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Gipuzkoa 1936

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EGUNAREN ALBISTEA


REPORTAJES DE AVANZADA

Astelehena, 1936ko abuztuaren 10a

Páginas:

ANÉCDOTA
“SI VUELA, SANJURJO NO LLEGARA A ESPAÑA...”

Un relato interesantísimo del diputado socialista Angel Galarza

Leemos en “La Humanitat” este interesante reportaje:

“El diputado socialista Angel Galarza está en Barcelona. Más bien dicho: estaba ayer a la tarde. A estas horas ya debe haber embarcado rumbo a... Nos rogó que no lo dijéramos y no lo diremos. Pero ello no nos priva de hacer memoria de lo que nos contó precipitadamente antes de dejar Barcelona.

Es un hombre simpático Angel Galarza. Simpático y franco. Siempre dispuesto a la charla, nos cuenta sus aventuras –que de aventuras se pueden calificar- desde que abandonó Zamora, perseguido por los fascistas, entrando en Portugal, para volver a salir y desde Boulogne sur Mer regresar a España y finalmente a Barcelona.


DE ZAMORA A PORTUGAL
Zamora –nos dice- donde me hallaba la mañana del domingo, estaba en poder de los fascistas. No me quedaba otro remedio que, o dejar que me capturasen o escapar. La lucha era imposible. Opté por trasladarme a Portugal.

En la frontera portuguesa, Acañices y Guardiña, tienen, con sopresa mía, ideas que no coinciden en nada con un estado dictatorial.

No creo necesario –agrega siempre modesto- explicar las estratagemas de que nos valimos para pasar la frontera. En Braganza no pudimos telegrafiar. Era día festivo y la oficina estaba cerrada desde las doce. Tampoco se podía telefonear.

Este contratiempo nos obigó a alquilar un automóvil para trasladarnos a Chaves.En esta población ya fué otra cosa. Había teléfono y por tanto pudimos ponernos en contacto con nuestra Embajada de Lisboa. Las noticias que nos dieron eran optimistas, lo cual nos hizo suponer eran optimistas, lo cual nos hizo suponer que tal vez fuera Zamora la única población que se había rebeldado contra la República democrática.


UN AMIGO PORTUGUES
En Chaves dimos un paseo. Hicimos conocimiento con varios portugueses que nos fueron presentados en una “dulcería”. Entre ellos había uno que nos hizo una seña, por medio de la cual quedamos inmediatamente hermanados.

Es con este amigo con el que podemos hablar. Y a él a quien preguntamos si por allí ha pasado, hace poco un automóvil con matrícula de Melilla. El amigo portugués nos deja y al cabo de media hora regresa y nos asegura: “Tengo el convencimiento de que por la frontera de Zamora no ha pasado el coche que interesa”.

La conversación gira en torno a hechos, que no es del caso detallar, de mucha importancia. De tanta importancia que nos decidimos a trasladarnos, con la mayor rapidez posible, a Lisboa.

Cuatrocientos escudos nos cuesta el alquiler del automóvil. Llegamos a Oporto por la noche. Aquí pasamos la noche y luego, en el tren, escoltados por un policía muy amable, con la insignia de “Acción Católica” en la solapa, acabamos nuestro viaje en Lisboa.


Y UN ESPAÑOL ENEMIGO
¡Falta de reflexión! Una ligereza imperdonable. Nos dirigimos a uno de los cafés más elegantes del Rocío. Vemos españoles, todos fascistas o simpatizantes con la opresión. Julio Camba preside un grupo. A su alrededor una serie de fascistas hablan en voz alta y dan por seguro el triunfo de la traición de los generales facciosos. Camba nos mira y nos saluda con ungsto de menosprecio.

Una ligereza imperdonable. No debíamos de haber entrado en aquel café. Esta visita nos podía haber costado muy cara... Ya veremos por qué.


NOTICIAS DE SANJURJO
Salimos del café y damos algunas vueltas, mirando si somos espiados. Nos dirigimos a un almacén en el cual se hallaba una persona a la que estabamos recomendados por el amigo de Chaves. Ya estaba avisado y se puso enseguida a nuestra disposición. Es un amigo de España. Es hermano nuestro, es un portugués que, como muchos otros, esperan nuestro triunfo en España para vencer la dictadura del jesuita Salazar.

