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Gipuzkoa 1936
Una Comisión de concurrentes al Asilo visitó al gobernador y al alcalde para protestar de la mala condimentación de las comidas

Ayer, por la tarde, cunado se servía la cena en el Asilo de Caridad, se produjo una protesta por parte de los asistentes a uno de los turnos, alegando que la comida que se les servía no estaba en condiciones de ser aceptada, y menos aún por los niños, que en tan considerable número asisten a estos comedores.
La protesta surgida en el Asilo tuvo una segunda parte en la calle, trasladándose al Gobierno civil una Comisión de unas sesenta personas, entre mujeres, hombres y niños, que llevaban en unos recipientes parte de la comida servida, una especie de sopa y tocino frito, para que se apreciara en qué condiciones y cuál era la condimentación del supuesto alimento que se les servía.
Frente al Gobierno civil se estacionó un grupo, en tanto que una Comisión acudió a protestar ante el gobernador.
Como en aquel momento el señor Artola Goicoechea se encontraba reunido con algunas autoridades, no pudo recibirles, haciéndolo su secretario particular, quien se hizo cargo de lo razonable de la protesta, si bien les hizo comprender que era el alcalde a quien en realidad correspondía hacerse eco de ella.
Esta Comisión entregó en la Comisaría de Vigilancia un parte facultativo de la Casa de Socorro, en el que consta haber sido asistida en dicho centro la niña de nueve años Silveria Santín Rodríguez, escolar, con domicilio en la calle de la Salud, número 18, tercero D, de la rotura del incisivo lateral izquierdo superior, que le fué causada en el Asilo cuando por la protesta contra la mala comida se produjo cierto revuelo, arrojándose algunas piedras, una de las cuales debió de alcanzar a la niña.
Desde el Gobierno civil la manifestación se trasladó al Ayuntamiento, entrevistándose con el alcalde interino, señor Chaos, la misma Comisión que lo hizo con el secretario del gobernador.
El señor Chaos, comprendiendo el fundamento de la protesta, doblemente dolorosa por cuanto los niños se habían quedado sin recibir alimento, llamó inmediatamente a su despacho a los componentes de la Junta del Asilo, acudiendo los que más rápidamente pudieron ser hallados. En una brevísima reunión se acordó facilitar a cada niño una peseta para que sus padres pudieran darles algo de cenar.
Se hizo la distribución de la cantidad en metálico –unos 65 pesetas- exclusivamente a los niños, pues aunque los mayores también se habían quedado sin cenar, generosamente hicieron renuncia a este subsidio, estimando el gesto del alcalde a favor de las criaturas.
Los manifestantes se retiraron tan correctamente como habían acudido al Ayuntamiento, dirigiéndose al Asilo, donde buena parte de aquellos desheredados de la fortuna se albergan.
El señor Chaos rogó al miembro de la Junta y vocal de semana en el Asilo, don Mauricio Echániz, que vigilara la condimentación y género empleados en las comidas, para evitar que tan tristes y lamentables espectáculos se repitan.

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