta era escasa y tan solo el teniente Leoz mantenía contacto continuo con Mola en Pamplona. Es en este punto donde debe ser analizada de manera lo más detallada posible el papel jugado por los dos militares más destacados de la guarnición de San Sebastián; el coronel y Comandante Militar de San Sebastián León Carrasco Amilibia y el teniente coronel jefe del regimiento de Ingenieros José Vallespín.
El coronel de Artillería León Carrasco, es un militar que ha ascendido por escalafón sin tomar parte activa en ninguna campaña. Bien relacionado en la sociedad donostiarra era tío segundo del diputado socialista Miguel Amilibia, que se hizo cargo de la defensa de los principales encausados por los sucesos de Octubre de 1934. Como jefe militar de Gipuzkoa le corresponde dirigir la represión de la Revolución de 1934, reduciendo -con el apoyo de las tropas provenientes de Bilbao- los núcleos rebeldes de Mondragón y Eibar. Para Félix Luengo, la actitud de Carrasco es "de gran dureza, y la represión de los sucesos ejemplar" que se traduce en el encarcelamiento de unos 700 trabajadores. Entre los meses de octubre de 1934 a abril de 1935 -período en que está en vigencia el estado de guerra- es Carrasco quien ostenta el mando en Gipuzkoa y preside -junto con Vallespín- los consejos de guerra celebrados en la capital donostiarra contra los encausados de octubre.
La detención en marzo de 1936 del general López Ochoa, acusado de atrocidades con los rebeldes asturianos, debe causar una gran impresión en Carrasco, como lo prueba una carta dirigida a Queipo de Llano, fechada el 29 de abril de 1936, y en la que se expresa como sigue:
"Mi querido general y amigo: Como nos hallamos en momentos de represalias en juego todas las antipatías muy humanas pero injustificadas que nos hemos ganado con la detención de la Revolución de Octubre del 34, somos víctimas de ataques y trabajos de toda índole para dañarnos más o menos empapelando al que se puede y con traslados para los menos seudo culpables.
Es momento muy difícil pero necesario hacer presente a la situación de hecho que se crea a Jefes Oficiales, Suboficiales y Clases, combatiendo y consiguiendo atenuar los daños personales pero que producen el daño colectivo del recelo, flojedad en el desempleo de misiones de orden, malestar y quebranto, en fin de disciplina y en general del prestigio de los mandos."

Pero, ¿cuáles son esas enemistades de las que habla Carrasco? Estas pueden provenir de dos direcciones. Una indudablemente de la izquierda, que lo considerará responsable directo de la represión. La otra puede venir de sus mismos compañeros, que le acusan de "tibieza" y de connivencia con los nacionalistas. Vallespín irá más lejos y acusará a Carrasco "de nacionalista y mandar un regimiento cuyo 90% era del mismo color o izquierdista" extremo que es desmentido por la propia historiografía franquista.
Estas acusaciones, siguiendo a Félix Luengo, pueden basarse en el discurso pronunciado por Carrasco el 24 de octubre de 1934. Ese día, al término de un desfile que tiene lugar en San Sebastián, el coronel termina su alocución a las tropas con dos ¡vivas!; "Uno por la República, aunque no sea del agrado de todos, pero por respeto a las ideas contrarias debe ser así, y otro por España". Esta actitud solo pueden aumentar el recelo de unos y otros.
Siguiendo con el hilo de la conspiración, Vallespín re-cibe -en una fecha no determinada, pero que se puede datar en torno a febrero-marzo de 1936- la visita del comandante de Estado Mayor Bartolomé Barba con la intención de sondearle sobre el movimiento en preparación. Ambos estiman que Carrasco
"no reunía condiciones para misión de tal naturaleza por ser altamente sospechoso a las autoridades del movimiento, encargó de la dirección de tan delicado asunto al que suscribe, que quedó comprometido bajo su firma en un documento apropiado".
De esta forma Vallespín se comprometía en la preparación de la insurrección dejando a un lado al comandante militar. Los rumores de que algo se está fraguando llegan hasta Carrasco, que decide actuar. Por una parte reúne a los oficiales, a los que les expone su posición "de que debía rechazarse todo intento contra los poderes constituidos". Por otra indica a Vallespín que tome medidas a fin de evitar los continuos desplazamientos del capitán Miquel a Francia. Este oficial, enlace con Muslera y la Junta carlista de Biarritz, es avisado por Vallespín y le aconseja que tome precauciones.
De esta manera la preparación del golpe de estado no avanza en la capital donostiarra. Por una parte los carlistas siguen sus propios planes. Carrasco no se suma a la conspiración. Los capitanes en contacto con Mola y el grupo Lastra no cuentan con Vallespín, al que con motivo de la celebración de un consejo de guerra piden a éste, en el momento de redactar la sentencia, que abandone la sala para poder tratar aspectos de la conspiración.
Ante este estado de cosas se provoca una doble situación. Mola tiene una pobre impresión de la preparación del alzamiento en San Sebas-tián, pese a que continúa sus reuniones con el teniente Leoz. Para el colaborador de Mola -Félix Maíz- la conspiración en Gipuzkoa "crecía en posturas individuales de acercamiento al proyecto pero no en conjunto". El "Director" no confía en Vallespín que es apartado de la cabeza de la conspiración, al parecer por los informes que obran en poder de Mola, que señalan la "poca actitud para conspirar" del teniente coronel.
Vallespín se entrevista con Mola el primer día de junio de 1936 en Pamplona. La intención del general no va más allá que "oír una opinión sobre el estado de la guarnición de San Sebastián", ocasión que utiliza el teniente coronel para incidir en "la incapacidad del Coronel Carrasco para llevar a cabo cualquier movimiento de la naturaleza del que se prepara por su carácter nacionalista", ofreciéndose para sustituirle en el mando, extremo que es rechazado por Mola, afirmando éste que "el movimiento es imposible y no había nada que hacer".
La reunión provoca una pobre impresión en Mola, al no encontrar en San Sebastián nadie que merezca la confianza del "Director" para responder "con toda escrupulosidad del planteamiento y ejecución de las instrucciones que reciba. Hoy por hoy [8 de junio de 1936], San Sebastián no existe en la conspiración, aunque en San Sebastián haya conspiradores".
En este punto Mola toma la decisión de seguir adelante con los planes para San Sebastián, ciudad que en la que pese a que se preveían "algunas escaramuzas con las milicias marxistas, se pensó que con un ligero apoyo quedaría pronto dominada la situación". El dominio de Gipuzkoa -y el cierre de la frontera francesa- era un punto fundamental en el minucioso plan diseñado por Mola. El "Director", con la confianza de lograr el control de San Sebastián acuerda con los carlistas que sea el General Muslera quien tome el control de la situación en la capital donostiarra y se sitúe al mando de los oficiales comprometidos.
De esta forma, a principios de junio, la conspiración dirigida por Mola es organizada en San Sebastián por tres capitanes de infantería (Visiers, Muriedas y Sancho), dos capitanes de ingenieros (Miquel -enlace con los tradicionalistas- y Padilla) un capitán de Sanidad (Muguruza) y el teniente Leoz, falangista y enlace con el general en Pamplona. Al frente de los mismos se situaría el general Muslera y su ayudante, el teniente coronel de Estado Mayor Baselga. Carrasco permanece al margen y Vallespín no cuenta en los planes de Mola.
Con este estado de cosas los planes siguen adelante. Mola se entrevistará con Kindelán el 11 de junio en el número 4 de la calle Matía del barrio donostiarra de El Antiguo, recibiendo información de la preparación del movimiento entre las fuerzas de aviación. Ese mismo día los capitanes Lastra, Vizcaíno y Vázquez se entrevistan con oficiales de la guarnición de San Sebastián. Carrasco, pese a conocer la presencia de Mola en la ciudad no se reúne con él.
A finales de junio se produce una complicación inesperada. El general Lacerda es sustituido al frente de la 6ª División Orgánica -con sede en Burgos y de la que dependen las guarnicio-nes de San Sebastián y Pamplona- por el general Batet. Este, fiel a la República, visita el día 4 Pamplona, lo que obliga a extremar las precauciones de los conspiradores.
Las fiestas de la capital navarra marcan la recta final de la conspiración. El día 9 llega el general Fanjul a Pamplona quien en compañía de Mola y Carrasco presencia los encierros. Esto lleva a afirmar a Hugh Thomas que éste sería el encargado de "dirigir el alzamiento en San Sebastián". Esto, como a quedado puesto de manifiesto, no era cierto y nada permite corroborar la presencia de Carrasco en Pamplona en la fecha citada.
Carrasco, sin ningún género de dudas, conocía que se estaba gestando un movimiento contra la República, pero nada hace pensar que conociera su envergadura y nivel de preparación. Dada la relativa paz política de Gipuzkoa es posible que pensara en una rápida solución -en caso de que algo se llevara a efecto- al igual que lo ocurrido en 1923 y 1932, que evitara tener que tomar una postura clara. Esta actitud, que como se verá más adelante resultó definitiva para la suerte del alzamiento en San Sebastián, le hace mantener una postura de ambigüedad, que algunos consideran un posicionamiento izquierdista. Lo que el comandante militar desconocía era que los militares comprometidos no contaban con él en sus planes.
La conspiración pasa un momento difícil el día 10 de julio cuando Batet se entrevista en el Monasterio de Irache con Mola. este le asegura al jefe de la 6ª División orgánica; "no estoy comprometido en ninguna aventura". Los rumores de un posible golpe militar son cada vez mas inquietantes pero nadie era capaz de suponer las implicaciones del mismo.
En San Sebastián la situación es complicada y Mola ya tiene previsto el envío de tropas desde Navarra. Los tenientes García Benítez y Leoz comunican que "saldremos como sea pero saldremos".
En la recta final de la conspiración se incrementa el número de encuentros. El 12 de julio Vallespín se entrevista de nuevo con Mola en Pamplona. El teniente coronel presiona a Mola diciéndole que "si no pasaba el que suscribe [Vallespín] a ocupar el puesto de Comandante Militar la preparación del Movimiento en San Sebastián quedaba cortada en absoluto" .
Tras el asesinato de Calvo Sotelo, el día 13 de julio en Madrid, y ante la insistencia de Vallespín, Carrasco se traslada a Pamplona el día 16 entrevistándose con Mola. Ese mismo día el comandante militar de Pamplona tiene una segunda entrevista con Batet en Irache. El "Director", ante la sospecha de que podía haber sido descubierto, acude con una escolta armada de requetés al mando del capitán Halcón.
Esto provoca la alarma del alcalde de Estella, el nacionalista Fortunato Aguirre, quien con la colaboración del capitán de la Guardia Civil de la localidad, detiene a la escolta tras la salida de Mola. Aguirre será fusilado al comienzo de la Guerra Civil.
Al día siguiente, 17 de julio, Carrasco, en el cuartel Artillería comunica a sus oficiales "que estuviera todo el mundo tranquilo pues no había nada de tal movimiento, que así se lo había asegurado el general [Mola] en Pamplona".
Por tanto, la víspera de la sublevación y el mismo día que ésta daba comienzo en África, Carrasco aseguraba que nada se iba a producir, lo que daba perfecta muestra de que los conspiradores habían dejado absolutamente al margen de sus planes. Vallespín, pese a sus intentos, no contaba en los planes de Mola. En la capital guipuzcoana la conspiración descansaba en los oficiales conjurados y en el general Muslera, que ese mismo día pasaba de Francia a San Sebastián para ponerse al frente del movimiento.