Preguntamos noticias de España. De la sublevación militar. De la participación que ha podido tener Sanjurjo y nos contesta que el ex general traídor hace frecuentes viajes de Estoril a Lisboa y de Lisboa a Estoril.

“Ahora –nos dice el amigo portugués- voy a disponer de forma que se sepan todos los movimientos de este individuo”.

Efectivamente, a la mañana siguiente, un enviado de nuestro amigo nos proporciona la noticia de que en la playa de Santa Cruz ha tomado tierra un avión español, que seguramente es el que se propone llevar a Sanjurjo a España.


SI VUELA, SANJURJO NO LLEGARA A ESPAÑA
Nos dicen nuestros amigos que el avión será trasladado al campo militar y que será muy difícil impedir que salga. Si por algún medio consiguen que el aparato vaya a otro lado, responden de que Sanjurjo no llegará a España.

Se nos dijo esto con tanta energía y con tanta convicción, que no dudamos de que harían todo lo posible y lo que no lo es, con tal de impedir que el avión de Sanjurjo saliera rumbo a España del campo militar de aviación.

Inmediatamente nos pusimos en movimiento todos los españoles republicanos residentes en Portugal para que, personalmente, con telegramas y telefonemas protestasen ante el Gobierno portugués de la protección que se daba a Sanjurjo. Se harían circular rumores de conspiraciones, complots y atentados en el caso de que el aparato de Sanjurjo fuera trasladado al campo de aviación militar.

No puedo asegurar si fué por eso o por alguna otra razón, lo cierto es que el avión de Sanjurjo fué llevado a otro campo de aviación.


UN PAQUETE Y UNA CONFERENCIA TELEFONICA
Nosotros habíamos conseguido que el avión no fuese trasladado al campo militar. ¿Y nuestros amigos cumplirían su palabra? ¿Les sería posible evitar que Sanjurjo llegara a España en aquel aparato?

Lo cierto es que aquella tarde un enviado de nuestro amigo, puso en nuestras manos un paquete diciéndonos: “De parte de vuestro amigo, como garantía de que todo se hará”. Dicho esto montó en un automóvil, desapareciendo, sin que tuviéramos tiempo de preguntarle nada sobre el contenido del paquete.
-Qué había en el paquete? –pregunta el repórter.
-No se lo puedo decir, por ahora.

Minutos después comienza a circular el rumor de que había sufrido un accidente el aparato en el cual iban Ansaldo y Sanjurjo y que al envolverse el avión en llamas había perecido abrasado el ex general.

Una llamada telefónica. Me pongo a aparato.
-Es Galarza?
-Sí.
-Debemos darnos un abrazo.

No podemos, tampoco, preguntar nada. Hemos de advertir que en Lisboa, aunque la intervención telefónica es muy rigurosa, hay muchas cabinas públicas imposibles de controlar.


ABANDONAMOS LISBOA PRECIPITADAMENTE
El cadáver de Sanjurjo va a ser velado por fascistas españoles uniformados y el Gobierno portugués facilita un armón de Artillería para su entierro.

Creen todos en el accidente fortuito. No lo sé. El caso es, que al cabo de 48 horas, cuando en automóvil de la Embajada, nos dirigimos a la casa donde habitamos, al poner los pies en tierra hubimos de volver rápidamente al coche. A la puerta hacían guardia varios fascistas españoles y había, también, un coche ocupado por dos fascistas más.

Me es imposible precisar si esta guardia –que no era precisamente para protegernos- la motivaba nuestra visita al café del Rocío o si es que suponían conocer las causas de la muerte de Sanjurjo...

Por lo que pudiera suceder, salimos rápidamente de Portugal para Boulogne sur Mer, de allí a Barcelona, y ahora a...

Buen viaje y buena suerte, estimado Galarza.

J. VILA-BISA


LOS REBELDES ATENAZADOS
No bastan las armas, es necesario el ideal
Los últimos episodios de la lucha contra los rebeldes confirman esta realidad, que los más apasionados no podrán negar: que los sediciosos se encuentran totalmente inmovilizados, y que les fracasa toda salida, por mucho que la estudien y preparen.

