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domingo 19 noviembre 2017
Gipuzkoa 1936

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UNA NOTICIA DEL DÍA


EPISODIOS DE LA LUCHA

Martes, 28 de julio de 1936

Páginas:

Información local y de la provincia


lucha fué feroz, sin cuartel, a muerte. La contienda para ventilar la hegemonái de la calles se elevaba hasta las azoteas, por cuyo dominio se luchaba también denodadamente.

Durante algunas horas asistimos a la caza dramática del hombre. No era sólo la pelea abierta de grupo a grupo, sino el oteo, el oído percibido, la mirada avizorante, para señala la presencia del enemigo. Y tras la mirada iba siempre, en proyección mortífera, la bala, a la busca de partes vitales que herir. Cada impacto marcado en carne humana era un enemigo menos y era un respiro más.


MAS ES EL RUIDO QUE LAS NUCES
Pocas veces una batalla había adquirido tal magnitud e intensidad en tan reducidos límites. Ni se ahorraba munición, ni se escatimaban vidas. Sobre el local de la C. N. T., hacia donde al principio se dirigía el gruesod el ataque, cayó una verdadera lluvia de balas. La fracción cenetista de la calle Larramendi mantuvo sus posiciones con resitencia heroica. El diálogo de las balas era interrumpido de vez en vez, por el diálogo de los gritos de guerra:

-¡Viva el fascio!
-¡Viva la República! ¡Viva la libertad!

Y los gritos de guerra eran de nuevo apagados por el tableteo dramático de los disparos o por el choque de las balas sobre la arquitectura pétrea de las casas.

Con intervalos breves los obuses disparados desde los cuarteles de Loyola hacían triuinfar la voz bronca y detonante de sus explosiones. Al principio este nuevo elemento de guerra del enemigo conturbó un tanto los espíritus, Depués, se les recibía con alegre indiferencia. O

-A todos se acostumbra uno –nos decía, minutos antes de expirar, un queridísimo compañero-. Hasta a morir. Estos obuses, ¿abéis lo que son? ¡Nada! Más es el ruido que las nueces.

Sin embargo, uno de ellos “cobró carne” con tan buen tino que casi desmoronó la barandilla de piedra de un blacón. Allí acabó la eficacia de un bombardeo que se presentaba como terrible amenaza.


EL CUARTEL GENERAL
A media mañana, una de las avionetas enviadas por Mola desde Pamplona hizo algunas evoluciones ingénuas sobre la ciudad. Dejó caer algunos centenares de cuartillas ya que no podía descargar bombas. Las cuartilals ¿qué iban a decir? Afirmaban que el movimiento subversivo dominaba en toda España. Estúpida patraña cuya inexactitud hemos tenido tiempo de comprobar, y aconsejaba a los donostiarras que depusieran s u actitud par ano verse obligado a bombardearles con no sabemos cuántas decenas de aviones de guerra.

Esta necia amenaza produjo a los combatientes el mismo efecto que puede causar a los adultos la invoación del “coco”. Tan burda era la mentira, que a través de ella todos adivinaron la verdad. Al general Mola y a las fuerzas facciosas y reaccionarias de Navarra le hacía falta la rendición de San Sebastián. Pero nadie creía en los avances belicosos que se anunciaban. Bastante tenía el zafio generalote con resolver sus problemas, harto críticos y delicados, cuando surgía en lontananza la amenaza de un ataque combinado enre tres columnas dedistinta procedencia.

Mientras esto ocurría, mientras que en las calles se trataba de expugnar posiciones y en las azoteas se practicaba la caza del hombre, el comandante de Estado Mayor, señor Pérez Garmendia, desarrollaba en su cuartel general de los bajos del número 47, el plan estratégico de un ataque audaz y definitivo. El teléfono funcionó sin descanso, buscando el contacto con diversos puntos. Poco a poco, las improvisaciones del general jefe de nuestras fuerzas iban adquiriendo concreción y cuerpo.