2.- LA CONSPIRACION CIVIL

Una vez que se ha tratado de analizar el desarrollo de la conspiración militar y la implicación de la guarnición de San Sebastián, el siguiente punto de atención debe ser tratar de profundizar en la trama civil de la preparación del alzamiento en Gipuzkoa.
La primera instrucción reservada de Mola contemplaba la necesidad de contar con la colaboración de los partidos contra-rios a la República para hacer triunfar el golpe. Estos eran, por naturaleza propia, los tradicionalistas -que contaban con una milicia paramilitar organizada, los requetés- y las milicias de Falange Española. Hacia éstos, y fundamentalmente hacia los primeros, se dirigirán los esfuerzos de Mola.
El primer contacto de Mola con los tradicionalistas se produce el 3 de junio de 1936. En dicha fecha se entrevistaban en el puerto de Azpiroz el dirigente alavés Oriol y el general.
El 11 de junio Mola se entrevista con Zamanillo -delegado nacional de requetés- quien le comunica que hay más de 8.000 carlistas encuadrados en unidades de requetés. En la misma reunión le hace entrega de una carta del dirigente tradicionalista Fal Conde. En ella se exponían las condiciones de este partido para el apoyo al plan militar y se concretaban de la siguiente manera:
"1º Medidas de orden público a juicio del Ejército
2º Derogación de la Constitución, de las Leyes laicas y de las atentatorias de la unidad patria y al orden social
3º Disolución de todos los partidos políticos, incluso de los que hayan cooperado
4º Disolución de todos los sindicatos y asociaciones sectarias. Incautación de sus fondos y bienes y expulsión de sus dirigentes
5º Proclamación de una Dictadura de duración temporal, con anuncio de la reconstrucción social orgánica o corporativa, hasta llegar a unas cortes de esa naturaleza
6º Anuncio de reforma de todos los cuerpos del Estado
7º La suprema dirección política corresponderá a un Directorio, compuesto por un militar y dos consejeros civiles designados previamente por la Comunión Tradicionalista. El primero será Presidente del Directorio y del Gabinete, y tomará especialmente sobre si la Seguridad Nacional (Ejército, Marina, Orden Público, Comunicaciones y Transportes). De los otros dos el uno se encargará del Ministerio del Interior (Ayuntamientos, Diputaciones, Preparación de Régimen Foral, Corporaciones y Enseñanza profesional); y el otro tomará a su cargo el ministerio de Educación Nacional (Propaganda y Prensa, Enseñanza General -elemental y segunda- y relaciones con la Iglesia)
8º Desarrollará las direcciones políticas del Directorio y llevará la administración general del Estado un gabinete de ministros técnicos, previamente elegidos de entre las personas mas capacitadas, desprovistas de prejuicios partidista. Se da por supuesto que el Movimiento será con la bandera bicolor".

Estas ambiciosas pretensiones debieron sorprender a Mola, quien se entrevista con el dirigente carlista en Irache  En ella Mola, asumiendo la creación de un Directorio y la derogación de la Constitución de 1931, manifiesta que la nueva institución de gobierno se comprometerá a no suprimir el régimen republicano. El desacuerdo entre ambos fuerza a una tercera reunión, que se celebra el 2 de julio, en casa del jefe de los requetés del valle de Echauri, Esteban Ezcurra.
En esta reunión, a la que asiste Zamanillo, no se logra ningún acuerdo al mantener los tradicionalistas sus pretensiones de liquidar el régimen liberal y exigir que "la futura política responda a los dictados de la religión y acometa la reconstrucción política del estado sobre las bases sociales y orgánicas para acabar con el parlamentarismo y el sufragio liberal".
Las negociaciones entre Fal Conde y Mola se prolongan hasta el día 9 de julio. Ese día el general se dirige al mandatario tradicionalista en duros términos, dando por terminada la negociación. Pese a que Mola necesita de los requetés para hacer triunfar el movimiento que planea, las exigencias carlistas son excesivas.
Mientras se daba este cruce de cartas se producían dos hechos que a la larga serían determinantes. En primer lugar el viaje a Portugal de Antonio Lizarza, jefe regional del Requeté y hombre fiel a Fal Conde. Su misión era interceder ante Sanjurjo -figura aceptada por los carlistas- para que mediara entre Mola y Fal Conde. El general admite que los tradicionalistas usen la bandera bicolor y asegura que en un futuro se trataría de la implantación de un régimen político acorde con los principios tradicionalistas.
El mismo día 9 de julio Mola se entrevistaba en Pamplona con el Conde de Rodezno. Este, jefe de la minoría de la Comunión en las Cortes, aconseja a Mola que trate directamente con los carlistas navarros, evitando de esta manera a Fal Conde. Lizarza, todavía el día 14, se niega a actuar sin un compromiso político. El día 15 el pretendiente Carlista y Fal Conde comunican a Mola su apoyo a la sublevación en los términos de Mola. El último obstáculo había sido eliminado y el "Director" fija la fecha del alzamiento para la madrugada del sábado 18 de julio.
El otro partido comprometido con la sublevación, Falange Española, no presenta excesivos problemas para sumarse al movimiento. Su jefe nacional -José Antonio Primo de Rivera- dirige desde la cárcel una carta abierta a los "Militares de España" en la que les anima a intervenir para lograr la salvación de España. En este documento, el líder falangista tras trazar una visión catastrofista de la situación española, afirma -dirigiéndose a los militares- que "ha sonado la hora en que vuestras armas tienen que entrar en juego para poner a salvo los valores fundamentales".
Falange no se implicará de manera decidida en la preparación del movimiento, a nivel provincial, hasta finales del mes de junio de 1936. En una circular, fechada el día 24 del citado mes, José Antonio indica a los jefes provinciales que
"todo jefe, cualquiera que sea su jerarquía, a quien un elemento militar o civil invite a tomar parte en la conspiración, levantamiento o cosa análoga, se limitará a responder: "Que no puede tomar parte en nada, ni permitir que sus camaradas la tomen, sin orden expresa del mando central y que, por consiguiente, si los órganos superiores de dirección del movimiento a que se les invita tienen interés en contar con la Falange, deben proponerlo directamente al jefe nacional y entenderse precisamente con él o con la persona que él de modo expreso designe"
Las dificultades de la Falange en 1936, con la mayor parte de sus dirigentes encarcelados, fuerza a José Antonio a "descentralizar" la participación del partido en la organización del movimiento. Fruto de esto es la circular -fechada en Alicante el 29 de junio de 1936- en la que se concede libertad a los jefes provinciales para tratar con los conspiradores de su zona, incorporándose de ésta manera Falange Española ya de manera plena al movimiento.
Por su parte Renovación Española, liderada por Calvo Sotelo, y los monárquicos no se oponen al plan de Mola. A diferencia de los tradicionalistas esperan hasta después del triunfo para presionar y lograr un giro político de acuerdo a sus planteamientos.
En lo que se refiere a la trama civil de la conspiración en Gipuzkoa, ésta descansará -fundamentalmente- en los tradicionalistas y en los requetés.
El principal partido derechista de Gipuzkoa, por implantación y número de afiliados, es la Comunión Tradicionalista. Con presencia en la mayoría de los municipios guipuzcoanos, bien a través de los Círculos Tradicionalistas o de los sindicatos profesionales, controlados mayoritariamente, cuentan con requetés organizados en la mayor parte de las localidades.
Aunque carecemos de datos exactos sobre la organización de la actividad conspiratoria de los requetés guipuzcoanos. Una serie de informaciones fragmentadas nos pueden servir de orientación.
El jefe provincial de requetés, Agustín Tellería, es detenido en el mes de mayo al encontrase en su casa boinas de requetés pero no armas. Este es sustituido por Juan Irizar, que recibe armas para la zona de Vergara de manos del presidente del Círculo Tradicionalista de Eibar, Jorge Uría.
Posteriormente, ya iniciada la Guerra Civil, serán localizados depósitos de armas en los locales de la parroquia de Antzuola y en los locales del Sindicato Profesional de Bergara. Los requetés estaban organizados en las diversas localidades en pequeños núcleos (17 en Antzuola, 24 en Bergara, 16 en Eibar, 12 en Zarautz, 13 en Azkoitia, 4 en Zumaya...) pero en general contaban con escaso armamento. Esperan órdenes de la Junta Carlista y se puede afirmar que su única actividad conspiratoria es procurar lograr armas y realizar ejercicios de tiro y entrenamientos paramilitares.
Por su parte los falangistas son todavía mas escasos en número pero con una actuación claramente decidida. Jesús Iturrino, jefe provincial de Falange, se entrevista con Mola prestando el apoyo de los falangistas guipuzcoanos al alzamiento. Estos, pese a la ilegalización de su partido siguen realizando una activa campaña de propaganda, como lo demuestra que se siga vendiendo el diario "Arriba" y se localicen en la "Editorial Vasca" de Zarautz abundante propaganda de Falange.
Como se puede ver la organización del alzamiento en Gipuzkoa era endeble y mal organizada. Los jefes militares no infundían confianza a Mola y éste debe confiar en el General Muslera. La actitud a adoptar por Carrasco era un enigma y las fuerzas paramilitares de la derecha no tenían la potencia que en Navarra. Pese a ello, y dado el panorama político de Gipuzkoa, Mola pensaba que sería fácil dominar el Territorio.
Para ello confía, en gran parte, en la inhibición de los nacionalistas lo que unido a las fuerzas que tiene pensado enviar desde Navarra debería permitir que se asegurase -sin demasiados problemas- el cierre de la frontera francesa. Esta situación, a la que se sumaría la acción de los militares comprometidos, consideraba era suficiente para el triunfo del movimiento en Gipuzkoa. El resultado como veremos a continuación será bien diferente.
Con respecto a los nacionalistas, desde la derecha, se hace un intento de sumarlos a la conspiración a lo largo del mes de abril de 1936.
El intento de acercamiento se produce tras las elecciones de febrero de 1936, en las que la retirada de la derecha propicia el triunfo de la candidatura nacionalista. Con motivo de las celebración de las ante votaciones para los comicios municipales que se han de celebrar en abril de ese mismo año, nacionalistas y conservadores llegan a un acuerdo que propicia que sea Pedro Zaragüeta -un monárquico procedente de las filas de Antonio Maura- el candidato conjunto en las elecciones municipales.
Este primer acercamiento lleva a una reunión en la que participan miembros de Falange, Renovación Española, Comunión Tradicionalista y CEDA. A ella, celebrada en casa de Fausto Gaiztarro, acude el diputado nacionalista por Gipuzkoa Telesforo Monzón. En el transcurso de la misma, el dirigente del PNV, muestra su posición favorable a sumarse a un movimiento para frenar una posible revolución comunista.
El desbloqueo de la situación del Estatuto del País Vasco en las Cortes, debido a las iniciativas del líder socialista Indalecio Prieto, hace que el PNV ya no acuda a más reuniones, aunque la actitud de éste -como veremos- será vacilante al principio del conflicto.
Los planes conspiratorios de Mola tienen prevista una rápida solución al alzamiento en San Sebastián. Los militares, al frente de los cuales se situaría el general Muslera, se harían con el control de la ciudad con el apoyo de los tradicionalistas y falangistas.
En el resto del Territorio, la inacción de los nacionalistas permitiría un rápido control por parte de los requetés. Mola tan solo preveía resistencia en las cuencas industriales -en especial- la del Deba, en la que las organizaciones obreras tenían una mayor implantación y fuerza.
Los cálculos de Mola, en parte por la actitud dubitativa de los conjurados, en parte por la decidida actuación de la izquierda hará que los planes fracasen, como se verá en el capítulo siguiente.