Así les ha ocurrido en el frente de Zaragoza, en Oviedo, en Córdoba y en las posiciones de Guadarrama. Como no dominan el territorio que ocupan, ni pueden responder de los soldados que mandan, resulta que no hay avance posible, porque todos se transforman en desastres. No hay plan estratégico que triunfe con el enemigo por delante y por detrás, y teniéndolo incluso en sus propias filas. Los facciosos están condenados a perecer en sus bases, atenazados por la presión de las fuerzas leales y del pueblo en armas, que no se somete, que arrostra las amenazas y los fusilamientos, y tiene, a las tres semanas de lucha, la misma vehemencia y el mismo ardor combativo.

Recuérdese que allí donde fueron posibles el engaño y la sorpresa, los sublevados fueron sometidos fácilmente. En Madrid, en Barcelona, en Valencia, en Albacete, en Almería, se les fué a buscar a sus madrigueras y la acción estuvo decidida, desde el primer momento, a favor de los leales. Sólo mediante ardides largo tiempo preparados se pudo contar con la cooperación de la tropa, que al encontrarse con las columnas republicanas, y fuera de la coacción de los jefes, se une a ellas entusiasmada.

¿Qué clase de empresa defienden esos generales, que suscitan el odio de las poblaciones donde actúan, la antipatía de los soldados y el desprecio de sus propios colaboradores? Ninguna guerra puede manenerse sin la fe de los combatientes, y mucho menos con el equívoco y la mentira, sostenidos por la violencia. La verdad se abre paso incluso en medio de la guerra, y no hay pena de muerte que la sofoque y obcurezca.

Podrán tener los oficiales rebeldes y algunos fascistas qe les acompañan la idea de vencer y la confianza en sus propias convicciones, bien bastardas por cierto. Pero a la tropa no le sucede lo mismo. De ahí las deserciones, las huídas, los descalabros que se suceden tan pronto los sublevados salen de sus cuarteles.

Ningún gran general –y ninguno de los rebeldes lo es- pudo triunfar definitivamente sobre territorios hostiles o con soldados de moral insuficiente. Hasta Napoleón fracasó cuando quiso proceder de ese modo. Los sediciosos, acostumbrados al espejismo de su poder, olvidaron las contingencias decisivas de una lucha contra el pueblo entero. No contaron con el material humano, que es el que hace la guerra y anima los instrumentos de combate.


Cataluña salvará a España y lucharemos hasta la muerte para aplastar al fascismo
Esto declara M. García Oliver, jefe de las milicias antifascistas

Nada puede darnos una idea mejor del prestigio que tienen las milicias antifascistas cerca del pueblo español, compuestas por falanges de hombres de todas las edades, que el hecho de que se alisten millares de ciudadanos para luchar contra el fascismo.

Este nuevo ejéricto actúa desde el segundo día de la guerra civil y cada minuto que pasa se va perfeccionando. En Barcelona, entre los más entusiastas del Frente Popular, el nombre de García Oliver es como una bandera.

García Oliver, es el hombre del momento, en quien todas las fuerzas de la C. N. T. y las de la F. A. I. tienen una ciega confianza inquebrantable.

Para verle, es necesario ir a la Escuela Naval, cuartel de las milicias antifascistas.

Se encuentra allí permanentemente desde el 19 de Julio, trabajando día y noche sin descanso. Describir el ambiente de agitación y de fiebre que reina en este edificio, es poco menos que imposible. Hombres y mujeres de todas las agrupaciones y de todos los partidos, vestidos con trajes corrientes o monos mecánicos, tocados con gorros de policía armados de cartucheras, de fusiles o de pistolas ametralladoras.

Nos creemos un poco en el escenario de un teatro, pero aquí, se representa realmente un drama que se titula la guerra.

Cada uno de los presentes tiene un papel a realizar, una autorización que solicitar, un caso particular que exponer.

Guardias civiles con raras vestiduras; guardias de Asalto, Carabineros circulan aquí y allí, ejecutan misiones, llevan pliegos; en fin, es una agitación inimaginable.

