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Gipuzkoa 1936

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UNA NOTICIA DEL DÍA


“LA NACION” DE BUENOS AIRES

Martes, 25 de agosto de 1936

Páginas:

Las fuerzas leales abateiron en la jornada de ayer cinco aviones enemigos


JUSTICIA REPUBLICANA
En Madrid y Barcelona se dictan y aplican sentencias capitales

Interesantes detalles de cómo se produjo la rebelión en Barcelona.- Numerosos jefes y oficiales fueron leales a la República.-Otros procesos

IMPORTANTE CONSEJO DE GUERRA
Barcelona.- A las seis de la mañana nos trasladamos desde el embarcadero de la Puerta de la Paz en una gasolinera que nos había de llevar a bordo del “Uruguay”, a bordo de cuyo barco se había de celebrar el Consejo de guerra contra el ex comandante don José López Amor Jiménez, ex capitán enrique López Belda, ex capitán Luis López Varela y ex capitán Fernando Lizcano de la Rosa.

Tanto al llegar a la embarcación como al penetrar en el interior de ella se practicó una severa investigación y registro de todas las personas que acudían al mismo.

A las siete y cuarto de la mñana, fué trasladado a bordo, en una camilla, el capitán López Varela, que estaba herido en el Hospital militar, donde ingresó el día 19 de julio, en que se produjeron los sucesos revolucionarios.

A las ocho de la mañana quedó constituído el Tribunal bajo la presidencia del general de brigada de Artillería don Manuel Cardenal Dominicas.

Como defensores actúan el comandante de Artillería don Fernando de la Torre y el comandante de Infantería don Anastasio Santiago Rojo.

Actúa como suplente de los mismos el comandante de Infantería don Manuel Guarido.

Dada la voz de audiencia pública, pasaron a la sala, en que estaba reunido el Consejo, los procesados, vistiendo uniforme, los capitanes López Belda y Lizcano, llevando éste prendida al pecho la cruz laureada de San Fernando. De paisano vestía el capitán López Amador. Y el capitán López Varela fué llevado, en la camilla que ocupaba, al centro de la sala y colocado entre los demás procesados, y el Tribunal delante de esta.

El juez instructor dió seguidamente lectura al apuntamiento y lectura de las declaraciones prestadas por los procesados y tesgigos que han comparecido en la causa.

Se lee en primer término la declaración prestada por el teniente coronel jefe de Estado Mayor don Adalberto Sanfélix, el cual dice que no tenía conocimiento de lo que iba a ocurrir y que nadie le había dicho nada de ello. Las primeras noticias de lo que sucedía las tuvo dentro del cuartel de la división y él trabajó cuanto le fué posible para reducir a los sediciosos que en el mismo había.

En la declaración del capitán Lizcano, dice éste que se encontraba en el cuartel y que el jefe de los servicios le notificó que iba a ser atacado, por lo que se dispuso a defenderlo, como así se hizo, hasta que a las seis de la tarde tuvo que rendirse con las demás fuerzas.

Agrega que nadie le había dicho nada de que se preparara un movimiento militar y no sabía si los cuarteles iban a ser atacados o no.

El capitán López Amad dice que se encontraba en el cuartel del Regimiento número 13 con varios compañeros y que se limitó a cumplir una orden del jefe de la división y que por eso salió de los cuarteles al frente de la fuerza.

Agrega que la orden del cuartel general iba dirigida al jefe, coronel del regimiento, don Fermín Esplugas.

No se creyó en ningún momento que se tratara de un acto contra el Gobierno y contra la República, y que la prueba de ello es que las fuerzas salieron del cuartel al grito de Viva España y Viva la República.

Con las fuerzas a su mando, una vez que salío a la calle, fué hostilizado con tiros desde varios grupos, a los que las fuerzas contestaron, dirigiéndose a la Plaza de Cataluña, donde ya se dió cuenta de lo que pasaba, dirigiéndose entonces hacia la Comandancia militar, donde coincidió con otras fuerzas, dándose orden a los soldados de regresar al cuartel.

Dice que no sabía nada de lo que se preparaba ni a él habían llegado rumores de ello.

Dice también que en el cuartel estaban el coronel señor Esplugas y el general San Pedro antes de que salieran las tropas pero que no se unieron a éstas.

El procesado López Belda dice que se encontraba con su regimiento, y estando en el patio del cuartel, recibió orden de salir a la calle para un lugar determinado, que no especifica, y mantenerse allí. Que así lo hizo, siendo hostilizado en el camino pro fuego de fusil que le hacían grupos de paisanos.