EL ALZAMIENTO

Una vez que hemos tratado de adentrarnos en los resortes de la conspiración en Guipúzcoa, nuestra atención se debe centrar el análisis de los sucesos que se dan en la capital donostiarra en los primeros días de la Guerra Civil. Para ello resulta imprescindible un estudio -lo más minucioso posible- de los acontecimientos, de las actitudes y actuaciones de las diversas organizaciones políticas y sindicales, así como de los principales personajes que intervendrán en los acontecimientos. La cuidadosa preparación de Mola fracasará en Guipúzcoa, como se verá a continuación, por la indecisión de los que debían ponerse al frente del movimiento. Esto obliga a que Vallespín, pese a no contar excesivamente en los planes de Mola, se responsabilice de llevar la sublevación adelante, pero los retrasos y los problemas harán que fracase la sorpresa convirtiendo en un combate abierto el intento de hacer triunfar la sublevación militar en San Sebastián.
Junto a lo anterior la decidida actuación de las fuerzas de izquierda, principalmente los sindicatos (UGT y CNT), imposibilitan que los conjurados civiles -carentes de armas- se hagan con el control de la situación, provocando el fracaso del alzamiento en Guipúzcoa.
Esto, como veremos, obliga a Mola a una dura campaña militar -que no entraba en sus planes iniciales- y le fuerza a distraer parte de sus tropas de otros objetivos. Las dificultades encontradas por los sublevados, junto a los problemas en otros frentes, retrasan el plan inicial de un rápido avance hacia Madrid. El continuo envío de refuerzos a Guipúzcoa retrasará y debilitará el avance previsto por Mola, desde la periferia hacia el centro, pudiendo ser uno de los factores que convirtieron la sublevación en una guerra de tres largos años.