La entrada del despacho de García Oliver es severamente guardada, como todas las puertas, todos los pasillos y las escaleras, pero una vez más nuestra carta de periodista nos facilita muchas coas.
-“He vivido quince años en Burdeos, nos dice, el miliciano que sirve de introductor al “Gran Patrón”. Así que conozco bien “Le Petite Gironde”. Tenga a bien sentarse. Cinco horas esperamos. Comenzamos a desesperarnos. De repente una voz grita nuestro nombre. Un pequeño pasillo, una puerta que se abre delante de nosotros entre una biblioteca donde se amontona documentos y cartas.

Un hombre: García Oliver. Un atleta, cabellos negros echados para atrás, barbilla cuadrada, el jefe de milicias denota enseguida una impresión de fuerza y de energías extraordinarias.

“¿Es usted periodista francés? No me molesta recibir le porque así espero que traducirá fielmente mi pensamiento.

Se habla mucho de cosas sobre nosotros en su país, pero bien pocas son exactas. Siéntese y hablemos”. La voz ha resonado dura, autoritaria. Es la misma voz que ha llamado al pueblo al levantamiento en masa.

Desde nuestra llegada a Barcelona, queríamos acercarnos a los jefes de las milicias antifascistas.

De un gesto seco, García Oliver nos para:
-Entre nosotros no hay jefes, somos todos hermanos, todos anarquistas. Tengo simplemente un mandato d emis camaradas para organizar la resistencia. No soy ni más ni menos que un obrero textil quien, desde la edad de dieciseis años –tengo treinta y seis- lucha por el triunfo de nuestras ideas.

Las milicias están en plena organización, el gobierno de la Generalidad nos ha llamado a nosotros. Ha designado al comandante Félix Farras para dirigir la marcha sobre Zaragoza y aquí nuestro trabajo consiste en dirigir esos movimientos de tropas y enviarles refuerzos, en organizar el servicio de Intendencia y víveres. Doce mil hombres han marchado ya. Tenemos que llegar a movilizar trescientos mil. Las milicias son la columna vertebral de la C. N. T. y de la F. A. I. El golpe de fuerza militar del 18 de Julio nos ha sorprendido. Solo Barcelona y Madrid han sabido resistir por el apoyo de los anarquistas, que nos hemos levantado en masa.
-¿Pero de todas maneras son ustedes opuestos al Frente Popular?
-En la hora actual, la cuestión no está ahí. Entre nosotros, es la unión sabrada de todos los partidos, de todas las federaciones, de todos los sindicatos contra el enemigo común: el fascismo. Para aplastarlo no retrocederemos ante nada. Mientras quede un solo fascista en España, lucharemos hasta la muerte.

Abordamos la delicada cuestión de los asesinatos y pillages.
-No se confundan ustedes, responde, García Oliver, no hacemos más que pagar a los fascistas con la misma moneda que ellos a nosotros. Si Zaragoza y Sevilla han estado rápidamente en manos de los militares, es porque nuestros compañeros de la C. N. T. y la F. A. I. han sido odiosamente masacrados.

-¿Los incidentes de iglesias?...
-Primero, varias de ellas sirven de refugio a los insurrectos. Además sepa que cada vez que ha habido en España una guerra civil, las iglesias han sido quemadas, porque el clero, los frailes son enemigos del pueblo.

-Los pillajes, las venganzas personales?...
-En la obra de “gan’sters” que no tienen nada de común con nosotros. Hemos salvado millones de pesetas y bienes de todas clases. Los anarquistas no somos bandidos. La guerra que vivimos actualmente tendrá enorme repercusión para el porvenir. Durará mucho tiempo, créalo, porque los enemigos de Zaragoza y los otros insurrectos habrá que aplastarlos y después reducir a todos los que se encuentran escondidos y no quieren considerarse vencidos.

“Diga bien en su periódico que triunfaremos de todos esos enemigos.”

-¿Y después, cuando sean vencedores, qué haran los anarquistas?

García Oliver hace un gesto vago.
-Después, no sabemos nada, ni pensamos en ello siquiera. Aplastemos todos juntos, todos unidos nuestro mortal enemigo: El Fascismo...