Dice también que se dirigía a la Comancia militar, en la que estaba el general Llanos de la Encomienda, pero que se rindieron cuando se entregó la Comandancia general.

El ex capitán López Varela dice también que él se limitó a cumplir órdenes de la superioridad y que el movimiento no era contra la República, pues las fuerzas salieron de los cuarteles al grito de Viva España y Viva la República.

Salió del cuartel, y con sus fuerzas se dirigió a la Avenida de Icaria, siendo hostilizados por grupos de paisanos y que a las once y media de la mañana se había rendido a las fuerzas populares.

Afirma que si sacó a la calle una batería fué en cumplimiento de órdenes recibidas por escrito de la Jefatura del Estado Mayor.

Preguntado si formaba parte de alguna organización militar, dice que había estado afiliado a la U. M. E. (Unión Militar Española), pero que esa organización ya no funcionaba.

Dice también que en ningún momento pudo suponer que el movimiento fuera contra la República por cuanto que en el mismo estaban comprometidos diversos elementos del partido radical.

Se le pregunta también sobre los documentos que le fueron aprehendidos y una clave que le fue hallada, y dice que eran señas particulares.

También se le pregunta si era cierto que entre esos documentos había uno en el que se pedía la separación del Ejército del capitán Arturo Menéndez, y contesta de manera afirmativa.

Se lee a continuación la declaración prestada por el jefe de la división, general Llanos de la Encomienda, que se refiere a las órdenes que dió el ex oficial López Belda para que se pusiera a sus órdenes y que éste no cumplimentó.

Otra declaración del teniente de Artillería Luis Muñoz, en la que dice que si salió con López Belda fué porque éste dijo que eran órdenes de la superioridad.

El teniente José Torres, de la primera batería de Montaña, dice que él tampoco se sublevó, sino que se limitó a cumplir órdenes de sus superiores.

El capitán José de la Guardia declara exactamente lo mismo.

Es idéntica la declaración de otros oficiales.

El coronel de Artillería don Francisco Senra declara que los días 17 y 18, cumpliendo órdenes que le habían sido dadas por el jefe de la división, general Llanos de la Encomienda, había permanecido en el castillo de Montjuich para ejercer una misión de carácter jurídico. Que el día 18 por lanoche regresó al cuartel e hizo entrega del mando al comandante Unzué, a quien ordenó de una manera terminante que nadie saliera del cuartel si no se recibían en ese sentido órdenes de la superioridad.

El comandante Unzué, atendiendo a las órdenes que decía recibidas de la Comandancia militar, sacó a la calle dos baterías, y una de ellas se la llevó, con fuerzas del regimiento, el capitán Alcázar.

En vista de lo que sucedía, y no estando conforme con el movimiento subversivo, escribió una carta al presidente de la Generalidad, señor Companys, poniéndose a sus órdenes y diciendo que él no secundaba ningún acto de rebelión.

También se lee la declaración del coronel Esplugas, que niega toda participación en el movimiento.

En la noche del sábado se encontraba tranquilamente tomando un café en el de la Amistad, cuando el comandante Matamoros le pasó aviso de que algo anormal ocurría en el cuartel. Rápidamente se dirigió al mismo, y al llegar al cuarto de banderas se encontró con que allí estaba toda la oficialidad, muy excitada, dando grandes vivas a España y otros vivas a la República.

Como viera que no se le hacía caso, salió del cuarto de banderas en el momento que llegaba de la calle el general San Pedro, y ni o uno ni a otro les dejaron salir, quedando ambos detenidos.

Como no se le permitió salir del cuartel, ni sabe qué es lo que hicieorn las tropas.

El, antes de ser detenido, influyó cuanto estuvo de su parte, lo mismo que el general San Pedro, para que los oficiales no se sublevaran y fueran a la sedición.

La declaración del general San Pedro es casi idéntica, pues dice que no tuvo conocimiento del movimiento, y cuando se produjo, hizo todo lo posible para disuadir a los oficiales rebeldes.

El general de la Guardia civil, señor Aranguren, declara que él mismo recibió órdenes del general Fernández Burriel para sumarse al movimiento. La Guardia civil no sólo no tuvo la menor participación en el movimiento, sino que desde el mismo instante en que se produjo, cumpliendo su deber de estar al lado del Poder legítimamente constituído, salió a la calle para combatir contra quienes le atacaban.

Da cuenta también de las conferencias que sostuvo con los generales rebeldes Goded y Fernández Burriel para hacerles desistir de sus propósito de mantener la sublevación.