Pero las líneas estaban, seguramente, intervenidas, y poco a poco, el enemigo logró localizar nuestra poisción. El asalto terrible a la C. N. T. dejó paso a un ataque acaso más violento contra el cuartel general. Sobre nuestras azoteas, la lucha había adquirido ya proporciones casi irresistibles. Los ciudadanos combatientes y las fuerzas leales, manifestaban de nuevo su arrojo y su heroísmo. Con un formidable institno de la estrategia, nuestras fuerzas iban tomando posiciones de ventaja y poco a poco batían y reducían los focos adversarios.

Nosotros habíamos sufrido bajas sensibles, que redoblaban la furia y el fervor combativo de las gentes del Frente Popular. Pero el adversario no salió mejor librado de la lucha. Tan sólo entre las calles de Larramendi y Urbieta habíamos podido localizar diez o doce víctimas. Seis de ellas, de las que caen para no levantarse más.


LA BESTIA DE HIERRO
Inesperadamente hizo su aparición en las calles de la ciudad un carro de asalto enemigo, blindado, resguardado en su coraza férrea, como una bestia apocalíptica de destrucción y de muerte. La bestia de hierro, como la hubimos de llamar, ya que animada por una inteligencia asesina pasaba junto a los portales de las casas sacudiendo una lluvia de plomo y de acero.

Nuestro portal fué acribillado materialmente a balazos. Sobre las cristaleras de la puerta posterior quedan aún los impactos de aquella inesperada acometida.

Por fortuna, los efectos fueron menores de lo que cabía esperar. Las balas habían sido dirigidas muy por alto y nosotros prestábamos guardia casi tumbados sobre las baldosas.


ALTO EL FUEGO
Hubo que atrincherar los portales ante el evento de una neuva agresión de la bestia de hierro. Requisamos las casa y bajamos al portal una verdadera muralla de colchones. El desfile del carro de asalto fué subrayado por un silencio impresionante. ¿Es que el enemigo, diezmado por nuestro fuego incesante, aprovechaba el desconcierto momentáneo para abandonar sus posiciones y ponerse a salvo? ¿Es que se trataba de una añagaza para sorprendernos y acabar con nosotros?

Parecería como si una voz de mando, de igual jerarquía y dominio para los dos bandos, hubiese gritado alto el fuego. Permanecimos atentos y vigilantes taras la barricada de los colchones. No le sería fácil al enemigo ganarnos por la sopresa.

Durante muchos minutos, al tiroteo espantoso de varias horas sucedió una tranquilidad que nos llenaba de angustia, y un silencio que, aunque parezca contrasentido, nos destrozaba el tímpano, ya acostumbrado al fragor de la batalla.

Entonces, en aquellos minutos de reposo, surgió el gran enemigo. El sueño del que durante tantas horas habíamos hecho acopio y provisión. Los ojos, fijos sobre los puntos de mira de nuestras armas, se cerraban, contra todos los esfuerzos. El cerebro entraba en ritmo perezoso y lento que precede al descanso reparador. Las cabezas, de vez en vez, caían rendidas sobre el balndo mullido de los parapetos improvisados.

Fueron aquellos unos momentos de congoja y de incertidumbre. Pero al fin hubimos de convencernos de que no se trataba de una añagaza, sino de una retirada en toda la línea. El triunfo había sido nuestro. La ciudad y la calle, salvo los focos rebeldes aun no sofocados, estaban otra vez bajo el dominio directo de las legítimas autoridades de la República.


EN LA DIPUTACION
La gente alejada de la contienda, con su claro instinto, fué la primera en comprender el cese de las hostilidades y el triunfo de las fuerzas populares. Abandonó sus casas y se lanzó a la calle para aprovisionarse, a pesar de nuestras advertencias. La lucha en la calle quedaba liquidada. Ahora restaba por dominar los focos rebeldes del Casino, de la Comandancia militar y del María Cristina, para dirigir la ofensiva sobre los cuarteles de Loyola.

Cambió de emplazamiento el cuartel general. El comandante Garmendia, con su ayudante de campo el comandante Larrea, se trasladó a la Diputación Provincial, donde ya se habían instalado, a primera hora, el gobernador civil de la provincia y las demás autoridades legítimas.

El Palacio provincial, convertido desde las cinco y media de la mañana en recinto oficial de las autoridades, asistió a la concentración de fuerzas que, disgregada de los retenes y destacamentos, acudía a prestar su concurso al logro de los nuevos objetios que dispusiera el cerebro de nuestro estratega en jefe.