Llaman a la puerta. Un miliciano aparece: Un agente de enlace de la cuarta división quiere hablarle, dice a García Oliver.
-Está bien, voy...

Y volviéndose a nosotros:
Perdónenme, pero como ven tengo trabajo.

Son las once. La Escuela Naval sigue muy animada.

Entre las rejas asoma el cañón de la ametralaldora. Un soldado nos pide los motivos de nuestra presencia, y cuando le contestamos que veníamos de visitar a García Oliver, parece muy impresionado y nos abre la puerta.


FRENTE POPULAR
Aviso a los obreros gráficos

Relación del equipo que debe presentarse esta noche, a las nueve, para trabajar en la edición del FRENTE POPULAR, en Garibay, 34:

CAJAS
Luis Ganuzas.
Ricardo Aznar.
Faustino Trocóniz.
Esteban Arroyo.
Ricardo Marín.

LINOTIPIAS
Antonio Rodríguez.
Jaime Zurbano.
Ignacio Gorostidi.
Santiago Collado.
Julio Lapresa.
Primitivo Echauri.

ESTEREOTIPIA
José Nicolás.
Manuel Torre.
Pedro Ribera.

MAQUINA
Carlos Horn.
Jesús Cuello.
Cecilio García.
Clemente Alvarez.



EL SENOR
Don José Ansa
Gerente del periódico “El Día”

Falleció ayer día 9 de agosto de 1936

Sus familiares; el Consejo de Administración de “El Día”, suplica a sus amigos y conocidos se siervan asistir a la conducción del cadáver al cementerio de Polloe, que tendrá lugar hoy, lunes a las DOCE Y CUARTO de la MAÑANA, rogando al mismo tiempo un recuerdo cariñoso para él, por todo lo cual les quedarán eternamente agradecidos.

Domicilio: Tomás Gros, 5.

San Sebastián, 10 de agosto de 1936.


REPORTAJES RAPIDOS
CINCO “REQUETES” DETENIDOS EN IRUN ASEGURAN LA PRONTA DERROTA DE LAS FUERZAS REBELDES

Ayer por la mañana giramos la correspondiente visita al frente de Endarlaza en procura de datos con que saciar la avidez de noticias de los lectores de FRENTE POPULAR. Pero tuvimos que regresar después de comprobar que en este puesto la tranquilidad es completa. Nada de particular; sin novedad en el frente”. Parecía que los hombres de ambos bandos habían hecho un paréntesis respetando la festividad del día. Algún tiroteo que otro, que en su intermitencia parecían querer indicar que cada cual guardaba su puesto.

Regresamos, y al pasar por Irún tuvimos la suerte de que un compañero nos sugiriera la idea de entablar un diálogo con cinco elementos faciosos que se encuentran heridos, y, como es natural, detenidos, en el antiguo hospital de la ciudad frontera. Nos dirigimos al Ayuntamiento buscando el necesario permiso para poder hablar con los prisioneros, pues nos pareció interesante la “interviú” y el estudiar de cerca de estos hombres lo que nos fué concedido sin inconvenientes.

Se trata de tres paisanos y dos soldados del Regimiento América de guarnición en Pamplona. Abordamos en primer lugar a los paisanos. Gente tosca, labradores del Valle de Guezala y de Pueyo (Tafalla). Uno de ellos es un joven de veinte años que hace fácil el interrogatorio, pues se expresa sin que el repórter se esfuerce para logarar sus propósitos. El segundo es otro hombre de veinticuatro años en cuyo rostro se observa su poco desarrollo mental. Un compañero nuestro trata de hacer un estudio psicológico de él ofreciéndole unos libros para que se distraiga, rechazándolos, después de agradecer este gesto, manifestándole que no sabe leer. El tercero, es un hombre de cuarenta y nueve años. Su aspecto denota cierta astucia y no tanta ignorancia como sus compañeros. Se exterioriza en él cierto grado de el fanatismo que les ha llevado a pelear por una causa que solo los cerebros pobres pueden secundarla.