Dedica encendidos elogios al teniente coronel de la Guardia civil señor Escobar Huertas, que, al frente de sus fuerzas, se echó a la calle desde el primer momento y se puso a las órdenes del Poder legal, luchando juntamente con el pueblo hasta reducir la sublevación.

Se lee la declaración del general de la división, Llanos de la Encomienda, que es en gran parte la misma que prestó en el sumario contra los generales Goded y Fernández Burriel.

Se pide ampliación de declaraciones a López Varela, quien dice que él no se hubiera sublevado si las tropas no hubieran sido objeto de agresión por parte de los paisanos armados; y que si salió a la calle fué en cumplimiento de órdenes de la superioridad.

El procesado ex capitán Lizcano dice que, por orden del general Fernández Burriel, fué a llevar una orden al general Llanos de la Encomienda. Dice que se la dió cuadrado y con toda cortesía, pero que el general Llanos, con gran violencia, le apostrofó y, al mismo tiempo que con la mano derecha le arracanba del pecho las insignias de la cruz laureada, con la mano izquierda le daba dos bofetadas, contra lo que reaccionó debidamente.

Estaba presente el hijo del general Llanos quien intervino y le dijo que debía tñener en cuenta que el general estaba muy excitado porque se le pedía cumplimentara una orden del general Goded que no podía aceptar.

Más tarde, el general Llanos se excusó de las violencias que con él había tenido.

El ex capitán Lópz Balda declara que él presenció parte del incidente con el general Llanos.

Se refiere a unos documentos que le fueron recogidos y dice que se los envió el capitán Mercadal.

El fiscal interroga después al ex comandante López Amor, y dice que él estaba en el Regimiento número 13 y que salió a la calle con las tropas al recibir un sobre urgente en tal sentido que llegaba de la Comandancia militar.

También interroga al ex capitán Lizcano, que vuelve a referir su incidente con el general Llanos, y dice que se quedó en la Comandancia, diciendo que allí tenía veinte mil cartuchos para resistirse y sostenerse mucho tiempo.

Como el capitán López Verla está herido, el fiscal se acerca a su camilla y le interroga.

Dice que efectivamente, pertenecía a la Unión Militar Española y había actuado como jefe del sericio de contraespionaje formado por esta organización y que con tal motivo había efectuado un viaje a Marsella.

Salió a la calle con una batería, por órdenes del Estado Mayor, y ratifica su creencia de que el movimiento no iba contra la República, ya que todas las tropas al salir a la calle vitoreaban a la Repúblic.

Acerca de la lista que le fué cogida y en la que había muchos nombres y números de teléfonos, dice que eran de personas con las que tenía que entenderse para los servicios de contraespionaje.

Declara después el coronel Silverio Cañadas, quien dice no tuvo conocimiento del pronunciamiento militar ni le dió un asentimiento.

El teniente coronel de Estado Mayor, Santoniz, repite lo que dijo en el sumario contra Goded, o sea que no tuvo la menor participación en el movimiento.


UN CAREO
Terminadas las declaraciones, el fiscal pide que se celebre un careo entre el general Llano de la Encomienda y el ex capitán Lizcano.

El general Llanos dice que se le presentó Lizcano llevándole un recado del general Fernández Burriel, pidiéndole que se entregara, y él replicó a Lizcano que un militar que llevaba la laureada no cumplía órdenes de tal clase y mucho menos si esas órdenes le habían sido dadas por teléfono.

Confirma que, indignado por tal acto, arrancó la laureada del pecho de Lizcano y la arrojó sobre una mesa.

Agrega que no era cierto que pidiera excusas a Lizcano y que ni él ni su Estado Mayor podían ponerse a las órdenes de Goded y demás elementos facciosos, advirtiéndoles que tendrían que arrepentirse de su actitud.

La escena es violentísima. El procesado Lizcano quiere responder de modo violento, y el presidente del Tribunal le advirte que no pude permitirle que se produzca de ese modo.

No obstante, el ex capitán Lizcano, muy nervioso, repite su relato anterior y dice que si continuó participando en el movimiento y no cumplió las órdenes del general Llanos era porque éste había sido depuesto por Goded.

Nuevamente habla el general Llano, y dice que si Lizcano habló de veintemil cartuchos con qué defender la Comandancia militar fué un medio con el que trataba de justificar su actitud y no retirarse de aquel lugar.

Agrega que Lizcano le amenazó con la pistola.