No se perdió mucho tiempo. Se dió una comida a las fuerzas leales. Se organizaron de nuevo los cuadros de combate y se dispuso la segunda operación de la jornada: La toma del Casino, dondese habían hecho fuertes elementos de la Guardia civil y de Artillería.


LA TOMA DEL CASINO
En la noche del 22 al 23, las fuerzas insurgentes se dividieron y para hacerse fuertes y dominar la ciudad en espera de que llegaran desde Loyola las fuerzas militares que estaban comprometidas a sublevarse, se dividieron y establecieron sus cuarteles de resistencia en el Gran Casino y en el Hotel María Cristina.

Cuando llegaron desde Eibar las fuerzas de socorro enviadas desde aquella localidad, inmediatamente se tomaron las medidas para dominar a los sublevados. Focos principales de la rebelión eran el Casino y el María Cristina. El comandante de la Guardia civil don Mauricio García Echániz, que al iniciarase la rebelión partió con el teniente coronel Bengoa en dirección a Eibar, siempre a las órdenes del gobernador civil y del Frente Popular, recibió, tan pronto estuvo de regreso en San Sebastián, orden del comandante de Estado Mayor de las fuerzas leales, para que atacara y tomara al asalto el Gran Casino.

El citado comandante, al frente de treinta y cinco guardias civiles y un nutrido número de milicias del Frente Popular, organizó sus fuerzs y éstas desembocaron rápidamente por la calle de Elcano en dirección al Boulevard. Con un arrojo y una valentía admirables, que en su fuerte tesitura sólo pueden acreditar los testigos presenciales de la pelea, las fuerzas leales, jugándose la vida por segundos y dejando buen número de personas tumbadas bajo el fuego de los facciosos, ganaron rápidamente terreno bajo un fuego espantoso de los sitiados, al que los asaltantes contestaban con descargas cerradas y mortíferas.

Con una rapidez de segundos, los leales se colocaron bajo los fuegos de los facciosos y atacaron briosamente las verjas, las puertas y las ventanas del Casino. Delante de la puerta de éste funcionaba una ametralladora servida por un soldado. Afortunadamente para la causa de los asaltantes, un certero disparo lo había dejado cadáver sentado en el sillín de la ametralladora.

Bajo un fuego violentísimo de los sitiados los asaltantes escalaron las verjas, las ventans y penetraron con enorme valentía en el Gran Casino. Milicianos y civiles se ayudaban unos a otros para empinarse hasta la alturas de los ventanales y penetrar en el interior del edificio. Ya dentro de éste se entabló lucha cuerpo a cuerpo para dominar a los sublevados. Estos, sorprendidos ante lo violento e inesperado del ataque, retrocedieron ante nuestras fuerzs, y unos se precipitaron hacia la salida de la calle de Igentea, ganando la puerta que da a dicha calle, y refugiándose en el edificio del Gobierno militar con la intención de continuar la resistnecia que era ya más bien defensiva que ofensiva.

Las fuerzas asaltantes, con el comandante Ezcurra al frente, causaron bajas a los sitiados e hicieron seis prisioneros. Llegados al “hall2, el avance tropezó con dificultades porque algunos facciosos, entre ellos un comandante de la Guardia civil, se habían parapetado en el local del teatro del indicado centro y perfectamente situados hacían un fuego que podía ser mortífero para nuestras fuerzas y que llegó a producir alguna baja. Inmediatamente la valentía se hermanó con la estrategia y la técnica, y los asaltantes, cruzando algunos de ellos, con gran valentía, el “hall” bajo el fuego enemigo, tomaron todos los sitios estratégicos y ametrallaron a los dos “pacos” con fuego cerrado y violento. Los resultados no se hicieron esperar y los dos facciosos pagaron con la vida su rebeldía y las fuerzas del Frente Popular siguieron avanzando rápidamente para conquistar las demás dependencias del Casino. Al entrar en una de ellas salió un insurgente que dirigiéndose al comandante Ezcurra le dijo:

-¿Eres tú? Te mato. Y uniendo la acción a la palabra disparó sobre el citado jefe, sin herirle, afortunadamente. Fué un caso de verdadera suerte que ya antes se había producido cuando el citado jefe se agarró al cañón del fusil de un rebelde, al que pudo desarmar, quemándose y sufriendo en la mano izquierda quemaduras de segundo grado.