Dicen que las causas que les impulsaron a formar parte de los rebeldes ha sido la amenaza de sus vidas. Cuando se encontraban en sus respectivos pueblos dedicados a las faenas del campo irrumpieron en ellos partidas de carlistas que les obligaron a trasladarse a Pamplona, ya en poder de los facciosos. Siempre sometidos a una estrecha vigilancia, una vez en esta capital, después de celebrar una misa mayor –invocando, ¡una vez más!, la tan por ellos profanada religión cristiana- fueron armados y lanzados camino de Oyarzun. Les preguntamos si era numerosa la columna que a este punto se dirigió y nos contestaron que estaba compuesta de tres compañías de a cuarenta hombres siendo los jefes de esta columna elementos de Falange Española, distinguiéndose estos por su indumentaria compuesta de camisas azules y boina roja con borla. Con ellos –con los paisanos- no marchaban más que algunos jefes militares. El jefe de la columna aseguran que es el conde de Montejurro, que como todos los de su casta les trataba con su peculiar tiraní. Para ellos no existían palabras de aliento; todo lo contrario: el que flaqueaba era maltratado con la crueldad que caracteriza a estos tipos.

En repetidas ocasiones y de fuentes muy fidedignas hemos resaltado que en el bando enemigo escasean los alimentos, confirmando nuestro interviuvados la veracidad de tales informes; pues al preguntarles si eran bien alimentados nos respondieron que en más de una ocasión han tenido que nutrirse de substancias que serían rechazadas por todos los estómagos humanos, por cuyos motivos los rebeldes se hallan bastante debilitados físicamente.

Hemos escrito también en otras ocasiones que entre la “carlistada se arrastran, cual viles reptiles, algunos curas, que, desde el momento en que secundan tan criminal acción, pierden todo lo que cristianamente represetan. Los leales que secundan nuestra noble causa y que albergan en sus pechos la fe cristiana deben repudiar la repugnante conducta de estos “siervos”. Los tres detenidos nos aseguran que han visto bastantes curas que desprovistos de su clásica indumentaria combaten junto a ellos, espoleando a los hombres con una saña que solo la perspectiva del fin que para ellos se avecina puede justificar.

Estos tres labradores con los otros dos soldados fueron apresados en Arlaitz. El origen de la detención comprueba, también, la poca humanidad de los que dirigen a los “fascio-carlistones”. El que cae herido, no sirve. Para ellos un herido representa lo mismo que un muerto. Solamente los brazos activos son los que valen. Así, se da el caso de que los heridos son reexpedidos a Lesaca sin prestarles la debida asistencia. A los que se encuentran más graves se les transporta en carretas de bueyes y los demás tienen que regresar por sus propios pies. Los abatidos, humillados por la pujanza de nuestras milicias, mal alimentados, la moral destrozada, heridos... vuelven al interior de Navarra maldiciendo a aquellos que atropelladamente les llevaron a luchar contra unos hermanos que, con más sensibilidad y sentimientos, se defendían de una tiranía que se cernía sobre ellos. Este es el epílogo de la actuación de estos hombres. Fueron quince los individuos heridos que regresaban a Lesaca. Algunos marchaba al punto de destino. Y efectivamente todos no han llegado. No porque hayan caído muertos en la soledad de las montañas. Nuestros bravos milicianos irrumpieron inesperadamente en su camino y apresaron a cinco, que, más audaces, marchaban distanciados del resto de la expedición. No se sabe la suerte que hayan podido correr los rezagados. Los nuestros dieron una batida; pero, desgraciadamente, con nulo resultado.

Es necesario saber lo que opoinan de su actual posición los dos prisioneros militares. Uno es de Irún, que cumpliendo sus deberes ciudadanos se encontraba en Pamplona. El otro es un muchacho asturiano, que encontrándose en igual situación que su compañero ha sido testigo e intérprete de la movilización de tropas en la capital de Navarra. Aseguran que el general Mola les dirigió una arenga en la que ponía de manifiesto que el Gobierno de la República corría serio peligro. Un golpe de Estado estaba preparado para derribar al Poder que tan legalmente había sido constituído. En suma, un vil engaño. Luego pudieron comprobar ante la presencia de elementos fascistas, que tanto abundaban, que no se trataba de salvar a la República sino de eliminarla para implantar en España un régimen imperialista y despótico. Pero ya era tarde. La tropa se vió obligada a secundar la acción que iniciaban sus jefes. Dicen estos jóvenes que la tropa es tan poco partidaria de formar parte de los verdugos de sus hermanos que casi todos los que tienen ocasión desertan para pasar a las fuerzas leales. Los jefes parecen darse cuenta de los propósitos de estos nobles hombres y los someten a una estrecha vigilancia, teniéndolos a la mayoría de ellos encerrados en los caseríos sin permitirles hacer el más leve comentario de esta cruenta lucha.