Lizcano reconoce que, ofendido por la actitud del general, que le arrancó la laureada, se obcecó y quiso sacar la pistola.

Se suspende el juicio para continuarlo por la tarde.

En la sesión de la tarde, el fiscal pronunció un magnífico informe muy documentado, señalando los numerosos hechos que confirman la existencia de un movimiento de rebelión contda la República y los Poderes constituídos.

Pide que los procesados sean condenados a la pena de muerte, con las accesorias de pérdida de empleo y una responsabilidad civil por valor de dos millones de pesetas.

Los defensores niegan la participación de los procesados en la rebelión y piden en todo caso sean condenados a catorce años de reclusión.

Termina el consejo y el tribunal queda reunido para dictar sentencia, dando por terminadas sus deliberaciones a las once menos cuarto de la noche.


SENTENCIA Y EJECUCION
Barcelona.- La sentencia recaída en el Consejo de guerra fué de pena de muerte para los cuatro procesados.

Transmitida a Madrid, fué aprobada por la Superioridad, y esta mañana fué ejecutada, siendo fusilados los cuatro procesados.


LA SUBLEVACION DE CARABANCHEL.
Madrid.- Hoy ha comenzado la vista de los sucesos registrado en el Regimiento de cazadores de Carabanchel, y por los cuales se hallan procesados el aférez de complemento Rodríguez de Viguri, el sargento José Espinosa, el teniente Enrique Cobeño, el capitán Marcelino Alvarez, el sargento Manuel Trujillo y el capitán Antonio Alvarez, quien, en compañía del oficial Becerril, dió muerte al teniente Carratalaá, del citado regimiento.

Durante la mañana y primeras horas de la tarde se procedió al interrogatorio de los procesados y después se dió lectura a las declaraciones prestadas anteriormente por ellos.

Esta diligencia se verificó a petición de parte.


OTRAS VISTAS
Madrid.- En la Cárcel Modelo se constituyó, bajo la presidencia del que lo es de la Sala sexta del Supremo, don Mariano Gómez, el Tribunal encargado de enjuiciar los delitos cometidos durante la última sublevación.

Vióse hoy el proceso por la insurrección habida en Alcalá de Henares y se dictaron cuatro penos de muerte, algunas de cadena perpetua y otras inferiores.

Las sentencias capitales se cumplieron inmediatamente.


MILITARES PROCESADOS
Barcelona.- El Tribunal especial ha dictado auto de procesamiento y prisión sin fianza contra tres oficiales de la guarnición de Gerona, el comandante Carlos López Manduney y dieciocho más, acusados de haver intervenido en los pasados sucesos.


GALERIA DE TRAIDORES
EL GITANO SANGRIENTO, EN PARIS

Anticipándose al diluvio de emigrados españoles que pronto caerá sobre París, don Niceto desembocó una tarde en la estación del Norte. Si los periodistas esperaban encontrar un personaje con fisonomía y maneras de estadista europeo, se quedarían boquiabiertos al verle con su maletilla al brazo y su gesto alelado de paleto. Pero contemplado en las fotografías de los periódicos un poco enflquecido ycon la cana-pelambre revuelta, no se adivina en don Niceto al gitano conceptuoso y picapleitos; su figura tiene ya cierto aire raso. Algo de lo que, en el mejor de los casos, será en un porvenir próximo, nuestro malogrado Kerenski; un vejete raido, que malcome y murmura, como Rodzianko, el ex presidente de la Duma, o como Milukoff, el líder de los “cadetes”...

Las primeras armas como periodista de exportación las ha hecho ya el ex protegido de Romanones, con unos artículos que, para dos diarios de gran información, le han escrito no sabemos cuáles “reporters” parisinos. Artículos, seguramente, sin continuación, y que le han sido solicitados –y espléndidamente retribuidos, sin duda- porque ahora don Niceto es en París un fenómeno sensacional, como pudiera serlo la ternera de las cuatro cabezas o la reencarnación de Jack, el destripador.

En seguida vendrán el olvido yla miseria. Entonces se acordarán los franceses de que “le premier president de la Republique espagnole”, antes de soñar con serlo, fué comanditario de un periódico rabiosamente francófobo, subvencionado –durante la Gran Guerra- por el príncipe de Ratibor.

Mientras eso llega, Alcalá Zamora se hará la ilusión de que los franceses lo toman, si no por un rival de Lloyd George, por un émulo de Venizelos.