Como este hecho se registraron entre paisanos y civiles asaltantes infinitos casos de valentía en los que no cabe establecer diferencias por el espíritu de emulación con que se producían.

Reconocidas todas las dependencias del Casino y dueños de él por completo los asaltantes, fueron hechos veinte prisioneros y recogidos ocho cadáveres y numerosos herdiso militares y paisanos.

Inmediatamente se adoptaron todas las medidas necesarias para combatir a los insurgentes refugiados en el Gobierno militar y también tomarlo al asalto si preciso era.

No hubo ocasión para ello. Los rebeldes enarbolaron inmediatamente bandera blanca y se entregaron a discreción, siendo apresados trece jefes y oficiales y el resto guardias civiles y paisanos sublevados.

Dueñas las fuerzas leales del Gran Casino y reducido este importante foco rebelde, las fuerzas triunfadoras sin tomarse descanso, se dirigieron a combatir en el otro frente: el del Hotel María Cristina. Avanzando por la plazoleta en que está emplazada la estatua de Oquendo y bajo los fuegos de los rebeldes del Cristina, nuestras bravas fuerzas, milicias y civiles, rompieron las peurtas de acceso al teatro Victoria Eugenia tomando en éste posiciones estratégicas, abrieron fuego cerrado sobre los rebeldes, que se mantuvo ininterrumpido, causando grandes bajas a los facciosos, hasta que estos pidieron parlamento y se rindieron a la soberanía de la representación del pueblo.

Un hombre de las falanges leales, Tomás López Gómez, de la Guardia civil, un muchacho, mejor dicho, que apenas ha cumplido los veinte años, coronaba su arrojo temerario de la lucha con la proeza final. Abandonó el fusil, empuñó la pistola y saltaba el primero por una de las ventanas del Casino.

El segundo objetivo de la jornada se había logrado. ¿Quién podía dejar paso al pesimismo?

Ya para entonces la figura señera de comandante jefe de nuestras fuerzas había adquirido, a los ojos de los combatientes, proporciones gigantescas. El comandante Pérez Garmendia se convertía en el héroe popular de la espléndida gesta que estaba escribiendo el pueblo levantado en armas contra la subversión criminal antirrepublicana.


RECUERDO DE HEROISMO
Fases de valor nos había ofrecido la batalla de la mañana. Pero fases de heroísmo nos brindó también la segunda de las operaciones militares desarrollada por nuestros cuadros de combate. Mientras que en el Boulevard se ventilaba el terrible y victorioso asalto al Casino, expresión clara de lo que es capaz el pueblo levantado en armas, en la Plaza de Guipúzcoa la guardia era hostilizada continuamente por numerosos “pacos” apostados en las azoteas de las casas de enfrente, y la calle Camino era batida por el fuego de fusilería de los rebeldes refugiados en el María Cristina.

Aquella hostilización había de costarnos algunas bajas y había de hacer posible algunos gestos de valor temerario. No habrá ni uno solo de los protagonistas de la contienda que no recuerde la decisión y la marcialidad de su figura en posición de fuego, cuyo fusil replicaba por sí solo al fuego adversario.

El sargento de la Guardia civil que mandaba la guardia, hizo una salida estratégica para dirimir el ataque, y resultó con un balazo grave en el muslo. Cuando era conducido en brazos hacia el botiquín de el herido exclamaba con todas sus fuerzas:

-¡Viva la República! ¡Viva la República! ¡Compañeros, luchemos hasta morir! ¡Viva la República!


SALVAJISMO FACCIOSOS Y GENEROSIDAD POPULAR
Se produjo en el asalto del Casino un hecho que puso de manifisto el salvajismo de los procedimientos de guerra que habían de emplear los facciosos, procedimientos que les situaban al margen de toda moral humana. Cuando más intenso era el tiroteo y más dramático la situación en el Casino se hizo ondear la bandera blanca, como señal de cese de hostilidades, para parlamentar o para rendirse.