1.-COMIENZAN LOS PROBLEMAS (17-18 DE JULIO)
El plan de Mola fijaba para la madrugada del sábado 18 de julio el comienzo de la sublevación. A la hora citada los jefes de las guarniciones comprometidas declararían el estado de guerra y se harían con el control de las mismas. Pero una serie de acontecimientos harán que ésta tenga que adelantarse.
La tarde del día 17 de julio un acontecimiento fortuito provoca el comienzo de la sublevación en Melilla. Mientras se ultimaban los detalles del Alzamiento previsto para la madrugada del día siguiente, se ordena -tras una confidencia- el registro de una dependencia en la que se guardaban armas y se encontraban algunos de los conspiradores. La intervención de legionarios insurgentes para evitar el registro desencadenó la sublevación en el Marruecos español. Eran las cinco de la tarde.
Inmediatamente son cortadas las comunicaciones con Madrid, y las noticias que se reciben en la capital son confusas y contradictorias. En Canarias, Franco, recibe la noticia de la sublevación en las plazas africanas y decreta el estado de guerra en su jurisdicción.
Las primeras informaciones de la existencia de problemas no tardan en llegar a Guipúzcoa. Para reconstruir la situación de estos primeros momentos se cuenta con escasa documentación y es necesario recurrir a testimonios personales. Tres son los más importantes que se han logrado localizar; el testimonio de Manuel de Irujo, las memorias de Sainz de los Terreros, y el informe del industrial alavés Julio de Aranzábal.
Según el relato de Irujo -diputado por Guipúzcoa- el día 17 de julio se traslada a Guipúzcoa para asistir a una reunión de industriales convocada por los papeleros de la zona de Tolosa . Ese mismo día, a "la hora crepuscular", se recibe la noticia de la sublevación del ejército en África por lo que en compañía del también diputado nacionalista por Guipúzcoa, Lasarte, se dirige a San Sebastián.
En su recorrido en automóvil, desde el caserío Ameraun -situado en el término municipal de Andoain- hasta la capital, parece que ambos diputados sufren un intento de atentado. Según se desprende de los documentos del Tribunal Popular de Euskadi , es detenido en Zarautz un requeté que es sorprendido armado y esperando el paso del vehículo de los diputados.
Esto genera varios interrogantes. ¿Porqué para trasladarse de Andoain a San Sebastián se desvía Irujo por Zarautz? ¿La acción del requeté es un hecho aislado o formaba parte de un plan preconcebido de la derecha para eliminar a posibles opositores al movimiento? ¿Conocía Irujo con anterioridad la posibilidad de que se produjeran problemas y por eso se desvía en su camino? Las respuestas a estas preguntas, en el momento actual, no pueden pasar de meras hipótesis. El motivo que lleva a Irujo a desviarse por Zarautz puede suponer una elemental medida de protección. El tomar una carretera secundaria hacia San Sebastián serviría para evitar posibles controles de las fuerzas de seguridad o de izquierdistas armados.
En lo que se refiere al intento de atentado de Zarautz este parece no pasar de una mera casualidad. Aunque no se incluye en el sumario, en la causa instruida por el Tribunal Popular de Euzkadi contra los requetés de Zarautz, se menciona que éstos tenían una lista en la que figuraban las personas "a neutralizar" cuando diera comienzo el movimiento. Este documento que no ha podido ser localizado, podría ser la clave para responder de manera convincente a varias de las hipótesis formuladas.
La circunstancia de que un requeté armado intente disparar contra el automóvil de los diputados es -con el actual nivel de conocimiento de los hechos- algo meramente fortuito y en todo caso debe ser contemplado desde el prisma de la animadversión de los tradicionalistas hacia los nacionalistas.
La tercera de las cuestiones debe permanecer, al igual que las anteriores, dentro del campo de la hipótesis. Desde las conversaciones de abril entre la derecha y los nacionalistas éstos sabían que se estaba gestando un movimiento, aunque desconocieran su amplitud y objetivos. Es impensable que Irujo, pese a estar bien informado, conociera los detalles del alzamiento. Por tanto, debemos pensar que el camino llevado por Irujo respondía, principalmente, a motivos de seguridad tratando de evitar la carretera Madrid-Irún, en la cual se podían encontrar presumiblemente dificultades.
Los dos diputados nacionalistas llegan finalmente a San Sebastián, dirigiéndose al Gobierno Civil. En él encuentran al gobernador civil, el republicano Artola Goicoechea, quien les asegura que la situación está controlada y que "se trata de un brote que habría de ser reducido pronto".
Al día siguiente, 18 de julio, la calma reina aparentemente en San Sebastián. La prensa se publica como habitualmente y no ofrece ninguna información sobre lo que ocurre en África, pero el ambiente indica que la situación no está normalizada. Prueba de ello son los testimonios de Sainz de los Terreros y de Julio de Aranzábal.
El primero de ellos se traslada desde Madrid a San Sebastián en automóvil el día 18. Tras superar varios controles de carretera sufre una "nueva detención de la Guardia Civil al entrar en Guipúzcoa. En San Sebastián nerviosismo y expectación. Suspensión de las conferencias telefónicas, y la prensa adicta al Gobierno publicando noticias falsas firmadas por Molés [Ministro de la Guerra]". En Irún, a donde llega el indus-trial alavés Julio de Aranzábal, el día 18 la normalidad es absoluta a primeras horas de la mañana.
En la capital la situación comienza a complicarse. La mañana del 18 de julio, Irujo y Lasarte, vuelven a dirigirse al Gobierno Civil, donde hacen entrega al gobernador de una nota en la que se afirma que
"Sea cual sea el objetivo perseguido por los sublevados y la asistencia con que cuentan, nosotros, como demócratas, tomamos partido por la encarnación legítima de la soberanía popular representada en la República. Nos importa menos el apellido de quienes se han colocado en facción o el de aquellos que cubran su puesto junto a nosotros en defensa de la democracia como Régimen y de la República como sistema de Gobierno"
La entrega de esta nota presenta una serie de dificultades, que deben ser consideradas con más detalle, y a las que dedicaremos un punto aparte para no interrumpir el análisis de los acontecimientos.
Lo que se puede afirmar es que la nota es radiada por orden del Gobernador Civil, lo que provoca la inmediata reacción de las fuerzas de izquierda. Los dirigentes socialistas, republicanos, comunistas y de los sindicatos UGT, STV y CNT se dirigen al Gobierno Civil donde constituyen un "gabinete de crisis" en el que se incluyen también los diputados Irujo, Lasarte y Amilibia.
Mientras ésto ocurría los militares no han efectuado ningún movimiento. Únicamente, tras escuchar la alocución radiada, el coronel Carrasco telefonea al Gobierno Civil manifestando "su total adhesión al poder constituido". De manera simultánea los encargados por Mola de llevar adelante el Alzamiento -que ya se encontraban en San Sebastián- no cumplen los planes acordados.
El general Muslera y el teniente coronel Baselga llegan a San Sebastián el día 17 por la tarde. Ese mismo día lo hace, según afirma Vallespín, el coronel Ortíz de Zárate, vestido de paisano y en el coche del diputado y comandante de ingenieros Maximiliano Pardo.
Un informe, remitido a Mola por un tal A. Sagardía, pone de manifiesto la existencia de un plan de alzamiento en San Sebastián que no se estaba cumpliendo. En el citado informe se señala que
"el día 18 del presente [mes de julio] salí de Pamplo-na llevando las órdenes del General Mola para el Teniente Coronel Vallespín para que el domingo [día 19] a las 9 de la mañana declarase el estado de guerra".
Estas llegadas clandestinas a la capital donostiarra nos permiten analizar, con toda claridad, el plan de Mola para San Sebastián. Este, vista la indecisión de Carrasco, ordena a Vallespín, en contacto directo con los oficiales comprometidos y la tropa, que declare el estado de guerra, luego sería el momento de Muslera de ponerse al frente de éstas para hacer triunfar el alzamiento. Pero las indecisiones, como veremos más adelante, harán que todo fracase.
Volviendo a la situación que se vive el día 18 en San Sebastián, las tropas son acuarteladas por orden de Carrasco. Este, junto con el teniente de Artillería Jesús de la Presilla, observa como, sobre las siete de la tarde, las armerías son asaltadas por elementos del Frente Popular en busca de armas.
A medianoche el gobernador civil llama por teléfono a Carrasco al percatarse de que no se había personado en el Gobierno Civil "según su costumbre en casos análogos". Por toda respuesta éste manifiesta "que estaba muy cansado y que no pasaba nada".
En la madrugada del domingo 19 Carrasco llama de nuevo al Gobierno Civil diciendo que están siendo atacados, lo que supone la primera acción violenta en San Sebastián. Las organizaciones de izquierda se han hecho con armas y esto provoca la alarma entre los militares y las fuerzas de seguridad.
De madrugada Carrasco ha llamado al comandante de carabineros Herminio Fernández Ríos para que acuda a la Comandancia Militar. Cuando este llega a la misma encuentra a éste "paseando solo y preocupado".
A las cuatro de la madrugada Carrasco llama al teniente coronel de artillería Eloy de la Brena y a Vallespín, como responsables de los cuarteles de Loyola, indicándoles que acudan igualmente a la Comandancia Militar.
Vallespín se opone a esta medida. Ante la insistencia de Carrasco cumple la orden, pero se hace acompañar de dos vehículos blindados de escolta, mandados por el teniente Leoz, que como ya se ha señalado era uno de los comprometidos con la sublevación. Como medida de precaución Vallespín ordena que se prepare una columna del regimiento de ingenieros formada por cien hombres con blindados y artillería al mando del capitán Miquel, también comprometido. Esta debería estar dispuesta para salir al primer aviso.
La comitiva que se dirige a la comandancia es tiroteada a su paso por el Boulevard de la capital donostiarra, resultando un soldado muerto. Las dos ametralladoras apostadas en la Comandancia Militar abren fuego por orden de Vallespín, y en contra de la opinión de Carrasco, entablándose un tiroteo.
Este último telefonea rápidamente al Gobierno Civil afirmando que no se ha sublevado y que está siendo atacado, a la vez que pide que se envíen fuerzas de la Guardia de Asalto para proteger la comandancia.
De manera simultánea, desde Radio San Sebastián, se emite un mensaje en los siguientes términos:
"Resignado el mando de la autoridad civil, y habiendo secundado las fuerzas de la guarnición el movimiento militar encaminado a terminar con el actual estado de anarquía, y a restablecer el orden en la patria, queda declarado el estado de guerra en la capital y provincia, entrando en vigor todas las disposiciones del Código de Justicia Militar, sometidos a mi autoridad todos los infractores de los mismos y cuantos perturben el orden. De la sensatez y patriotismo de todos los guipuzcoanos espero la colaboración necesaria. ¡Viva España! ¡Viva el Ejército! El Comandante Militar León Carrasco."
Este mensaje, que debe ser atribuido a la trama civil de la conspiración, viene a aumentar la confusa situación que se está viviendo en la ciudad. En todo caso milicianos de la UGT se desplazan a la radio tomando el control de la misma.
Vallespín, según expone en su informe, da a conocer a los oficiales reunidos en la Comandancia Militar su plan para apoderarse de San Sebastián. Este encuentra la oposición de los oficiales congregados y del capitán Muriedas, que acude a la Comandancia con dos piezas de artillería para reforzar su defensa.
El rechazo de las intenciones de Vallespín por parte de los mandos de las fuerzas de seguridad es decisiva para hacer fracasar el levantamiento. Tanto el teniente coronel de Carabineros Carrión, como el de la Guardia Civil Saturnino Bengoa, manifiestan su intención de permanecer junto al gobierno. Carrión manifiesta a Vallespín que
"todos los jefes de cuerpo debíamos ir al Gobierno Civil acompañando al coronel para ponernos a las órdenes del Gobernador Civil"
a lo que Vallespín responde que "no iría ni atado". En este momento se puede afirmar que la sublevación como tal a fracasado. Las fuerzas del orden han manifestado su intención de permanecer leales al gobierno y el Comandante Militar se decanta por la legalidad. Los planes de Mola fracasan al no poder Vallespín controlar la situación y que Muslera se hiciera cargo de la ciudad.
Ante esta situación no se produce la prevista declaración del estado de guerra el domingo por la mañana. Esto hizo fracasar los planes de concentración de los requetés y falangistas en la plaza del Buen Pastor, prevista tras la declaración del estado de guerra, disolviéndose éstos al no tener armas y ante "la presencia de grupos armados de socialistas que impedían el tráfico por las calles".
Por tanto el día 19 por la mañana el alzamiento ha fracasado. En la Comandancia Militar se presentan guardias de asalto y agentes de vigilancia con la intención de acompañar a Carrasco al Gobierno Civil.
Vallespín se dirige a los agentes, a los que les indica que si "en media hora el coronel no ha regresado iría a por él". El inspector de policía Rafael Labadía declara que el teniente coronel les dice que "ustedes lo llevan, ustedes lo traen, pues de lo contrario me encargo yo de ir a por él". A esto responde el teniente de asalto Conde "que ellos venían a requerimiento del coronel, el cual podía quedarse o no si así lo estimaba conveniente".
Carrasco llega definitivamente al Gobierno Civil a las ocho de la mañana del domingo día 19 y Vallespín, como se verá más adelante, decide regresar a Loyola para tratar de seguir adelante con la sublevación.