Este es el reflejo que ha obtenido el repórter de estos detenidos; pero como es natural, ellos han podido hacer estas manifestaciones para atenuar la grave responsabilidad que pesa sobre ellos por su intervención en este asunto.

Cuando descendíamos por las escaleras del hospital nos dicen que en una habitación próxima se encuentra en cama una mujer cuyo estado de salud ofrece serio cuidado. Es una señora de cincuenta años vecina de Rentería. En uno de sus desesperados avances los requetés consiguieron días pasados llegar a las puertas de dicho pueblo, que es donde vive la citada señora. Asaltaron su casa acuciados por el hambre y después de mitigar este y sostener un violento ataque de nuestros hombres abandonaron la casa llevándose a marido y al hijo de esta desventurada mujer, siendo este terrible drama la causa de que se vea postrada en cama. Por no exitir calificativo para estos monstruosos actos dejamos al lector que busque en su cerebro el comentario que le sugiere el proceder de estos seres que tanto rebajan la especie humana.


DEL MOMENTO
El sentido de la realidad

“La Humanitat”, de Barcelona, publica el siguiente artículo del señor Rovira y Virgili:

“¿Habéis leído el manifiesto del Partido Comunista francés a propósito de los hechos de España? Lo ha publicado “L’Humanité”, de París. Ocupa toda una página y está compuespuesto en letras gruesas, a estilo de cartel.

El documento es merecedor de ser difundido por su vigor y por su importancia. Es un manifiesto que demuestra el sentido político y el coraje cívico de los comunistas franceses, elogio de los cuales, en este aspecto, vamos a hacer con motivo de un viaje nuestro a Francia.

Valdría la pena que todos los antifascistas de aquí, y especialmente todos los obreros, leyesen este manifiesto. Es vibrante, sincero y claro. Y tiene, por encima de todo, un fortísimo sentido realista. Lo digo tal como es: el comunismo es allí, en Francia y en otros lados, la tendencia obrera más bien orientada.

* * *

Tan fuerte es el sentido de la realidad de los comunistas franceses, que en su manifiesto hacen una afirmación que, al primer golpe de vista, puede sorprender a mucha gente cargada de doctrinarismo y predispuesta a la posición del “todo o nada”. Declaran, en efecto, que no es cierto que se vaya a establecer en España el socialismo y que la lucha actual tiene, por parte de los antifascistas, la finalidad de defender la República democrática.

Reformismo? Moderantismo? Claudicación? Ninguna de estas cosas. Sentido de la realidad y nada más. No es un realismo por el estilo de aquél que predicaban aquí los tristísimos hombres de la Lliga, sino un realismo profundo, sólido, clarividente. Es el realismo, que consiste en tener ojos en la cara y en ver las cosas tal como son.

* * *

Todas las posibilidades futuras del ideal obrero quedan abiertas, bien abiertas, más abiertas que nunca, en la tierra peninsular ensangrentada por la guerra que el enemigo ha provocado. Pero la finalidad de la acción conjunta ha de corresponder al ideal común de todos los que toman parte, que es antifascismo, es decir, la libertad humana. Las finalidades lícitas de cada grupo y de cada tendenci, completamente respetables, son diferentes de la finalidad común que a todos nos interesa y nos hermana. Ahora luchamos por la República libre, por el régimen de la voluntad del pueblo contra la reacción en revuelta.

La partida es tan trascendental y el enemigo es tan poderoso, que las condiciones mismas de la lucha exigirán la mayor amplitud posible en el campo antifascista. Ahora es la hora de sentirse ante todo hijo del pueblo y no más partidario de tal o cual partido. Lo exige la realidad, que castiga teriblemente a los que la desantienda.”

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