Tratábamos de acercarnos al Casino para saber lo que pretendían sus defensores cuando en miramiento al respeto que se debe a ciertos compromisos, incluso en los horrores de la guerra, como es el símbolo sagrado de la bandera blanca, desde el interior se nos hizo una descarga mortífera. La furia nubló nuestra razón y alejó el miedo de todos los corazones. Así fué como se tomó el Casino.

Pero después de lograda la victoria, el enojo y la rabia que anidaba en todos los corazones se diluyó en un sentimiento de generosidad a que tan propicia se muestra las masas populares.

Se respetó a los prisioneros, que pudieron trasladarse por su pie hasta el Palacio de la Diputación. Y frente al salvajismo fasccioso, triplemente traidor y criminal, la generosidad popular prestaba una doble guardia al lado de los prisioneros para que fueran respetadas unas vidas que no parecían albergar otros sentimientos que el instinto bestial y homicida de las fieras.


LA TOMA DE LA COMANDANCIA
Mientras se desarrollaba la última fase de la toma del Casino, algunos de los refugiados en él escaparon por al azotea y buscaron nuevo refugio en la Comandancia militar. Pero su alegría iba a durar poco.

Apenas se había entrado victoriosamente en el Casino, cuando ya se atacaba con centuplicada furia la última posición rebelde de aquella parte de la ciudad. La lucha fué también dura, pero no tan dramática ni tan intensa ni tan costosa como la anterior. Sobre el suelo del Bulevard habían quedado, muertos o heridos, no pocos compañeros. En el ataque a la Comandancia, la pujanza demostrada por nuestros hombres había logrado desmoralizar a la facción enemiga, y bien pronto capituló. Las fuerzas leales entraron en el recinto desde donde se había trazado la criminal traición de la guarnición militar.

Se había cumplido el tercero y último objetivo de la jornada del miércoles. No estaba mal. En un solo día, los combatientes de la República habían ocupado la ciudad, habían restablecido el imperio de la autoridad legítima y habían sofocado todos los focos rebeldes, excepción hecha del María Cristina.

Una acción que comenzaba tan felizmente no era posible que terminara mal. En Guipúzcoa, la República se alzaba, enérgica y triunfadora, sobre la traición de los fascistas y pretorianos que habían querido asestarla un golpe de muerte.

(Continuará mañana.)


Las milicias tolosanas contienen y
rechazan bravamente las incursio-
nes de requetés navarros

Y les sobra esfuerzo para acudir a Beasain,
donde han coadyuvado a rechazar a otros
requetés que pretendían avanzar sobre
aquella villa

EN TOLOSA
Nuestro corresponsal en Tolosa nos comunicó ayer lo siguiente:

Estamos en el noveno día de zozobra e inquietud, pero el apremio de tiempo y espacio nos obliga a la brevedad en nuestra información.

La proximidad de las diferentes “mugas” navarras con sus habitantes llenos de fanatismo reaccionario que los ha convertido en requetés sedientos de sangre, y han dado señales de vida con sus constantes paqueos.

Nos limitaremos, en estos momentos en los que las bravas milicias cumplen con su sagrado deber a alentarlas a que prosigan con el mismo entusiasmo y la misma lealtad en la defensa de la causa del Frente Popular.

En esas “mugas”, sobre todo en Illarrazu y en Urzo, que con sus montes fáciles para ocultarse sirvieron para que los secuaces de Don Carlos en la última guerra civil cometiesen toda clase de desmanes, y espcialmente la despiadada caza del hombre, las milicias populares de Tolosa, sin un solo día de descanso, en servicio permanente, se encuentran dispuestas a contrarrestar todo avance del enemigo y toda acción bélica de los adversarios de la libertad.

Al presente el número de heridos es bastante elevado, como corresponde a toda proporción en acción guerrera; pero, felizmente, ninguno de estos heridos parece estarlo de gravedad.

Las milicias tolosanas han tenido en el día en que telefoneo mayores preocupación y fatiga, y aque fueron a ayudar a los leales que en Beasain defienden la República.