2.- LA ACTITUD DEL PNV

Llegados a este punto, y antes de seguir con el desarrollo de los acontecimientos, es necesario detenerse para considerar -de manera detallada- la actitud adoptada por los nacionalistas en estos primeros días de conflicto.
Como ya hemos señalado, Irujo y Lasarte se entrevistan con el gobernador civil la tarde del día 17, al que entregan un mensaje, que según Garmendia comienza a ser radiado el día 18 a partir de las 15,30 horas.
Pero la verdadera importancia de esta nota son sus consecuencias. El día 18 se convoca una reunión de urgencia del EBB en San Sebastián. Como resultado de ésta, la dirección nacionalista acuerda la redacción de una nota en la que Irujo quedaba, en cierta medida, desautorizado. Según Elías Etxeberría, miembro del EBB,
"se tomó una primera postura en ese terreno el segundo día de la sublevación en África [el día 18], fueron dos diputados [Irujo y Lasarte] quienes sin haber consultado con el partido, sin tener mandato del partido se fueron al Gobierno Civil y allí hicieron saber a la gente que el partido estaba de acuerdo. Esto fue una imprudencia"
Esta nota fue entregada a Lecaroz, director del diario nacionalista de San Sebastián "El Día", para su publicación. Pero, mientras este se dirigía a las instalaciones del diario, se produce el tiroteo en las inmediaciones de la Comandancia Militar. La situación creada en San Sebastián la noche del día 18 impide la aparición de "El Día", con lo que la nota del EBB no llegó a ver la luz. De esta manera se evita que dos posturas diferentes del PNV -la de Irujo mediante el mensaje radiado y la nota del EBB- se hicieran públicas, lo que hubiera aumentado el desconcierto en la ciudad y hubiera podido tener una incidencia negativa en el desarrollo de los acontecimientos.
En la reunión del máximo órgano del PNV las posturas eran diversas y se inclinaban más por la neutralidad que por tomar un posicionamiento claro por uno de los bandos. Por otra parte, los miembros del BBB habían recibido, del gobernador civil de Vizcaya, noticias de que la sublevación había fracasado en la Península, por lo que no consideraron necesaria la publicación de la nota redactada en San Sebastián en el diario "Euzkadi". De esta forma, el PNV, no hace pública sus posicionamientos ante los acontecimientos, que no se producirá hasta el día 21.
Volviendo a la actuación de Irujo, éste justifica su discrepancia con la dirección del partido en la necesidad de proteger a los miembros del PNV. Según el diputado guipuzcoano, los dirigentes del Frente Popular se presentaron en el Gobierno Civil con una lista de personas a detener, entre las que figuran destacados nacionalistas.
Cuando, finalmente el PNV haga pública su postura, el día 21 desde las páginas del diario "Euzkadi", lo hará mediante un llamamiento, que aparece sin firma y redactado por el miembro del BBB, Pantaléon Ramírez de Olano, en el que se afirma de manera textual:
"Ante los acontecimientos que se desarrollan en el estado español, y que tan directa y dolorosa repercusión pudieran alcanzar sobre Euzkadi y sus destinos, el Partido Nacionalista Vasco declara -salvando todo aquello a que le obliga su ideología, que hoy ratifica solemnemente- que, planteada la lucha entre la ciudadanía y el fascismo, entre la República y la Monarquía, sus principios le llevan a caer del lado de la Ciudadanía y de la República, en consonancia con el régimen democrático y republicano que fue privativo de sus siglos de libertad"
Los nacionalistas guipuzcoanos, según se desprende de las manifestaciones de José de Arteche, aparecen divididos. El día 20 se producen dos reuniones del GBB, en las que se manifiestan opiniones favorables a posicionarse junto a los militares. Pero lo cierto es que el día 20 no existía una sublevación militar en San Sebastián.
Finalmente serán los propios acontecimientos los que forzarán al PNV a alinearse junto al Frente Popular, aunque mantendrá una actitud pasiva y expectante ante los acontecimientos, al menos durante el mes de julio de 1936.
Tal como considera José Luis de la Granja, la actitud del PNV de Guipúzcoa y Vizcaya se caracteriza, en los primeros momentos por
"su rechazo del golpe militar del 18 de julio y, en consecuencia, su apoyo al régimen republicano, pero sin demasiado entusiasmo político y con una cierta pasividad militar, patente en la campaña de Guipúzcoa. Más que hacer la guerra, el PNV se preocupa de velar por el órden pùblico (en especial, la integridad de las iglesias y la vida de los presos, lo que consigue en buena medida en Vizcaya, pero no en Guipúzcoa"
Para José Múgica, candidato de la derecha en las elecciones de 1936, la actitud de los nacionalistas altera los planes de Muslera. Este, al no implicarse el PNV, no "cogió las riendas del Alzamiento", razón que se sitúa en la base del fracaso de la sublevación en la capital donostiarra.

3.-DE LA SUBLEVACION A LA GUERRA (19-21 JULIO DE 1936)

La mañana del domingo 19 de julio da comienzo con una aparente normalidad. En San Sebastián el único diario que acude a su cita con los lectores es "La Voz de Guipúzcoa". El diario republicano publica en primera plana noticias oficiales y señala que "puede darse por abortado el movimiento" a la vez que da cuenta de la destitución de Cabanellas y Queipo de Llano.
La información de los centros oficiales recoge una declaración del gobernador civil, quien refiriéndose a la noche del día 18, afirma "que en toda la provincia había tranquilidad absoluta" y recoge la visita de Irujo y Lasarte así como de la comisión del Frente Popular. La sensación que se quiere dar es de tranquilidad, anunciándose incluso la celebración de carreras de caballos esa misma tarde en el Hipódromo de San Sebastián.
Pero esta normalidad es tan solo aparente. En el Gobierno Civil se constituye la Junta de Autoridades en la que se integran Carrasco, el gobernador civil, los mandos de carabineros y de la Guardia Civil, el comandante de los miqueletes, Irujo y Amilibia. Los guardias de asalto son enviados al hotel María Cristina, situado enfrente del edificio del Gobierno Civil, para proteger éste. De manera simultánea, el cuartel de este cuerpo -situado junto al mercado de la Brecha- es asaltado por los frente populistas para conseguir armas.
A partir de este momento las calles son recorridas por milicianos armados en actitud vigilante. Por la tarde las organizaciones obreras declaran la huelga general en la provincia paralizándose el transporte urbano e interurbano.
Mientras tanto Vallespín regresa a Loyola acompañado del teniente coronel de Artillería Eloy de la Brena, quien intenta hacerle desistir de sus intenciones. Vallespín se reúne en el cuartel de ingenieros con el núcleo de oficiales comprometidos en la sublevación, quienes acuerdan que sin el apoyo de la artillería no es posible lograr el triunfo, por lo que a instancias del teniente coronel, optan por salir por la noche hacia Navarra.
Vallespín trata desesperadamente de lograr el apoyo del cuartel de Artillería, lo que no consigue. El capitán Miquel comunica a Vallespín que se espera la llegada "700 a 1000 hombres de las organizaciones de requetés y de Falange" ante lo que anula la orden de abandonar los cuarteles y dirigirse hacia Navarra. La situación es absolutamente confusa y caracterizada de "caos", no encontrándose "mas que voluntades sueltas muy difíciles de unir al Movimiento".
El día 20 de julio la confusión sigue imperando. La Junta de Autoridades, a la que se ha unido el comandante de Estado Mayor, Augusto Pérez Garmendia, acuerda formar una columna que se dirija hacia Vitoria, integrada por paisanos y tropas de los cuarteles. Ante la situación en las calles, cada vez más tensa y con presencia de numerosos milicianos armados, el gobernador civil se dirige a la multitud afirmando que Carrasco "se había unido al pueblo para defender la República".
Ese día otra circunstancia se suma a la difícil situación. Procedentes de varios puertos gallegos llegan a Gipuzkoa varias embarcaciones con milicianos escapados de Galicia, donde ha triunfado el Alzamiento. La presencia de éstos, en su mayoría mineros anarquistas de las cuencas gallegas, provoca un aumento de la tensión en la ciudad y es uno de los motivos que fuerzan a la creación de la columna.
El día 21 es decisivo para el desarrollo de los acontecimientos. Para ese día estaba prevista la formación de la columna que se encamina hacia Vitoria por Mondragón. La salida de las misma está fijada para las 10 de la mañana. Irujo recuerda la partida de ésta de la siguiente manera:
"Al amanecer del día fijado desfilaron por delante del Gobierno Civil los camiones que integraban la columna expedicionaria. No recuerdo el número exacto pero creo acercarme a la verdad si doy el de setenta, repletos de hombres jóvenes, casi todos ellos con signos rojos y rojinegros... la inmensa mayoría estaban sin armas"
Ante la tardanza en incorporarse los militares la columna decide emprender la marcha. Pero las tropas de los cuarteles no se incorporarían debido a los acontecimientos que estaban ocurriendo en ellos.
En Loyola se había personado el teniente Presilla, quien era portador de la orden para que los militares se sumaran a la columna. El mensaje que se entrega en los cuarteles es el siguiente:
"Para que no se pudiese sospechar una actitud subver-siva era preciso que movilizásemos dos piezas de 155 mm. para que acompañadas de una compañía de zapadores se uniera a la columna que al mando del comandante de E.M. D. Augusto Pérez Garmendia, debía marchar rápidamente hacia Mondragón"
Vallespín se niega y convoca a los principales oficiales de los cuarteles. A la reunión acuden el teniente coronel de Artillería Eloy de la Brena, los comandantes del mismo arma Bernardo Ardanaz, Velasco y García de la Rasilla, el comandante de ingenieros Ramajos y el de ingenieros Erce. Todos se muestran favorables a la entrega de los cañones.
En este momento irrumpen los capitanes Fernández Prieto, Miquel, Padilla, Ferrer y Fernández -todos ellos comprometidos con la sublevación- quienes se ponen a las órdenes de Vallespín. Este toma el mando manifestando que "al que no le obedezca le pega un tiro". De esta forma se produce lo que se puede considerar el verdadero alzamiento en San Sebastián. Vallespín y el núcleo de capitanes se hacen con el mando de los cuarteles colocándose ya en franca rebeldía ante el gobierno.
De manera inmediata los militares sublevados ponen en marcha un plan para apoderarse de la ciudad. El capitán Miquel, con cien hombres, toma las alturas del cementerio de Polloe -en las inmediaciones del convento de las Hermanitas de los Pobres- desde donde se dominaba la zona del Gobierno Civil y Maria Cristina. De igual modo se emplazan dos piezas de 155 milímetros en Ametzagaña, desde donde se lograba una posición dominante sobre los cuarteles.
Hacia el mediodía un avión procedente de Pamplona lanza octavillas sobre la capital, firmadas por Mola y dirigidas "a los habitantes y la guarnición de San Sebastián", en la que se vierten claras amenazas hacia la ciudad, debido a
"la vil y engañosa conducta del Comandante Militar de esa ciudad ha dado ocasión a los vergonzosos sucesos que en ella han ocurrido. Yo espero confiadamente que las fuerzas de esa guarnición, relevándole del mando, actúen rápida y enérgicamente, uniéndose al movimiento. Sería para mi muy sensible, pero lo haría inexorablemente, el tener que tomar enérgicas medidas en relación con esa ciudad.
Espero del pundonor de los oficiales y del espíritu de la tropa que, recapacitando sobre lo que constituye su deber en estos momentos salgan de sus cuarteles y no den lugar a que mañana por la mañana me vea en el caso de tener que bombardear los cuarteles o puntos donde se encuentran"