En sus artículos, don Niceto ha dado ya al Extranjero la medida de su inteligencia y de su sensibilidad. Ni condena la rebelión, ni la defiende. Procura vergonzosamente justificarla. El la hubiera evitado. . Pero lo echaron. Y a la fecha del 7 de abril –la de su destitución- le concede don Niceto mucha mayor trascendencia que a la sangre que, en gran parte por culpa suya, se derrama a estas horas en España. Más que los asesinatos de millares de personas indefensas por los facciosos de Badajoz le importa que las Constituyentes decidieran la supresión del Senado.

Otro detalle en que el ex presidente hace hincapié es el de que la actual rebelión no es un pronunciamiento. ¿Cómo había de serlo? En la primera sesión de las Constituyentes don Niceto declaró borrada la palabra del diccionario, haciendo el ademán –perpetuado por el magnesio- de un virtuoso que toca el violín.

¡Tiempos candorosos aquellos en que los republicanos concebíamos capaz de arrepentimiento a un cacique redomado, criado entre intrigas aldeanas y educado en las mañas romanonescas! ¡Honrada euforia la nuestra, que nos hacía escuchar pacientemente ls torrenciales flatulencias de aquel ministrillo que, en uno de sus viajes a una región minera, quiso saber dónde estaban las minas de carbón de cock!

Caro lo hemos pagado. Un Sagasta sin el ingenio ni la bravura del político riojano; ignaciano camulado de liberal, hombre de rencores misérrimos y de morbosas ansias de poder, don Niceto llegó a creer posible una Republica de obispos, jesuitas y terratenientes, con todo el país nicetizado, bajo su autocracia lugareña.

El fracaso de su plan engendró la matanza de Octubre y la cruenta pelea actual. Ahora, el trágico oligarca quiere lavar sus manos ensangrentadas e invoca el indulto de Sanjurjo, el de González Peña y el de Pérez Farrás. Pero, ¿quién encendió la revolución? ¡Y todavía sí hubiera desgarrado a España alucinado por un fanatismo! Pero la sacrificó a la ambición grotesca de hacer de toda la nación un inmenso Priego. Todo lo que ha ocurrido se le había pasado ya por su imaginación de loco peligroso. Don Niceto ha tenido siempre, desde el primer día que ocupó la cabecera del banco azul, la obsesión de Mac Mahon, el presidente francés depuesto por sus inclinaciones al poder personal. Cualquier episodio le traía a la memoria la figura del almirante, arrojado de su puesto por la voluntad nacional, encarnada en el Parlamento. Un día, en una votación de las Constituyentes el secretario leyó una cifra: 363. Don Niceto se removió de su asiento, como si le hubiese picado una víbora ..¡Tregzientos zezenta y trez”” exclamó arrebatadamente. Salíó del salón de sesiones repitiendo como un monomaniaco, los tres guarismos. Como viera un gesto de extrañeza en el rostro de un diputado próximo a él, explicó: “ Zi, hombre, tregzientos zezenta y trez. Er número de diputaos que votaron contra Mac-Mahon”.

Era –y sigue siendo- en él un presentimiento freudiano. En los artículos que le ha escrito estos días un “repórter” de París, don Niceto reincide en el recuerdo de Mac-Mahon, parafraseando las célebres palabras de Gambeta: “Someterse o dimiir”. “Yo me sometí –dice. .Yo no pensé ni un solo momento en resistirme.”

Calla que le dió el encargo a su consuegro, el ebrio hotentote, que vomita hediondeces por la Radio-Sevilla y deshace barriadas enteras a cañonazos.

Irrisorio remedo de Thiers en lo mental y superior a él en mil codos por las culpas contraídas, el caciquillo prieguense no oculta siquiera que conocía lo que se tramaba y se puso oportunamente en salvo. “Me he marchado –escribe por él el periodista parisino- para no echar leña al fuego. Pero no es vedad. .Se fugó con buena provisión –aunque no tanta que no se le agote algún día- de divisas extranjeras para no caer en medio de la hoguera que él prendió.


EL VERDADERO ESPIRITU REVOLUCIONARIO

Camaradas:

Ni venganzas particulares ni pillajes.
Energía y serenidad.
Defensa de la revolución.
Dignificación de la revolución.


LOS ESTADOS UNIDOS CONSTRUYEN 79 NAVIOS DE GUERRA

Washington.-Seis torpederos de 1.500 toneladas y tres submarinos de de 1.350 van a empezar a construirse en los astilleros privados.

El mismo número de barcos de guerra será construído en los astilleros de la Marina.

Actualmente se están construyendo 79 navíos de guerra, de los cuales 12 son submarinos y 51 torpederos.


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