Cuando damos esta conferencia telefónica estas milicias tolosanas continúan en la industriosa villa, y deben regresar de madrugada a Tolosa, sin descanso, para defender la ladera de Illarrasu y Urzu, caminos y montes de Berástegui, Leaburu, Gaztelu, Uzturre e Izascun y Alzo.

Se espera la llegada de refuerzos, que servirán para que puedan descansar de su enorme fatiga las fuerzas del Frente popular tolosano.

En el Ayuntamiento funciona desde los primeros momentos del movimiento subversivo el Comité integrado por representantes de todos los sectores que forman el Frente popular, y este Comité atiende debidamente, además de los milicianos de Tolosa, a los demócratas emigrados de Navarra.

Se han construido trincheras en previsión de posibles ataques y se han montado hospitalillos para atender a los heridos y se han montado locales para alojamiento de los refuerzos que se esperan.


ORDENES DEL COMITÉ
En evitación de lamentables casos que han ocurrido en esta villa se dictan por este Comité del Frente Popular las siguientes disposiciones:

Será severísimamente castigado quien manipule sin necesidad armas entre grupos y se recomienda que los que circulen por las calles de la villa lleven el arma en el bolsillo salvo casos en que tengan que llevar éstas empuñadas por verdadera necesidad.

Todo ciudadano que llevando armas se encuentre embriagado será encarcelado inmediatamente.

Para la manipulación de armas, esto en caso de verdadera necesidad, se recomienda a todos gran serenidad.

A los que circulen por las calles de la villa en automóviles se les recomienda que sin un caso de verdadera necesidad lleven las armas sin exhibirlas fuera de las ventanillas.


LOS REBELDES DE LOYOLA PARLAMENTAN SU RENDICION
Y se fija una tregua que termina hoy a las siete de la mañana para que acepten las condiciones fijadas.- Mientras tanto se fugan muchos de los soldados refugiados en los cuarteles.- Advertencias a los industriales y al público.

La Comisaría de Guerra nos comunica que las fuerzas de Loyola pidieron ayer tarde parlamentar con los diputados a Cortes por Guipúzcoa.

* * *

Mientras cambiaban impresiones los oficiales con los diputados por Guipúzcoa al objeto de parlamentar este mediodía, 28 soldados de la posición 5.ª de Ametsagaña se han fugado, refugiándose, algunos, en un caserío, y personándose los otris en la Diputación, donde se han presentado a las autoridades del Frente Popular.


CONDICIONES DE RENDICION
Ayer a última hora de la tarde tuvo lugar en el cuartel de Loyola la entrevista de los representantes parlamentarios con los jefes sublevados:

Las condiciones presentadas por los representantes parlamentarios a la representación de los militares facciosos fueron las siguientes:

Rendición inmediata
Respeto a sus vida en tanto se les instruya el sumario de guerra.
Aconsejar el indulto por parte de la representación parlamentaria sin perjuicio de que el Gobierno marque un criterio único y soberano sobre la tramitación de los expedientes.

Como consecuencia de esto, la noche ha sido de tregua absoluta hasta las siete de esta mañana, hora fijada para que los militares den la respuesta definitiva.


EL ABASTECIMIENTO A LOS MILICIANOS DE LOYOLA
Con objeto de controlar y de organizar con eficacia el suministro de víveres y vestimenta a las fuerzas populares destacadas en los distintos atrincheramientos del frente de Loyola (cementerio, terrenos de Aguerre, Martutene, etc.) es necesario que cada jefe de grupo de las fuerzas armadas destacadas desgine un miembro de enlace entre el destacamento y el Cuartel general local sito en el Hotel Central de la calle Mayor, de esta ciudad, cuyo responsable recibirá de esta Comisión de Abastos los artículos y víveres que precise de acuerdo con los pedidos autorizados que le presenten.

Las relacioens de los géneros necesarios deberán venir firmados por el jefe de grupo correspondiente y ser presentadas, como se ha dicho, en el citado Cuartel general del Hotel Central.

O sea; que esta Comisaría de Abastos se entenderá directamente, a estos efectos, con el delegado de la oficina del Hotel Central; éste, con los miembros de enlace, y éstos, con los jefes de grupo de las fuerzas armadas destacadas.