El mensaje de Mola es claro. A la vez que desautoriza a Carrasco amenaza a la guarnición, a la que exige una actuación decidida. A raíz de las órdenes de Mola, recibidas en el cuartel del mismo modo, Vallespín se pone en contacto con el Gobierno Civil reclamando el mando de la provincia, de lo contrario bombardearía San Sebastián.
Esta amenaza tiene un gran impacto en la capital. Según el informe del agregado militar de la embajada francesa -teniente coronel Morel- presente esos días en la ciudad el ambiente en el Gobierno Civil
"c'était le désordre; miliciens rouges, Gardes d' Assaut, Gardes Civiles mêlés aux bureaucraties affolés. Les Gardes d'assaut occupaient l' Hôtel Maria Chistina, déjà groupés et séparés. Vers 14 h., on apprenait la disparition du Gouverneur Civil, parti soit pour la France, soit pour les environs"
El gobernador y los dirigentes del Frente Popular abandonan San Sebastián en dirección a Eibar. Carrasco y los jefes militares permanecen en el edificio y se trasladan al hotel María Cristina, entablándose un tiroteo. Por la tarde, tras una tensa calma, los militares y guardias de asalto se retiran por la orilla del Urumea a los cuarteles de Loyola, uniéndose paisanos miembros del requeté y falangistas con su jefe Luis Iturrino al frente.
La situación de los sublevados es difícil. Los 1.000 hombres prometidos por Miquel no llegan. Tampoco aparece el general Muslera, que debería ponerse al frente de la sublevación. Las fuerzas de seguridad, Guardia Civil y Miqueletes, se mantienen leales al gobierno. Carrasco se encierra en el cuartel de Ingenieros. Los guardias de asalto son hechos prisioneros y sólo algunos se suman al movimiento.
Ante esta situación los militares deciden pasar a la ofensiva y formar una columna para tomar San Sebastián. Esta se forma por unos 200 hombres -la mitad de ellos soldados y el resto guardias de asalto a los que se unen unos pocos carabineros y guardias civiles- al mando del comandante de Artillería Velasco al que acompañaban 13 oficiales más. La columna cuenta con el apoyo de dos vehículos blindados.
Ésta llega a las inmediaciones de San Sebastián, por el Puente de Hierro, pero retrocede ante la indecisión de su jefe de entrar en la ciudad. En esta se ha cortado el alumbrado público y ante el temor de sufrir una emboscada optan por volver a los cuarteles. De esta forma los militares perdían la segunda oportunidad de hacerse fácilmente con el control de la ciudad.

4.- LA BATALLA POR SAN SEBASTIAN (22-23 DE JULIO)

Los militares, ya en franca rebeldía desde el mediodía del día 21, pasan finalmente a la ofensiva. La madrugada del día 22 una columna sale de los cuarteles con la intención de ocupar San Sebastián al mando del capitán Arana.
Esta penetra en la ciudad por dos puntos, la calle Urbieta y Prim progresando por la orilla del Urumea, consiguiendo llegar hasta la Comandancia Militar y el Hotel Maria Cristina, haciéndose fuertes en estos edificios y en el casino (actual ayuntamiento).
Los militares, pese a que logran llegar hasta el centro de la ciudad no llegan a controlarla y se limitan a encerrarse en una serie de edificios.
Las organizaciones obreras de izquierda opondrán una dura resistencia a las fuerzas militares. La calles de la Parte Vieja de la capita donostiarra, en la que se encuentra la sede de la UGT y el Partido Socialista, tal como señala el agregado militar de la embajada francesa, "están defendidas por barricadas de sacos de arena y defendidas por grupos de rojos".
Pero la principal resistencia, y que será la clave del fracaso del intento militar, se sitúa en torno a la sede de la CNT. Esta organización sindical establece en la calle Larramendi, apoyándose en los edificios de las escuelas públicas de Urbieta y del colegio Sagrado Corazón, una línea de defensa.
Ante la resistencia de ésta los militares deben emplear las dos piezas de artillería que llevaban consigo entablándose un duro combate durante el cual se llegará a luchar casa por casa. En la lucha es mortalmente herido el teniente García Benitez, uno de los militares implicados en la conspiración contra la República, que morirá en una casa de la calle Urbieta.
En este momento, cuando los combates ya han estallado en la capital, debemos buscar la situación de las tropas que salieron de San Sebastián en dirección a Vitoria.
Estas, debemos recordar, parten el día 21 por la mañana, a las órdenes del comandante Pérez Garmendia, hacia Vitoria con la intención de atacar la capital alavesa, en la que se encuadraban, según Irujo, numerosas personas "extrañas al país, singularmente gallegos, que imprimían un sello de violencia exótico e inconveniente a nuestra causa".
La columna recibe la noticia de la sublevación de la guarnición donostiarra en Mondragón. Ante la situación creada, Pérez Garmendia decide suspender el avance sobre la capital alavesa y regresar a Eibar, a donde vuelve con los 30 guardias civiles del puesto de Mondragón y un alférez del mismo cuerpo.
En la villa armera se concentran las autoridades de la provincia con el gobernador civil al frente. A éste le acompaña el teniente coronel Bengoa, máximo responsable de la Guardia Civil en el Territorio.
En Eibar se organiza la marcha para reconquistar San Sebastián. Para ello, proveniente de Bilbao, llega una columna de refuerzo al mando del alférez de la Guardia de Asalto Justo Rodríguez Ribas, formada por
"tres coches blindados con 23 fusileros; dos autobuses con 44 fusileros; un coche mortero de asalto con cuatro guardias, otro coche de asalto con 30 guardias y varios vehículos con 57 fusileros con dinamita; una ambulancia sanitaria con cuatro enfermeros, un médico un conductor y dos practicantes de Asalto. Llevaban también un coche de enlace, servido por cuatro mili-cianos. En total se componía la columna de 166 hombres municionados con granadas, morteros, cajas de proyectiles y abundante dinamita".
El asalto a San Sebastián se organiza en dos direcciones. Una por la carretera Bilbao-San Sebastián, avanzando por las calles de la ciudad hasta la Comandancia Militar y el casino. Por otra parte los milicianos desplazados desde la capital son enviados a la misma por el ferrocarril de Bilbao.
Los segundos llegan a la ciudad sobre las nueve de la mañana, sorprendiendo por la espalda a las tropas que combaten en torno a la sede de la CNT, que deben retirarse hacia Loyola para evitar quedar atrapadas entre dos fuegos.
De esta forma tan sólo quedan una serie de núcleos aislados en manos de los militares. En el Club Náutico, casino, comandancia militar y Hotel María Cristina resisten pequeños grupos de militares a los que se han unido "muchos retirados por la Ley Azaña y elementos paisanos".
Los combates prosiguen a lo largo de todo el día en la ciudad. Al final de la jornada han sido tomados al asalto, con un alto precio en vidas, el casino y la comandancia militar, en la que son hechos prisioneros su defensores. Tan solo queda en manos de los militares el María Cristina y los altos de Ametzagaña, Aldakonea y zonas altas de Eguía desde las que se sigue controlando la ciudad. Esa misma tarde el fuerte de San Marcos cae en manos de los republicanos que comienzan a bombardear las posiciones que mantienen los militares, pero al carecer los proyectiles de espoleta causan escasos daños.
El día 23 es la jornada decisiva en la batalla por San Sebastián. Los militares tratan de realizar una nueva acción ofensiva a través del barrio de Eguía. Dos motivos les obligarán a desistir de ello. En primer lugar el puente que une este barrio donostiarra con Loyola se encuentra medio derruido. En segundo lugar la pérdida del María Cristina.
Este, como ya hemos señalado, era el único enclave en manos de los sublevados. La mañana del día 23, el torpedero "Xauen", controlado por marinos anarquistas que lo asaltan en Pasajes y que habitualmente patrullaba las aguas jurisdiccionales, entra en la bahía pero debe huir ante los disparos de las baterías de Ametzagaña. El torpedero se dirige a la desembocadura del Urumea, desde donde hace fuego contra el Maria Cristina.
Esto es aprovechado por los milicianos para realizar un sangriento asalto, en el que logran apoderarse del hotel reduciendo, de ésta manera, el último núcleo rebelde en San Sebastián. Al frente de los asaltantes se encuentra el comandante de la Guardia Civil, quien como relata Irujo, evita la matanza de los defensores, los cuales habían colocado a varios prisioneros atados a las verjas a modo de parapetos humanos.
La rendición del María Cristina da lugar a una gran desmoralización entre los militares. Los milicianos logran desalojar a éstos de los jardines de la estación del Norte y del edificio de "La Equitativa", desde el que impedían el paso por los puentes del Kursaal y Santa Catalina. Tras un violento tiroteo, por la tarde, los rebeldes se retiran del alto de Aldakonea sólo se mantienen en el frente de Polloe, donde resistían tiradores de élite.
Estos, que formaban parte del equipo de tiro del ejército, habían llegado a San Sebastián el día 17 para tomar parte en una competición en el campo de tiro de Bidebieta. Ante los acontecimientos se suman a las tropas rebeldes y toman posiciones en Polloe, donde causan numerosas bajas entre los atacantes debido a su mortífera puntería.
Ese mismo día se produce el abandono de la posición de Ametzagaña, que es rápidamente ocupada por los milicianos y desde la que es posible hacer fuego directamente al patio de los cuarteles. Por la noche los militares quedan cercados en los cuarteles de Loyola resultando definitivamente derrotada la sublevación en San Sebastián.
El fracaso de los militares en San Sebastián debe ser objeto de un análisis detallado. Debemos tratar de comprender como, dos regimientos -bien que reducidos en sus efectivos, pero poderosamente armados y pertrechados- son derrotados por poco más de 2.000 milicianos carentes de organización y mal armados.
La primera razón se encuentra en la deficiente organización de la conspiración. La inexistencia de un mando único y la indecisión de los comprometidos se sitúan en la base del fracaso. La sorpresa que hubiera supuesto el alzamiento en el momento previsto habría provocado que las fuerzas leales abandonaran la ciudad, como ocurrió el día 21, permitiendo a los militares reforzar sus posiciones.
La actitud del coronel Carrasco no puede señalarse como la causa del fracaso. Si los conjurados hubieran adoptado una actitud decidida éste podría haber sido eliminado a semejanza de lo ocurrido en otros lugares. La verdadera razón esta en la falta de unanimidad de los militares ante la sublevación.
En este punto resulta determinante la actuación de las fuerzas de seguridad y en especial del teniente coronel de la Guardia Civil, Saturnino Bengoa. La mayor parte de los miqueletes, guardias civiles, guardias de asalto y policía se mantuvieron leales a la República privando a los sublevados de un apoyo importante de hombres armados y entrenados.
La debilidad de las fuerzas derechistas opuestas a la República es otra de las causas del fracaso. Los escasos falangistas carecen de peso como para suponer una amenaza para la República. Por otra parte, el requeté no cuenta con la fuerza y organización que en Navarra. Si a ello se une el desconcierto ante la actitud de los militares, su posible aportación se ve reducida. Ante la situación optan por huir hacia Navarra para contactar con las columnas que avanzan.
El último aspecto, en lo que se refiere a la organización de la conspiración, es un error de cálculo de Mola. Este pensaba que los nacionalistas adoptarían una postura ambigua -como así fue en los primeros días- o que incluso se inclinarían por una situación de pseudo colaboración como ocurrió en Álava y Navarra o al menos de inactividad. La actitud decidida de Irujo y Lasarte, que si bien no inclinó de una manera clara al PNV por la República, forzó la situación en San Sebastián haciendo vacilar a los conjurados.
A las debilidades conspiratorias se debe unir la actuación decidida de las fuerzas de izquierda. La creación del comité de urgencia no se queda solo en eso, sino que se pasa a la ofensiva organizando una columna para atacar Vitoria, que resulta decisiva ya que será la encargada de reconquistar San Sebastián. Esta iniciativa permite organizar una fuerza, que sale de San Sebastián, con lo que se evita un combate callejero de mayor magnitud, y que puede ser reforzada con las tropas provenientes de Bilbao, lo que permite organizar de manera minuciosa el asalto de la capital.
Si la actividad conspiratoria de los militares es deficiente no lo es menos la militar. Vallespín desaprovecha la ocasión de hacerse con el control de la capital el mismo día 21, pero las excesivas precauciones hacen que se pierda una nueva oportunidad.
El día 22 la resistencia de la CNT se suma al escaso entusiasmo de las tropas atacantes. Como acertadamente señala el agregado militar francés
"Pourquoi le soldat de 2éme classe se ferait-il tuer? Pour l'ordre, mais qu'est-ce l'ordre pour un pauvre paysan espagnol momentanément soldat? Une mystique creuse; mieux, une boîte vide. L'ordre vaut par rapport aux bien qu'il ordonne. On ne se fait pas tuer pou lui s'il ordonne le néant. Aussi doutons nous de l'enthousiasme de la troupe espagnole dans la révolte entreprise par ses chefs"
En esta situación los militares optan por atrincherarse en una serie de puntos, en vez de controlar la ciudad de una manera clara, lo que se convierte en la base de su fracaso.
El efecto desmoralizador que causa el fracaso del ataque del 22 y la toma del María Cristina por la columna proveniente de Eibar, termina por quebrar la moral de los militares que optan por encerrarse en los cuarteles confiando en que las columnas que han partido de Navarra llegue a tiempo de rescatarlos.

