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OBSERVACIONES
Cómo viven algunos clubs guipuzcoanos

A nadie se oculta las dificultades que los clubs modestos hallan para su normal desenvolvimiento. Pocos ingresos y superiores gastos en la mayoría de las Sociedades que intervienen en las competiciones, excepto en la zona de Vergara, donde existe una masa de aficionados que acude a los campos con absoluta regularidad y envidiable entusiasmo.
La vida económica de los clubs modestos es muy precaria. El Tolosa es un ejemplo.
El club de la antigua capital foral recauda un promedio de 60 pesetas por partido y pierde en cada uno más de 70 pesetas, con lo que los 13 encuentros del campeonato regional vienen a costarle más de mil pesetas. Sólo el arbitraje le cuesta al Tolosa 54 pesetas, casi tanto como la recaudación, que a veces no llega a cubrir el pago de los derechos del hombre del silbo.
Se precisan una voluntad y un entusiasmo a prueba de toda contrariedad para hacer deporte en condiciones tales de desventaja. Y resulta lamentable que un club haya de sostenerse merced al esfuerzo personal y económico de un puñado de aficionados, a quienes se exige un sacrificio que nunca llegará a recibir una compensación ni siquiera espiritual, porque apenas lograda la creación de un regular conjunto han de venir los clubs grandes que se llevarán los mejores elementos sin abonar por ellos al club que los apoyó una suma compensadora del esfuerzo realizado.
Nuestros clubs modestos se lamentan de lo elevado de los derechos de arbitraje. Ellos no pueden pasarse sin el concurso de los árbitros y éstos, como se ha dicho antes, se llevan el importe de las recaudaciones de la mayoría de los partidos, quedando a cargo de la Directiva o de un puñado de deportistas todos los gastos del Club, que no siempre son insignificantes.
Hay clubs, como el Roca de Irún, que no llegan a recaudar ni siquiera tan módica suma que el Tolosa. Pero procuran hallar una compensación concertando encuentros en Francia, donde no les pagan a peso de oro, pero sirven admirablemente el objeto que se persigue, de reunir fondos necesarios para su sostenimiento.
Este es un buen procedimiento al que podían recurrir los clubs modestos guipuzcoanos para allegar unas pesetillas que favorecerían grandemente su desarrollo económico.
Pero no es todo precario en los clubs modestos. Algunos agrandan lo aparentemente difícil de su situación con actitudes que no hallará muy lógicas el lector. Porque se ha dado el caso pintoresco de que un club guipuzcoano dejó de abonar tres pesetas de gastos de desplazamiento del árbitro de un partido en que se recaudaron 300 pesetas por entradas al campo. Otro día esa deuda se redujo a la módica suma de dos pesetas. Lo que prueba que no siempre los clubs hacen honor a su verdadera situación económica.
Tenemos el ejemplo del campo de Larzábal, donde antes se hacían excelentes recaudaciones. Pero llegó la presente temporada y en cierta ocasión el C. D. Euzcalduna abonó un día 25 céntimos por el tanto por ciento que correspondía a la Federación.
Alarmada ésta con lo sucedido envió un delegado que pudo apreciar cómo en el campo había mucha gente y en taquilla muy pocas pesetas. Pero también en los alrededores había una gran masa de espectadores.
¿A qué se debía este fenómeno? No es difícil adivinar sus causas. Por eso nos reservamos el comentario.
Ahora, allí, en el “palco de los sastres”, han desaparecido los espectadores de “gorra” para ceder su sitio a la Guardia civil.
Y esto ocurría a pesar de que cuando jugaban los equipos Touring o Rapid pagaban sus socios la entrada, no obstante ser esos clubs los que estaban devolviendo a la Federación la deduca de 3.000 pesetas contraída por el Euskalduna, cuyos socios presenciaban gratis todos los partidos.
Pero aún hay más. El C. D. Euzkalduna cobró 600 pesetas por el traspaso de su jugador Cabezón al Unión Club. Cuando se supo esto en la Federación, ésta rogó al club de Rentería que satisfaciera sus deudas y se le contestó que había otras obligaciones más apremiantes que cumplir.
El Euzkalduna tenía asegurados a sus jugadores como cualquier club de “campanillas”, lo cual suponía un regular desembolso y un lujo en equipos de su categoría. Y se sabe que llegó a ofrecer 350 pesetas porque el Trincherpe le cediera a uno de sus jugadores.
También el Roca ha percibido dinero por el traspaso de jugadores. Doscientas pesetas le reportó el desprenderse de Sánchez Azcona.
Esto, como el hecho de abonar 5 pesetas y una “cashuela” por partido, que se registra en el Touring, revela que no en todos los clubs modestos se desdeñan los procedimientos impuestos por el profesionalismo a los clubs de categoría superiro, y entristece un poco al deportista que pensó siempre que en estas simpáticas Sociedades todo lo que se hace es esencialmente sportivo.
¿Cómo iba la Federación Guipuzcoana a perdonar la desconsideración que suponía el disponer de dinero y hacer caso omiso de las deudas con ella contraídas?
En manera alguna. Por eso y después de repetidas instancias, cuando tuvo noticia del traspaso de Cabezón, envió el “ultimatum” al Euzkalduna, que surtió los efectos que todos lamentamos hoy: la eliminación del club de Rentería de las competiciones oficiales y de los encuentros amistosos, prohibidos a todo slos clubs privados de derechos federativos.
Y como una demostración de que también la Federación sabe realizar sacrificios a favor de los modestos, por si no bastaba el hecho de anticipar 3.000 pesetas al Euzkalduna ahí está el ejemplo de la generosa intervención del organismo superior, al resolver recientemente el problema económico de los clubs de la tercera categoría preferente que precisaban un apoyo para atender a apremiantes obligaciones.
Entonces, la Federación Guipuzcoana realizó un acto deportivísimo, haciendo honor a actitudes eminentemente sportivas y dignas del aprecio de directivos y aficionados.
Ésta debe ser la norma de todo organismo directo, que además de imponer la legislación está en la obligación de orientar por la senda del deporte a sus adheridos.
Para cada procedimiento una actitud. A tal señor, tal honor...- G.

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