En los comedores del Hotel Central se facilitarán comidas únicamente a las fuerzas armadas procedentes del frente de Loyola. Todos aquellos que no procedan del frente de lucha de Loyola y que no cuenten con víveres en sus respectivos domicilios podrán ir a comer a las cantinas de las Escuelas del Ensanche Oriental, en la calle Aldámar, y a los bares y restaurantes que se han ofrecido a realizar este srvicio y que lo vienen ya realizando (Gárate, Insausti, El Riojano, etcétara).

San Sebastián, 27 de julio de 1936.- La Comisaría de Abastos.


LA DISTRIBUCION DE CARBON
Se previene que queda prohibido terminantemente a los industriales carboneros detallistas repartir el combustible a domicilio. Los clientes y el público en general deberá surtirse por su cuenta en los establecimientos, previniéndose también que los contraventores sufrirán el decomiso del género, además de las sanciones que ulteriormente se dicten.

San Sebastián, 27 de julio de 1936.- El alcalde, de acuerdo con el Frente Popular, Fernando Sasiain.


A LOS BARES Y RESTAURANTES
Se advierte a todos aquellos bares y restaurantes de los distintos barrios de San Sebastián que vienen facilitando comidas a las fuerzas que en uno u otro lugar colaboran en la lucha contra los facciosos, de la necesidad de que presenten en esta Comisaría la relación de los géneros que precisen para estos fines, al objeto de organizar y controlar debidamente los suministros.

San Sebastián, 27 de julio de 1936.- La Comisaría de Abasots.


LOS SUMINISTROS POR MEDIO DE VALES
Se advierte a todos los comerciantes de víveres y vestimenta de San Sebastián que no entreguen géneros a quienes no vayan provistos de un vale expedido y sellado por esta Comisaría de Abastos. Ningún otro organismo está autorizado para facilitar vales para el suministro de víveres y vestimenta. Unicamente esta Comisaría de Abastos, cuyo sello de control dice, a dos líneas, lo siguiente:
Frente Popular, Comisariado de Abastos,
púzkoa
Languille bataza, Bizikai Batzordea, Guipúzcoa

San Sebastián, 27 de julio de 1936.- La Comisaría de ABAstos.


SOLO PARA LOS MILICIANOS HABRA PRENDAS DE VESTIR
Se advierte a todos que no facilitarán trincheras ni otras prendas suplementias más que a aquellos combatientes destacados en los distintos frentes del atrincheramiento de Loyola. Y ello mediante relación firmada por los respectivos jefes de grupo.


SE CASTIGARAN ENERGICAMENTE LAS REQUISAS NO AUTORIZADAS
Habiendo llegado a conocimiento de esta Comisaría que en algunos caseríos de Zubieta han sido requisados algunos terneros sin la debida autorización, se advierte a todos que estos hechos de sabotaje serán enérgicamente reprimidos. Los “nekazaris” deberán poner estos casos en conocimiento de esta Comisaría de Abastos llamando al teléfono número 14.261.

San Sebastián, 27 de julio de 1936.- La Comisaría de Abastos.


Teléfonos del diario
FRENTE POPULAR
14.634 Y 14.621


Donativos para los hospitales

Continúan recibiéndose donativos, sobre todo en especie, con destino a los Hospitales en funcionamiento.

Con este motivo, se hace un nuevo llamamiento a los futuros donantes y dándose las gracias a los pasados.


Bicarbonato a la leche

Se recomienda al vecindario la conveniencia de echar en la leche un poco de bicarbonato. Esta precaución no debe servir de alarma, pues ello es debido a haber transcurrido algún tiempo entre el ordeñamiento y su cocción, lo cual puede dar a la leche un sabor desagradable.-
El alcalde.


LANGILE GUZIAK DAKITE EUSKALDERRIAK BAKAR BAKARRIK
DEFENDITZEN DITULA ASKATASUNAK ETA GIZONAN ESKUBIDEAK
BERE BIZIAN SAKRIFIZIOAK EMATEN DIZKIOTE ETA EUSTEN DIZ-
KIOTE ASKTASUNAK ETA ESKUBIDEAK, FATXISMOAN ETA ESKU-
BIKO GIZONAN TRAIZIOAK

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