5.- EL SITIO DE LOS CUARTELES (24-28 DE JULIO)

Tras ser derrotados en la ciudad los militares se encierran en los cuarteles de Loyola, donde quedan cercados por las fuerzas milicianas. El día 24 se combate todavía en Polloe y se cierra el cerco estableciendo posiciones en la Casa de Misericordia y en Ametzagaña.
A partir de este momento, dada la debilidad de los sitiadores (Irujo considera que en los primeros momentos tan sólo 300 milicianos asedian a los militares), los republicanos comienzan lo que podemos denominar "guerra psicológica". La primera prueba de ella es la siguiente octavilla lanzada sobre el cuartel:
"Rendidas todas las fuerzas rebeldes de Guipúzcoa después del sometimiento de los ocupantes del hotel Maria Cristina a las 2 de la tarde del día de ayer; comprobada la falsedad de las promesas del general Mola de enviar fuerzas que se han reducido a la aparición en los puestos fronterizos de pequeños grupos de requetés que han sido disueltos o apresados, sería inutil toda resistencia de los cuarteles de Loyola que no había de tener otra consecuencia que una inútil efusión de sangre por ambas partes, lo que no había de impedir en modo alguno su conquista.
El comandante militar garantiza a los rebeldes el respeto de sus vidas hasta su entrega al Juez Militar. Los soldados, engañados por sus jefes, serán puestos en libertad -como lo han sido los rendidos en el casino, Comandancia Militar y hotel María Cristina- para que combatan al lado de las fuerzas leales.

Las vidas respetadas de los 52 prisioneros que actualmente tiene esta comandancia son la mayor garantía de la veracidad de estas promesas.
Cesen las insensateces y vuelva a reinar la tranquilidad que nunca debió ser perturbada.-El Comandante Militar".
El tiroteo es intenso y se realiza un intento de asalto del los cuarteles desde Ametzagaña. La moral de los sitiados decae por momentos. Los sitiadores cortan la luz y el agua endureciendo el cerco.
El día 24, un tiroteo entre los oficiales causa la muerte del comandante Ferre, otro de los conspiradores. Este, al parecer comienza a increpar a los demás oficiales e incluso llega a disparar contra el teniente coronel de Artillería Eloy de la Brena, quien responde matándole.
La situación de los asediados es puesta de manifiesto en un informe redactado por un soldado evadido de los cuarteles. Este se expresa como sigue:
"He dejado el cuartel observando un decaimiento grande en jefes, oficiales y soldados sin disciplina de ninguna clase oyendo decir constantemente , ya nadie se decide a tirar y los únicos que se sostienen son los policías vestidos de paisano. La artilería hace poco efecto, habiendo caído dos granadas que no hicieron explosión. La aviación si hace un buen efecto refugiándose en las plantas bajas en cuanto la oyen, pero debe el aparato tener la debida precaución, porque los jefes y oficiales le disparan con fusil.
Con respecto a alimentos cuentan con unos quince sacos de arroz, alubias y garbanzos, unas treinta latas de leche condensada. Lo que si abundan son latas de pimientos y tomate y guisantes, tienen tres cerdos, ignoro si se apoderaron de algunas vacas de los caseríos, creyendo, sin embargo que le será esto peligroso por el tiroteo a que se les somete.
De armamento y fusilería están en buenas condiciones, ametralladoras tienen cuatro y una inutilizada, municiones de fusil abundante, de cañón tendrán de 60 a 80 proyectiles.
Tienen en el cuartel dos piezas en el patio central que nos las han utilizado, cuatro en el patio exterior que apuntan a San Marcos y Choritoquieta no pudiéndolas utilizar por ser hostilizados por nuestras fuerzas desde las villas próximas"

Al día siguiente, 25 de julio, nuevas octavillas son lanzadas sobre el cuartel. En esta ocasión el texto es el que sigue
"A los jefes y oficiales de Loyola.-Somos los padres y madres de los soldados que se hallan forzosamente bajo vuestras órdenes y no podemos consentir que contra su voluntad tomen parte en una lucha fraticida. Con el alma destrozada, sufriendo torturas infinitas, acudimos a vosotros para pedir que dejéis en libertad a esos niños para que abandone el cuartel o permanezcan ahí mismo libremente si tal fuera su libertad. Esta súplica la avalan más de doscientas familias, cuyo legítimo dolor está a punto de convertirse en horrible desesperación. Creemos que el Frente Popular y el Gobierno constituido se propone en el breve plazo de dos horas tomar medidas de extrema gravedad para aniquilarles. Por otro lado, no como amenaza, sino como gesto insuperable de desesperación al ver destrozados a nuestros hijos en el frente, nos veremos obligados a tomar represalias inmediatamente con vuestros familiares, porque por el mismo derecho que disponéis de nuestros hijos menores, lo haremos con los vuestros. Y esto hay que evitarlo."
El 26 de julio el cuartel de ingenieros sufre un ataque aéreo. Dos bombas caen en él, causando una que alcanza el patio varias bajas. Vallespín está dispuesto a tomar represalias bombardeando San Sebastián, para lo que redacta una carta dirigida a los diputados guipuzcoanos. Pero el bombardeo ha causado un gran impacto en la moral de los sitiados, quienes -pese a tener constancia de la presencia de las tropas de Beorlegui en Oyarzun, a escasos kilómetros del cuartel- dan comienzo al proceso de rendición.
Ese mismo día, resulta muerto el alférez Justo Rodríguez, que dirigió la columna que partiendo de Bilbao participó en la toma de San Sebastián y en esos momentos ocupaba el cargo de comandante militar de Gipuzkoa.

6.- LA RENDICION DE LOS CUARTELES (28 DE JULIO)

El bombardeo de la aviación causa un gran efecto entre los asediados, y genera actitudes contrapuestas. Mientras Vallespín reacciona preparando una carta que piensa dirigir a los diputa-dos, amenazando con bombardear la ciudad, el resto de los oficiales opinan de manera contraria. Carrasco, que reaparece por vez primera desde que se traslada del María Cristina a Loyola y el comandante de Ingenieros Herce, se entrevistan con Vallespín obligándole a dirigir una nota a los diputados en la que se solicita una entrevista para el día siguiente. La carta, en un claro tono amenazador, se expresa en los términos siguientes:
"Sres. Diputados por Guipúzcoa. Siguiendo el consejo del Coronel Carrasco cito a todos en este cuartel, rogándoles vengan si quieren evitar la destrucción de San Sebastián.
Ayer nos bombardeó un aparato civil con bombas de gran potencia; cuando yo no he querido forzar a esa población con otro bombardeo que puedo hacer en el momento que lo desee por el día o por la noche.
Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es que no venga ese aparato otra vez, pues me obligarán en trance desesperado a corresponder oportunamente con otra atrocidad.
Vengas ustedes y trataremos de ponernos de acuerdo.
De Uds. suyo aff. Tte. Coronel Vallespín.
Ya comprenderán que yo tengo mi vida entregada a la Patria. No hay nada que dudar de mis decisiones. Evitemos entre todos un inútil derramamiento de sangre"
Los diputados acceden a la petición y el día 27, por la tarde, tiene lugar la entrevista en el puente de acceso a los cuarteles.
Por un parte concurren los diputados Amilibia, Irazusta, Irujo, Picavea y Lasarte. Tan solo está ausente el diputado republicano por el Frente Popular Mariano Ansó que se encuentra en Madrid. En representación de los militares acuden Carrasco, Vallespín y el comandante Herce.
Las dos versiones de las que disponemos, la de Irujo y Vallespín, como es lógico difieren de manera sustancial. Pero, dejando esto a un lado, lo importante es el efecto que tiene entre los asediados.
Ese mismo día, por la noche, Vallespín convoca a los oficiales en el cuarto de banderas del cuartel de Ingenieros. En dicha reunión el jefe de ingenieros puede comprobar que incluso los militares más comprometidos, como el capitán Visiers o el sargento Iribas, opinan que ya todo está perdido. El capitán Miquel, que tenía como misión enlazar con los tradicionalistas, se ha retirado de toda actividad ante la ausencia de Muslera, que permanecía oculto. Ante esta situación Vallespín decide fugarse. A las 6,30 de la mañana sale del cuartel hacia la posición del Convento de Uba, situada sobre los mismos. Desde allí presenciará la entrega de los cuarteles y escapará hacia Astigarraga, siendo recogido por un automóvil en la carretera que une Hernani con Goizueta y que le traslada a Pamplona, a donde llega el día 30.
Mientras tanto en San Sebastián la sublevación toca a su fin. A las once de la mañana los cuarteles se entregan y 68 oficiales, con Carrasco a la cabeza, son hechos prisioneros y trasladados al Palacio de la Diputación, donde permanecen detenidos.
Mientras los militares se entregaban milicianos de la CNT entraban en los cuarteles y se apoderaban de la mayor parte del armamento que contenían. Las protestas del dirigente comunista Larrañaga no sirven para nada, poniendo de manifiesto la indisciplina que existía entre los defensores de la República, lo que necesaria-mente forzaba a una nueva organización de los mismos.

7.- LA SUBLEVACION EN GIPUZKOA

Una vez analizados los sucesos desarrollados en la capital donostiarra entre los días 17 y 28 de julio, debemos ocuparnos ahora de como se desarrollaron los primeros días de conflicto en el resto del territorio. Como es lógico, es imposible exponer lo que ocurrió en cada uno de los municipios de Gipuzkoa, sobre todo teniendo en cuenta que en algunos de ellos la situación fue de absoluta normalidad. Por tanto nuestro análisis se centrará en las principales localidades, y sobre todo en aquellas en las que se produjeron acontecimientos dignos de reseñar.
Iniciando nuestro recorrido por el Territorio desde la frontera francesa, la primera localidad a destacar es Irún. Para la localidad fronteriza, como ya se ha mencionado anteriormente, disponemos de un relato detallado de los primeros días obra del ingeniero alavés Julio de Aranzábal.
El día 19 la localidad del Bidasoa se encuentra paralizada por la huelga general decretada por las organizaciones de izquierda el sábado 18 por la tarde, quedando la frontera cerrada.
El lunes día 20 aparecen en las calles los primeros individuos armados, principalmente con escopetas de caza. Esa tarde, y por orden del Frente Popular de Irún, son asaltadas las armerías surgiendo las primeras pistolas automáticas, a las que se unirán algunas traídas del otro lado de la frontera. El mismo día 20 el Frente Popular se hace con el control de la ciudad. Los automóviles son requisados y milicianos escasamente armados se dirigen hacia el puente de Endarlaza, que es volado el día 22 de julio, cortando la carretera de comunicación con Navarra, impidiendo de esta forma el paso a las primeras columnas que penetran en Gipuzkoa provenientes de Navarra.
Un proceso similar se da en Fuenterrabía. Tal como indica Sainz de Los Terreros en su obra, la situación el día 19 es "de casi normalidad con afluencia a las playas, aunque por la noche comienzan las requisas de coches de veraneantes". El día 20 se constituye el Comité Local del Frente Popular
"integrado por representaciones de Izquierda Republicana, socialistas, comunistas y nacionalistas, asumiendo el mando de la población e instalándose en el Ayuntamiento. Se dió orden de huelga general, permitiéndose solo la apertura de los establecimientos de comestibles desde las ocho a las diez de la mañana. Se prohibió en absoluto bajar a la playa y se substituyó la vigilancia de los carabineros, en la línea fronteriza, por milicianos armados de escopetas de uno o dos cañones, pero de escasa munición".
Las primeras detenciones se producen en Fuenterrabía el día 20, pero se intensifican el 21, siendo los arrestados conducidos al salón de plenos del ayuntamiento. Al día siguiente se decreta el toque de queda y los milicianos de la villa se dirigen a San Sebastián e Irún, para tomar parte en los combates de la capital y reforzar el enlace con Navarra respectivamente.
El día 25 de julio dos acontecimientos se van a producir en la villa. Por la mañana un barco de guerra de los Estados Unidos fondea en la bahía de Txingudi, descendiendo de él marinos armados que se dirigen a los chales ocupados por los embajadores de Francia y de Estados Unidos en misión de protección. Ese mismo día los milicianos consiguen apoderarse del fuerte de Guadalupe, deteniendo a su comandante, que es trasladado al ayuntamiento de la villa.
En Rentería la situación es parecida en los momentos iniciales. El día 18 hacen su aparición las milicias MAOC, controladas por el PC de Euzkadi, que para el día 19 ya circulan armadas.
La situación se radicaliza el día 20 de julio. Ese día "había ya mucho revuelo en la villa patrullando por la misma elementos armados" y se produce el primer muerto de la contienda en Rentería. Las milicias, que habían comenzado la detención de los dirigentes derechistas locales, arrestan a José María García Fuentes -secretario del Círculo Carlista de Rentería- que es asesinado cuando era conducido a la Casa del Pueblo. A partir del día 21 los milicianos de Rentería se trasladan a San Sebastián, donde participarán en los combates de la capital. Cuando regresen a la villa, ésta estará ya -como veremos- convertida en frente de guerra.
Parecidas circunstancias se dan en las principales localidades guipuzcoanas. En Mondragón -villa de fuerte implantación obrera- se crea el mismo día 19 de julio una Junta de Defensa integrada por representantes de IR, PSOE, UGT, ANV y STV a los que se unirá el día 20 un representante del PNV. Al igual que en otros lugares se detiene a destacados carlistas que son conducidos a la cárcel de Bergara y se destacan milicianos a puntos estratégicos, en este caso al puerto de Arlabán.
Con respecto a los primeros días del conflicto en el Alto Deba, merece una especial atención el papel jugado por la Guardia Civil. Este cuerpo, como hemos visto en el caso de San Sebastián- se mantiene mayoritariamente leal debido a la actitud de su jefe natural el teniente coronel Bengoa. Pero ello no evita que en algunos puestos se imponga la confusión.
Este es el caso de las dotaciones de Oñate y Mondragón. Los primeros, al tener noticia de la existencia de problemas se trasladan con sus familias a Mondragón el día 21. La posible motivación del traslado sea el recuerdo de los sucesos de octubre de 1934, en el que algunos cuarteles -con escasos números- quedaron aislados. Ante la llegada a Mondragón de la columna que se dirigía Vitoria, los 24 guardias que se encontraban en el cuartel de la villa se rinden y son incorporados -junto con los milicianos locales- a las fuerzas que van a participar en el ataque a San Sebastián lo que nos hace pensar que el apoyo de la Guardia Civil a la República no era tan claro como podía parecer en un primer momento. Tan solo la actuación decidida de los milicianos -unida a la propia indecisión de los guardias- hace que éstos se mantengan junto a la legalidad republicana.
Para reafirmar esta hipótesis se puede citar el caso de Azkoitia. En esta villa del valle del Urola, el día 21 de julio se hace público el siguiente bando:
"Don Felipe Sáenz de Urturi, Comandante del Puesto de la Guardia Civil de Azcoitia.
HAGO SABER: Que habiéndose declarado el estado de Guerra en esta provincia, ruego al noble vecindario de Azcoitia, tenga mucha prudencia y calma en todos sus actos, haciendo saber que se castigará con todo rigor toda extralimitación que se observe tanto en unos como en otros. Azcoitianos todos, os recomiendo mucha calma y mucha prudencia"
Inmediatamente se presentan en el cuartel 12 requetés de Azkoitia, encabezados por el jefe del mismo -Pedro Alberdi- que se atrincheran en el mismo. Solo la presencia de milicianos llegados de Zumárraga hace que éstos depongan su actitud y sean detenidos, excepto el jefe del puesto y el de los requetés que logran escapar.
Parecida actuación es la de los requetés de otras localidades. Algunos como los de Anzuola se quedan en sus respectivos pueblos, otros -caso de los de Tolosa- optarán por escapar por el monte para unirse a las columnas navarras.
En líneas generales se puede decir que el alzamiento en Gipuzkoa es inexistente. El fracaso de la capital imposibilita el dominio de las localidades del Territorio. En las de cierta importancia de población la actitud decidida -y la anticipación- de la izquierda frustra todo posible intento derechista.
La prueba más palpable de esto es lo ocurrido en Tolosa. En la villa papelera se da la circunstancia -que no ha podido ser comprobada en otras localidades- de la existencia de un denominado "comité revolucionario" formado exclusivamente por miembros de la UGT y del PSOE.
La vigilancia ejercida por éste permite tener una pronta noticia de los sucesos de África, lo que motiva el asalto a las armerías y la solicitud de armas al Gobierno Civil, imposibilitando toda acción de los requetés de la villa, que tendrán que escapar hacia Navarra para escapar de la detención.
A modo de conclusión se puede afirmar que la indecisión de la capital hace fracasar el Alzamiento en Gipuzkoa. Pese a que los cálculos de Mola no eran del todo exactos, con una actitud decidida en la capital -secundada en las principales localidades por los tradicionalistas- gran parte de Gipuzkoa hubiera podido quedar en manos de los sublevados desde los primeros momentos del conflicto, evitando una dura y sangrienta campaña que se extenderá hasta principios de octubre.
La decisión de la izquierda en los núcleos industriales, donde desbordan a las autoridades, y el efecto galvanizador de la columna que se dirige a Vitoria y recorre toda la cuenca del Deba, se encuentran en la base de la victoria de la izquierda en los sucesos que tiene lugar entre los días 18 y 28 de julio.
Tras ellos, las fuerzas del Frente Popular, tienen conciencia de ser los auténticos dominadores de la provincia, desplazando incluso a los nacionalistas. Será este convencimiento el que les haga lanzarse a la creación y organización de un nuevo poder, de corte claramente revolucionario que se hará cargo de gran parte del territorio a lo largo de los meses de agosto y septiembre.

Hurrengoa

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